Estas son las tasas de usura de más del 50 % que no van a bajar

Estas son las tasas de usura de más del 50 % que no van a bajar

El microcrédito y el crédito de consumo de bajo monto tienen topes muy altos. Así funcionan.

Tasa de usura en Colombia

La tasa para microcrédito es de 55,1 por ciento, y con este tipo de préstamos se financian más de 2 millones de colombianos que adeudan 11,7 billones de pesos para adelantar proyectos productivos.

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Abel Cárdenas / Archivo EL TIEMPO

05 de septiembre 2017 , 10:11 a.m.

Mientras la tasa de usura para créditos de consumo y ordinarios bajó de 32,97 a 32,22 por ciento, y ahora será calculada mensualmente y no cada tres meses, hay otras dos tasas de usura que admiten créditos a más del 50 por ciento anual y seguirán recalculándose solo una vez al año.

Se trata de las tasas de usura para microcrédito y para créditos de bajo monto, las cuales se aplican a préstamos dirigidos a una población amplia y de mayor vulnerabilidad financiera en comparación con la usuaria de las tasas comerciales.

La medida adoptada con la reducción en el cobro de intereses en las tarjetas de crédito beneficiará al comercio, que ha sido golpeado por la desaceleración de la economía, pero en las otras dos tasas aplicadas en el país están involucrados los promotores de pequeños negocios que promueven empleos, aunque sea de a uno o dos puestos de trabajo.

La tasa para microcrédito es de 55,1 por ciento, y con este tipo de préstamos se financian más de 2 millones de colombianos que adeudan 11,7 billones de pesos para adelantar proyectos productivos como siembras, tiendas o pequeños criaderos de animales.

La otra tasa de usura es para el crédito de consumo de bajo monto, y es de 53,21 por ciento. Hoy hay 3.512 deudores de estos créditos y su cartera es de 2.500 millones de pesos, y eso que solo un banco se le ha medido a esta modalidad de préstamo. La diferencia entre estas dos tasas es que una recae sobre el crédito productivo y otra, sobre el de consumo.

Para establecer estas tasas de usura se emite anualmente una resolución que fija el tope máximo para cobrar por las entidades financieras, y su plazo vence el próximo 30 de septiembre. No obstante, no está previsto que se reduzca dicho techo, como se hizo con el tope de usura para las tarjetas de crédito, según confirmó el superintendente financiero, Jorge Castaño.

La tasa para microcrédito es de 55,1 %. Con estos préstamos se financian más de 2 millones de colombianos que adeudan 11,7 billones de pesos para adelantar proyectos productivos


“La fijación de una tasa de usura en más de 50 por ciento es bastante alta, pero es que son personas que no están en el sistema, sino que dependen de la modalidad conocida como el gota a gota, que es mucho más agobiante”, indicó Castaño.

Y agregó que, “realmente, el enemigo de todo este proceso no son los bancos sino la informalidad de los que prestan plata al 5 y al 10 por ciento mensual. El gota a gota termina imponiendo tasas de interés del 250 por ciento efectivo anual”, advirtió el funcionario.

Desde su perspectiva, si se comparan esas cifras con las que aplica el sistema financiero formal, es un panorama más rentable para el deudor, con un componente adicional: que una vez formalizado el ciudadano, empieza a tener historia crediticia y a generar confianza en los financistas, de manera que en poco tiempo lo van migrando hacia el crédito comercial, que es más barato.

Además, aclara el superintendente, “a pesar de que está certificada una usura superior al 55 por ciento para el microcrédito, esa no es la realidad del mercado. Los microempresarios del país están pagando una tasa cercana al 36 por ciento efectivo anual. Esa es la tasa de interés, pues las entidades financieras no están pegadas al techo de la usura permitida”.

“El objetivo del microcrédito y el crédito de bajo monto es incluir más personas en el sistema financiero sin que sea tan costoso como el gota a gota. Y no puede ser de otra manera, pues se trata de empresas informales; por lo tanto, llevan a que los bancos tengan que gastar más plata en el seguimiento, pues muchas no están ubicadas en zonas urbanas, a veces no tienen dirección fija ni ningún tipo de respaldo. En consecuencia, el riesgo para el prestamista es más alto”.

A más riesgo, más tasa

De hecho, Acopi, el gremio que asocia a gran parte de las microempresas, se mostró satisfecho con la modalidad del microcrédito. Más aún porque, según expresó su presidenta, Rosmery Quintero, “es un sistema para las pequeñas empresas, y, en los créditos, a mayor riesgo la tasa es más alta. Para ello existe el Fondo Nacional de Garantías, que es fondeado por el Gobierno, de manera que se minimice el riesgo, pues el fondo respalda el crédito”.

Quintero agrega que las entidades que prestan en la modalidad de microcrédito manejan una estructura de acompañamiento al deudor para promover su inclusión y permanencia en el sistema financiero.

Ese aspecto también fue argumentado por el superfinanciero. “Un señor que está en el campo, que cría gallinas, ni siquiera tiene aportes a la seguridad social, si acaso cédula que lo identifique. Hay que acompañarlos de otra forma, ir a los cultivos, saber qué es lo que pueden sembrar. Al que vende leche le prestan para que tenga un contenedor en acero inoxidable que tenga refrigeración, y, con eso, una empresa grande le compra la leche, de manera que no tiene que seguir sacando su producto cantina por las calles, donde le pagan menos”.

Para Castaño, “comparar la tasa de microcrédito con la de consumo, o con la de vivienda no es adecuado. Son productos no comparables porque estas últimas aplican para usuarios ya formalizados, que tienen ingreso fijo, un historial crediticio, capacidad de mostrar sus ingresos y capacidad de pago”.

Se busca más inclusión

De acuerdo con Jorge Castaño, superintendente financiero, el microcrédito y el crédito de bajo monto se crearon para generar inclusión financiera.

“El que vaya entrando –dice– ya no va a tener microcrédito o crédito de bajo monto sino que pasa a libre inversión”.

Desde esa perspectiva, según Castaño, “si se cambian las reglas se atenta contra la inclusión. Si bajamos la tasa, sacamos a más personas que antes podían entrar al sistema. El microcrédito tiene razón de ser y no representa un problema de desigualdad. El cobro real de interés es del 36 por ciento”.

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