Pérdidas y desperdicio de alimentos son un millonario negocio

Pérdidas y desperdicio de alimentos son un millonario negocio

Alimentos que se desechan en Colombia darían de comer a casi 4 millones de personas.

Desperdicio de alimentos

La problemática de desperdicio y pérdidas de alimentos es un fenómeno de alcance global.

Foto:

Milton Díaz / Archivo EL TIEMPO

27 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

Los alimentos que se pierden o desperdician, desde los cultivos hasta los hogares, permitirían alimentar a casi cuatro millones de personas en Colombia. Sin embargo, las pérdidas y desperdicios son buen negocio para ciertos actores de la cadena, según un estudio de la Universidad Externado de Colombia.

De acuerdo con el Observatorio Hambre Cero, de la Facultad de Economía del Externado, el 71,6 por ciento de los colombianos que padecen hambre (3’940.286 personas, de un total que a hoy alcanzan los 5,5 millones) podrían ser alimentados si se recuperaran las pérdidas de alimentos en las áreas cosechadas.

Óscar Alfonso, quien lidera el observatorio, señala que en Colombia preocupa que hay personas dentro de la cadena que se benefician y lucran con esa Pérdida y Desperdicio de Alimentos (PDA), no solo por el desabastecimiento físico o por el acaparamiento, sino también con el desperdicio.

Según Alfonso, este aspecto en particular no ha sido comúnmente abordado por los economistas ni por ninguna otra disciplina, siendo un tema que considera muy relevante para cualquier sociedad, y en especial para aquellas en donde la gente padece de hambre y muchas llegan a morir por causa de la inanición.

Guiados por la búsqueda de su ganancia, están más dispuestos a callar que a apoyar alguna campaña de consumo responsable

Pérdidas que son ganancia

“El desperdicio de alimentos en la esfera del consumo lo realizan los hogares que viven con la nevera y la despensa a reventar y constatan con el paso del tiempo que la inocuidad de los alimentos se ha perdido. También ocurre en los restaurantes que ofrecen porciones desmedidas. Estas conductas son muy convenientes para los proveedores o distribuidores de alimentos que, guiados por la búsqueda de su ganancia, están más dispuestos a callar que a apoyar alguna campaña de consumo responsable”, explica el profesor del Externado.

Mientras que por el lado de la producción, agrega, el poder de negociación de mercado es crucial para entender cómo, por ejemplo, los grandes productores gozan de ventajas frente a los pequeños en las negociaciones con las firmas que transforman los insumos agrícolas y que exigen ciertas presentaciones y grados de humedad, entre otras condiciones.

“La pérdida de producción de los que no tienen poder de negociación son ganancias adicionales para los que sí la poseen, y esto no tiene que ver meramente con la eficiencia en la producción”, señaló Alfonso.

En busca de soluciones

En cuanto a las acciones que se están adelantando para combatir estas prácticas, el líder de la investigación afirmó que son muy pocas frente a la magnitud del problema.

Dice que se imponen a menudo juicios éticos, pero no el empleo de instrumentos más eficaces que las campañas de concientización como podría ser la regulación económica de los mercados de alimentos.

Y cita ejemplos como el de Francia, donde se optó recientemente por la vía de la penalización y el de Argentina, que avanza en la vía de la información y la educación.

“Con una buena regulación es posible mejorar el desempeño de los mercados para promover mejoras en eficiencia y, adicionalmente, tales mejoras producen efectos sociales positivos que, en el caso de la pérdida y desperdicio de alimentos, redundan en la reducción notable de la inanición cuando se logra resolver el problema de la distribución eficaz y continua del alimento rescatado, área en la que operan los bancos de alimentos que son una excelente alternativa, mas no la única”, resaltó Alfonso.

Al revisar el análisis del problema en otras partes del mundo, causó sorpresa que la totalidad de investigaciones “abordaban el estudio desde el eslabón de la poscosecha, obviando así las pérdidas de las áreas sembradas con alimentos que obedecen a las anomalías del clima, las oscilaciones de los precios asociadas al poder de mercado y a la intervención de los intermediarios, y a la proliferación de plagas, especialmente”.

Eso los motivó a indagar por el potencial calórico perdido de ese 11 por ciento de las áreas sembradas con alimentos prioritarios que no se cosechan y concluyeron que con el abatimiento de las pérdidas en poscosecha y el desperdicio en el consumo y la transformación a fondo de los canales de distribución se podría tener a una de las poblaciones mejor alimentadas del planeta.

“Esfuerzos mayores en las cadenas de distribución y almacenaje, como también en la del consumo final, permitirían a nuestro país superar el hambre y colocarse en la ruta para solidarizarse con otros pueblos”, dijo Alfonso.

El derroche es a escala global

La problemática de desperdicio y pérdidas de alimentos, analizada en Colombia por los expertos de la Universidad Externado, es un fenómeno de alcance global.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), al año se llegan a desperdiciar 1.300 millones de toneladas de comida en el mundo.

Este derroche, de acuerdo con esa entidad, genera pérdidas económicas cercanas a los 750.000 millones de dólares.

Según Óscar Alfonso, del Observatorio Hambre Cero de la Universidad Externado de Colombia, los principales hallazgos de la investigación sobre la pérdida y desperdicio de los alimentos apuntan a la constatación de que hace siete años la importancia que se le venía otorgando a este fenómeno era nula.

Los investigadores del Externado expresaron su sorpresa porque solo hasta hace pocos años la comunidad internacional se haya 'pellizcado' sobre este tema ya que, sostienen, su solución tendría impactos nunca vistos en la reducción del hambre y la malnutrición en el mundo.

ECONOMÍA Y NEGOCIOS

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