El 70 % de alimentos en Colombia vienen de pequeños productores: FAO

El 70 % de alimentos en Colombia vienen de pequeños productores: FAO

El organismo destacó la necesidad de que la ciudad sea solidaria con el campo a la hora de comprar.

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Rafael Zavala Gómez del Campo nació en México y es el representante de la FAO en Colombia.

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Abel Cárdenas / EL TIEMPO

13 de octubre 2016 , 12:30 a.m.

En Colombia, el 70 por ciento de los alimentos que se consumen son fruto del trabajo de los pequeños productores.

Rafael Zavala Gómez del Campo, representante en Colombia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura –conocida mundialmente como FAO– conversó con EL TIEMPO. A tres días de que se celebre el Día Mundial de la Alimentación, Zavala destacó la urgencia de que los campesinos se articulen mejor al mercado, a través de las asociaciones.

(Además: Casos exitosos de trabajo en equipo en el campo)

¿Por qué se cuenta a Colombia entre los países que podrían alimentar al mundo?

Hubo un estudio que detectó que siete países en el mundo estaban aprovechando menos de la mitad de su capacidad agrícola: Bolivia, Brasil, Argentina, Colombia, Sudán, Angola y el Congo. En algunos de esos siete, catalogados como de alto potencial, se dieron procesos de compra de tierra por parte de inversionistas extranjeros; en Colombia no, debido al conflicto armado y la alta informalidad, lo que marcó la diferencia pues blindó las tierras.¿Qué se debe mejorar?

Por ejemplo, hay mucha tierra dirigida al ganado, pero la ganadería es pésima generadora de empleos y no es buena para la conservación de recursos. Conviene un no a la ganadería extensiva; es necesario transformarla en sistemas que promuevan la producción de especies que generen más empleos, dependiendo de la región. No hay razón para aferrarse a dos o tres.

(Le puede interesar: Producción local de alimentos tiene cada vez más aliados)¿Qué pasa ahí con los campesinos?

El 70 por ciento de lo que consumimos lo generan los pequeños productores, pero solamente el 5 por ciento de la agricultura familiar es producida por organizaciones o asociaciones. Esto nos dice que gran parte de los campesinos le venden a los intermediarios. No hay que satanizar esa figura, alguien debe hacer ese trabajo, pero lo ideal sería que ese 5 por ciento en dos años sea un 50 por ciento. Es decir que la mitad de la agricultura familiar esté insertada en redes y que la política pública esté orientada a créditos, extensionismo, innovación y asistencia técnica, y no en individuos sino en organizaciones, no en reparto de cositas sino en los bienes públicos.¿A qué se refiere con esto?

Que debe haber una disminución del típico subsidio compensatorio individual, pues eso es algo muy latinoamericano. En lugar de eso debemos aumentar los bienes públicos territoriales. En vez de decirle al productor ‘toma tu cuota individual’, hay que canalizar los recursos y pensar: si acá tenemos este monto, en vez de darle poquito a muchos compremos esta maquinaria para un cultivo de café, por ejemplo. Hay que generar alianzas.¿Cómo articular al pequeño productor con el consumidor final?

Uno de los retos es informar al ciudadano. La mayoría de gente en Bogotá no sabe que el 30 por ciento de los alimentos que consume son importados. Ellos podrían ser más solidarios, porque mediante el consumo de alimentos locales ayudan con el empleo, la disminución de la posibilidad de migración y con el esquema de conservación de recursos naturales. (Además: Los lecheros que le apostaron a trabajar juntos)¿Desde los centros urbanos deberíamos replantearnos la mirada al campo?

Hay que cambiar la visión de territorios. Lo primero que les debe quedar claro a los colombianos es que aquí caben todos, tanto los pequeños productores como las grandes empresas. El gran reto es generar la inclusión de las personas excluidas, que en Colombia vendría siendo la gente de poblaciones rurales con tierra propia, pero con acceso limitado a bienes y servicios.

¿Cuál sería la estrategia?

La llave de la inclusión debe ser la asociación de pequeños productores, que por sí solos no pueden acceder a los mercados. Ellos compran caro los insumos y venden barato sus productos. Entonces están en el peor de los mundos.¿Cómo serían esas asociaciones?

No me refiero a la idea de un colectivismo, sino a un trabajo asociativo con reglas claras de normas de calidad y ritmos de trabajo.

¿El reto del campo solo es agrícola?

Colombia tiene potencial para jugar en tres canchas. Producir alimentos por un lado, pero por otro está lo relacionado con los servicios de turismo rural. Esto implicaría mejorar vías de acceso, infraestructura y formación del capital humano rural. El último es el de la generación de unos nuevos servicios ambientales que den origen a esquemas de conservación de recursos; la idea es que no solo haya riqueza en la diversidad de recursos, sino también entre la población.

¿Colombia tiene una política clara en cuanto a semillas?

No la hay y la debe haber. Antes de decir vamos a sustituir importaciones se debe promover la producción local e incluso la exportación.

¿Este tema es preocupante?

Bienvenida la ciencia, pero si eso me ata a una compañía a la que voy a tener que estarle comprando las semillas en las siguientes generaciones, pues no; ahí debe haber un esquema.

El próximo 16 de octubre es el Día Mundial de la Alimentación. ¿Por qué se creó esta fecha?

Ese día fue el lanzamiento de la FAO hace 71 años. El lema de 2016 es ‘el clima está cambiando, la alimentación y la agricultura también’.

¿El país está preparado para este cambio?

Lo de la adecuación al cambio climático es uno de los grandes retos. De ahí la importancia de las tecnologías y de semillas tolerantes a la sequía, sin caer en esquemas oligopsonios como los de las grandes semilleras.

Funciones del organismo

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, está en Colombia desde 1977. Entre sus labores están las de fortalecer al Estado colombiano en las políticas públicas dirigidas a la lucha contra el hambre y la desnutrición para promover la seguridad alimentaria y reducir la pobreza. También buscan promover empleos y proponer alternativas de medios de vida dignos para producir mejores alimentos, así como reducir la brecha entre el productor y el consumidor.

EL TIEMPO

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