Anticiparse al futuro

Anticiparse al futuro

Hay que educar y empoderar a comunidades para que dominen las tecnologías con fines productivos.

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Los avances revolucionarios están redefiniendo industrias y creando otras.

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EFE

27 de noviembre 2016 , 03:30 a.m.

El surgimiento de nuevas tecnologías es tan veloz que ya nos cuesta manejar su impacto en la sociedad. Los cambios tecnológicos afectan todos los aspectos de la vida y pueden resultarnos abrumadores si no trabajamos juntos para comprenderlos y controlarlos.

Avances revolucionarios en inteligencia artificial, robótica, internet de las cosas, impresión 3D y nanotecnología, entre otros, están redefiniendo industrias enteras y creando desde cero otras nuevas. En el Foro Económico Mundial, a esta ola de innovación la bautizamos Cuarta Revolución Industrial, porque implica un cambio fundamental del modo en que vivimos y nos relacionamos.

Nuevas tecnologías como la máquina de vapor y la mecanización de la producción dieron inicio a la Primera Revolución Industrial, acompañada por transformaciones sociopolíticas como la urbanización, la educación universal y la agricultura de gran escala. Con la electrificación y la producción en masa, la Segunda Revolución Industrial introdujo nuevos modelos sociales y modos de trabajar. Y con la llegada de la tecnología digital y las telecomunicaciones instantáneas, la Tercera Revolución Industrial conectó el planeta y comprimió el tiempo y el espacio.

La Cuarta Revolución Industrial traerá transformaciones no menos importantes. Lo que más definirá nuestras vidas en el futuro serán los cambios en los sistemas sociales y económicos. En esta etapa no hay un consenso en relación con temas tan básicos como la propiedad de los datos personales, la seguridad de las infraestructuras y los derechos y responsabilidades de las nuevas empresas disruptivas. Se necesita un marco conceptual que ayude a empresas, Gobiernos y personas a anticiparse a los cambios radicales que se avecinan en los modelos de negocios y en cuestiones éticas y sociales.

Para garantizar nuestra prosperidad futura, debemos preguntarnos si realmente las nuevas tecnologías se diseñan con el objetivo de satisfacer necesidades sociales; debemos pensar no solo en el avance tecnológico y la productividad económica, sino también en el efecto de esas fuerzas sobre las personas y el ambiente.

Cuatro principios deben guiarnos en esta labor. En primer lugar, debemos pensar en sistemas, no en tecnologías aisladas; así podremos determinar y predecir los posibles cambios en las empresas, la sociedad y la economía.

En segundo lugar, debemos oponernos a la visión fatalista según la cual el progreso está predeterminado. Hay que educar y empoderar a comunidades e individuos para que dominen las tecnologías con fines productivos, en vez de ser dominados por ellas al servicio de fines ajenos.

En tercer lugar, debemos diseñar tecnologías y sistemas nuevos con visión de futuro, en vez de aceptar sin más los cambios según aparezcan. La integración de las tecnologías transformadoras en los sistemas sociales y económicos demandará una estrecha colaboración entre el Gobierno, la industria y la sociedad civil.

Por último, las consideraciones sociales y éticas no son una molestia que sea preciso superar o anular; nuestros valores compartidos deben ser el elemento central de todas las tecnologías nuevas. Si estas se usan en modos que agravan la pobreza, la discriminación o el deterioro medioambiental, entonces no están a la altura del futuro que queremos construir. La Cuarta Revolución Industrial traerá consigo cambios sistémicos que nos obligan a pensar nuevos modos de trabajar juntos, tanto en la esfera pública como en la privada.

La comunidad empresarial, por su parte, debe crear un entorno en el que las tecnologías se desarrollen y apliquen de modo seguro, y sin perder de vista las consideraciones sociales. Los Gobiernos deben participar activamente en la introducción de las innovaciones en la sociedad. Y todos nosotros debemos estar informados para comprender las cuestiones que surjan de la compleja interacción entre la tecnología y la sociedad, y responder a ellas.

El ritmo de los cambios se acelerará, por lo que es preciso mantener la transparencia en beneficio de todas las partes para que puedan sopesar los riesgos y las ganancias de cada nuevo avance.

El buen liderazgo demanda un cambio radical en nuestra visión del involucramiento colaborativo de cara al futuro. Si queremos evitar las distopías que la tecnología puede producir muy fácilmente, debemos imaginar juntos el futuro que queremos crear.

KLAUS SCHWAB
Fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial.
© Project Syndicate
San Francisco (Estados Unidos).

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