Si el crecimiento no es inclusivo, puede convertirse en frustración

Si el crecimiento no es inclusivo, puede convertirse en frustración

La advertencia la hace Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, frente a perspectivas de mejora.

Países en desarrollo

El Banco Mundial anticipa que la automatización acabará con dos terceras partes del empleo en los países en desarrollo.

Foto:

Mauricio Moreno - Archivo / EL TIEMPO

23 de abril 2017 , 10:20 p.m.

Los organismos financieros internacionales vuelven a ver brotes verdes. Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, afirma en este sentido que las nuevas perspectivas animan. Pero también lanza una seria advertencia. “Es vital que el crecimiento sea inclusivo”, defiende, si no, advierte que las aspiraciones entre los más pobres se tornarán en frustración y alimentarán los conflictos.

“Hay varias crisis solapándose”, señala el alto funcionario, citando las guerras, el impacto del cambio climático, la mayor avalancha de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial y la peor hambruna en 70 años.

A estas crisis se suman los cambios por el avance tecnológico. Dos terceras partes de los empleos en los países más pobres, augura, se perderán por la automatización de la producción.

Ese capital debe movilizarse para llegar a los pobres y ofrecerles las oportunidades que esperan

Kim no anticipa fechas, pero recuerda que hace tres años era imposible pensar que la revolución de la impresión en 3D llegaría al textil, una industria tan dependiente de la mano de obra humana. Al mismo tiempo, internet, los teléfonos móviles y las redes sociales, explica, “causan un incremento de las aspiraciones. Si se ofrecen oportunidades, se logrará un gran dinamismo”.

Es lo que sucedió, por ejemplo, en Corea del Sur en los años 1980. “Pero si esas aspiraciones se tornan en frustración, nos preocupa mucho que la situación en cada vez más países se haga aún más frágil y entren en la senda del conflicto, la violencia, el extremismo y eventualmente alimenten la migración”, alerta; “esto no es algo teórico, está pasando ya delante de nosotros”.

Esta combinación de crisis y aspiraciones, explica, obliga a cambiar la manera de trabajar del sistema de financiación del desarrollo y a conseguir una mayor implicación del sector privado en la arquitectura multilateral. “Hay billones de dólares aparcados esperando a ser invertidos”, apunta; “ese capital debe movilizarse para llegar a los pobres y ofrecerles las oportunidades que esperan”.

El presidente del Banco Mundial habló también de crear una plataforma para financiar de una manera segura proyectos en el ámbito de la promoción de las energías renovables. “La ciencia del clima”, insiste, “no cambia por unas elecciones”. “No tenemos interés por destruir una industria en particular, pero el impacto del cambio climático es alarmante, y debemos adaptarnos”, concluyó.

SANDRO POZZI
Ediciones EL PAÍS, SL 2017

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