Hace 10 años, el estallido que llevó a la Gran Recesión en EE. UU.

Hace 10 años, el estallido que llevó a la Gran Recesión en EE. UU.

Cómo Colombia enfrentó la recesión mundial del 2009, gestada con la crisis hipotecaria del 2007.

Hace 10 años, el estallido que llevó a la Gran Depresión

Protesta frente a la Bolsa de Nueva York, el 25 de septiembre del 2008, en contra de las propuestas sobre rescate de entidades financieras.

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Nicholas Roberts / AFP

08 de agosto 2017 , 09:50 p.m.

Hace diez años, en agosto del 2007, un escalofrío recorrió al mundo: en la mayor economía de Estados Unidos estalló la crisis hipotecaria. La onda de choque no se hizo esperar. Dos años después, el mundo entero vivió la recesión. En Colombia, por ejemplo, durante dos de los trimestres del 2008, la producción se contrajo frente al trimestre inmediatamente anterior, y el año siguiente solo se creció 1,7 por ciento, el registro más bajo desde la crisis del cambio de siglo.

Y, para Colombia, el cubo de hielo que bajó por la espalda del planeta tuvo un significado especial: el fenómeno que desató lo que luego en Estados Unidos llamaron la Gran Recesión se originó en la crisis subprime, una cadena de eventos que parecía calcada de la crisis de la upac experimentada por el país ocho años antes . Por supuesto, en países como Colombia se viven mirando las experiencias de las potencias para no replicarlas, pero que ocurriera al revés, que en Estados Unidos supieran que pasó lo de la upac para no repetirlo, no era probable.

El desplome subprime derrumbó a las familias estadounidenses que no pudieron pagar sus viviendas, y las perdieron; a los bancos que les habían prestado a las familias, y luego a bancos más grandes que habían comprado sofisticados papeles emitidos con el respaldo de la titularización de las deudas hipotecarias de las familias. El fenómeno se vivió de manera similar en Islandia, Irlanda o España. Y, cuando gobiernos entraron a salvar a las bancas de sus países, la crisis, que arrancó en los bolsillos de los hogares, ya amenazaba la estabilidad de grandes Estados.

El fenómeno se inició cuando se ofrecieron préstamos para comprar vivienda asequibles a clientes sin suficientes ingresos. Clientes de segunda categoría. En inglés, subprime.

Luego de los hogares, también entidades financieras históricas se vieron en líos, como Lehman Brothers o Bear Stearns. Lehman tenía invertidos 46.000 millones de dólares en los bonos subprimes.

Para diciembre del 2007, ya Estados Unidos había entrado en recesión, de acuerdo con la cronología llevada por la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER). Y el mundo entero vio cómo caía 0,1 por ciento el producto interno bruto global en el 2009. Ese mismo año, Colombia vio su crecimiento reducido a 1,7 por ciento, luego del 6,9 por ciento de dos años atrás.

Según la exministra María Mercedes Cuéllar, quien por entonces presidía la Asociación Bancaria, la economía colombiana estaba muy bien cuando estalló la crisis del 2008: bajo endeudamiento y déficit fiscal, y, además, la banca estaba capitalizada.

Así mismo, recuerda Cuéllar, el entonces ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga, logró una línea de crédito contingente con el FMI “que significó un seguro contra el riesgo de una corrida de capitales”. Así mismo, internamente se estableció un subsidio a la tasa de interés de vivienda para clase media a fin de evitar una caída en la demanda.

En Estados Unidos, la recesión duraría 18 meses, hasta junio del 2009, según la NBER, y ese país sufriría uno de los peores desempleos de su historia, cuando la tasa llegó al 10 por ciento en octubre del 2009, ya con Barack Obama como presidente.
En Colombia, mientras la producción desaceleró, el desempleo fue en 2009 de 12 por ciento, el mayor desde el 2004.

Para el país, un importante colchón que ayudó a soportar el choque mundial es que el nerviosismo en los mercados llevó a muchos especuladores a buscar refugio en oro y petróleo. Así, el crudo no solo se mantuvo caro sino que en junio del 2008 estuvo cerca de tocar los 150 dólares por barril. Sin embargo, en los siguientes seis meses se descolgó hasta 36 dólares.

