Las políticas de Trump favorecen la integración de América Latina

Las políticas de Trump favorecen la integración de América Latina

Se eliminaron tres grandes obstáculos para lograrla. Discurso de Trump plantea un nuevo escenario.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos

Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

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Mike Segar / Reuters

02 de diciembre 2017 , 10:41 p.m.

¿De qué modo debería responder América Latina al enfoque de ‘Estados Unidos primero’ que el presidente Donald Trump propugna para la economía global? He aquí una posible respuesta: estableciendo una zona de libre comercio de las Américas sin EE. UU.

La idea no tiene nada de nueva. Los padres de la patria de varias repúblicas latinoamericanas hablaron de ella hace doscientos años.

En los años 60 se discutió mucho sobre la integración de América Latina. Se realizaron cumbres y se suscribieron acuerdos, pero después no fue mucho lo que se avanzó en materia de libre comercio. Para la mayor parte de los países de la región, Europa o EE. UU. continuaron siendo socios comerciales de mayor envergadura que sus vecinos.

A principios de la década de 1990, el presidente de Estados Unidos George H. W. Bush propuso una zona de libre comercio que cubriría desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Estados Unidos celebró acuerdos con Canadá, México, Chile, Colombia, Perú y Centroamérica, pero el amplio y ambicioso acuerdo norte-sur nunca se materializó.

La buena noticia es que han desaparecido la mayor parte de los factores que bloqueaban el libre comercio regional. Por lo tanto, hoy es un buen momento para retomar la idea que tuvo Simón Bolívar hace doscientos años.

Una de las razones por las que fracasó un acuerdo comercial que abarcara toda la región fue que Brasil, por orgullo, se abstuvo de asistir a una fiesta cuyo anfitrión era Estados Unidos. Si Trump ahora se ciñe a sus promesas proteccionistas, ya no será necesario preocuparse de la rivalidad entre EE. UU. y Brasil.

Además, en el pasado, los subsidios a la agricultura existentes en Estados Unidos constituyeron un escollo para los grandes exportadores agrícolas, como Argentina y, otra vez, Brasil. Pero si EE. UU. desaparece de la mesa, este asunto también dejaría de existir.

En la década del 90 surgieron gobiernos populistas de izquierda en un buen número de países latinoamericanos. Para dichos gobiernos, un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos resultaba inconcebible. Pero hoy ese populismo se encuentra en retirada (toquemos madera).

Si han desaparecido los tres obstáculos principales, ¿qué impide la creación de un acuerdo de libre comercio de las Américas?

Si han desaparecido los tres obstáculos principales, ¿qué impide la creación de un acuerdo de libre comercio de las Américas? Nada, excepto inercia política y falta de un liderazgo claro. Sin embargo, no escasean los líderes regionales que podrían llevar la antorcha.

Aparte de desconfiar de Estados Unidos, los presidentes brasileños del pasado también temían a su propio ‘establishment’ empresarial, siempre dispuesto a levantar barreras. Este sentimiento proteccionista, siempre poderoso en el sector industrial de São Paulo, no ha dejado de existir. Sin embargo, ahora que Brasil trata de salir de la recesión, sus empresarios andan en busca de nuevos clientes. Y con China en desaceleración, Europa tratando de levantar cabeza y Estados Unidos encerrándose, los mercados regionales adquieren un nuevo atractivo.

Algo similar pasa en México. No se necesita a un Sherlock Holmes para descubrir que su verdadero interés siempre ha residido en el mercado estadounidense, destino de más del 80 % de sus exportaciones. Pero ahora que Trump se ha referido a los inmigrantes mexicanos como ‘violadores’, la ‘intimidad’ comercial con EE. UU. está perdiendo atractivo. De modo que no sorprende que políticos y empresarios mexicanos estén dirigiendo su mirada al sur con entusiasmo.

Argentina también tiene sus razones para respaldar el libre comercio regional. La inclinación natural del gobierno de Mauricio Macri es hacia el liberalismo económico. Argentina se encuentra atrapada por la camisa de fuerza del arancel externo común del Mercosur, pero la manera menos traumática de lograr una mayor apertura, sin tener que romper ese acuerdo, sería que el Mercosur se uniera a una zona de libre comercio más amplia. Eso sería de provecho para Argentina.

Con Brasil, México y Argentina moviéndose en la misma dirección, la cuestión del liderazgo se resolvería automáticamente. Chile, que siempre ha querido integrar las economías más liberales del Pacífico con los regímenes más proteccionistas del Atlántico, tendría amplias razones para impulsar el proceso. Y Canadá, bajo el primer ministro, Justin Trudeau, sería un miembro muy bienvenido.

Un acuerdo de libre comercio a nivel hemisférico no tiene que partir de cero. La Alianza del Pacífico, que une a México, Colombia, Chile y Perú, constituye un punto de partida útil. Este acuerdo se enfoca en el comercio de bienes y servicios, la facilitación del comercio, reglas de origen y la solución de controversias.

De modo que sí es posible que al fin haya llegado la era del libre comercio a través de gran parte de las Américas. Y tal vez haya que darle gracias al ‘bullying’ nacionalista y proteccionista de Donald Trump.

ANDRÉS VELASCO
Exministro de Economía de Chile y profesor en la Universidad de Columbia.

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