El golpe cogió mal parados a los fondos

En el 2007, yo trabajaba en Bear Stearns, banco de inversión global y broker de valores, y la crisis del llamado subprime tomó mal parados a los fondos de cobertura de la firma por el mal manejo que se había hecho con su apalancamiento.

Eso ocasionó un fuerte golpe a la compañía, y, de inmediato, las operaciones con otras entidades se volvieron más caras. Eso generó un problema de sostenibilidad para la compañía, aunque mi actividad no se vio muy afectada, pues yo estaba en la mesa de mercados de emergentes. En ese entonces, yo trabajaba en el piso 9 de la firma en Nueva York. De todas maneras no imaginábamos todo lo que pasaría unos pocos meses después con la quiebra.

El viernes 7 de marzo del 2008, el día que se anunció la compra de Bear Stearns por JP Morgan, yo tenía programada una entrevista televisiva con CNN, pero la compañía me pidió que me abstuviera, pues iban a hacer un anuncio importante, que fue precisamente el de la venta a JP Morgan.

Como antecedente de eso, dos noches antes, luego de una comida con clientes, me devolví a las 11 de la noche por unos documentos a la oficina y vi que a esa hora entraban decenas de personas con maletines para examinar el estado financiero y legal de Bear Stearns.

Después del viernes, cuando se protocolizó la venta, yo seguí trabajando tres meses más, en este caso para JP Morgan, pero mi futuro ya no estaba con ellos, pues esa firma tenía un ejército de personas que hacían lo mismo que yo.

ALBERTO BERNAL*
Estratega en jefe de mercados emergentes de XP Securities LLC de EE. UU.

Como la crisis de la upac

Tomado del libro ‘América Latina, ¿Amenaza? ¿Oportunidad?’ de Mauricio Galindo, Random House-Mondadori, 2013.

En Estados Unidos se inventaron las hipotecas subprime, para clientes de ‘segunda clase’, que antes no tenían acceso al crédito, pues surgió la innovación de titularizar esas hipotecas, lo que se convertía en un respaldo adicional para poderles prestar a quienes antes eran los clientes ‘malditos’.

En Colombia, para llegar a personas que en otras condiciones no podrían conseguir un crédito, los bancos hipotecarios aplicaron sistemas de pago en los que se comenzaba con cuotas muy pequeñas que luego iban creciendo, tal vez con la ilusión de que a ese mismo ritmo iban a crecer, con el tiempo, los ingresos de las personas.
Pero, como era Colombia y no Disneylandia, a la gente de carne y hueso el sueldo se le va ajustando con la inflación. No más allá. Más un par de ascensos que logren en el trabajo durante toda su vida ‘útil’.

De esta manera, durante los largos primeros años del crédito, cuando la cuota es baja, solo pagaban los intereses, y el saldo de la deuda crecía. Luego, con el aumento del valor de las cuotas, tenían que pagar cada vez más una parte mayor de su ingreso.
Venía entonces el riesgo
, que terminó cumpliéndose para más de cien mil familias, de que en la carrera entre los aumentos de sueldo y el peso de la cuota dentro de los ingresos familiares, este último volviera polvo al primero.

Contratos de los préstamos con tasas de interés variables: En Estados Unidos, el auge de las hipotecas subprime comenzó gracias a que las tasas de la FED estaban muy bajas y eran la referencia para los contratos de los préstamos.

Cuando el banco central tuvo que subir sus intereses, subieron también las tasas de los contratos en los que ya se habían embarcado las familias. Pese a ser compromisos a tan largo plazo, no había certeza de las condiciones en el futuro.
En Colombia, durante los 90, en el gobierno de César Gaviria, la upac
, la ‘moneda’ en que se expresaban las cuentas de los préstamos, ya no se ajustaba con la inflación sino que subía con las tasas de interés de corto plazo, lo que condenaría al infierno a las familias colombianas, cuando vieron que el valor de sus cuotas de los préstamos de vivienda se dispararon mucho más de lo que los prestamistas se imaginaban.

ECONOMÍA Y NEGOCIOS

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