Los salarios empiezan a subir, pero el poder de compra se mantiene

Los salarios empiezan a subir, pero el poder de compra se mantiene

Tras años de estancamiento, trabajadores de países ricos ven alzas en sus nóminas.

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Los salarios repuntarán notablemente hasta el 2020.

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Archivo / EL TIEMPO

23 de julio 2018 , 10:21 p.m.

La flor y nata de la política económica mundial se reunió el mes pasado en Sintra (Portugal). Analistas, banqueros centrales y financieros buscaban respuestas a una pregunta que se plantean desde hace tiempo: ¿por qué los salarios crecen tan poco?

El gobernador del Banco de Australia, Philip Lowe, contó que cuando se reúne con empresarios ansiosos de encontrar trabajadores cualificados, él les hace una simple pregunta: ¿por qué no les ofrecen más dinero? “Ellos me miran con una cara como si yo me hubiera vuelto loco”, dijo.

La anécdota resume una situación bien conocida: en las economías más avanzadas, los salarios reales —es decir, calculados tras descontar los efectos de la inflación— renquean. Y esto ocurre en un momento en el que, tras la crisis que pasará a la historia como la Gran Recesión, Occidente encadena años de fuerte crecimiento, y países como EE. UU. y Alemania registran niveles récord de empleo.

Los salarios repuntarán notablemente hasta 2020 debido a las tensiones del mercado laboral y al fin de las medidas de contención salarial

Un informe reciente del FMI aseguraba que la subida de los salarios nominales en los países ricos seguía siendo “considerablemente inferior” a la anterior a la crisis de 2008. Y, según un estudio de BBVA Research, la tasa anual de variación de los ingresos reales en EE. UU., entre 2010 y 2017, de tan solo del 0,4 por ciento, muy inferior a la de las dos décadas anteriores. Pero todo esto parece estar cambiando. Distintos síntomas apuntan a que los años de moderación en las nóminas llegan tímidamente a su fin.

“Los salarios repuntarán notablemente hasta 2020 debido a las tensiones del mercado laboral y al fin de las medidas de contención salarial”, asegura el BCE en un documento que prevé que la remuneración por asalariado en la eurozona pase del 1,6 por ciento de 2017 al 2,7 por ciento de 2020. En Sintra, el presidente del Eurobanco, Mario Draghi, destacó los recientes acuerdos salariales en Alemania, Francia y España y el fin de las restricciones en el sector público como síntomas de una nueva dinámica beneficiosa para los bolsillos de los empleados.


Pero las buenas noticias acaban aquí. Porque las alzas salariales convivirán con mayores alzas de precios, impulsadas entre otros motivos por el encarecimiento del petróleo, que en dos años se ha más que duplicado. El BCE prevé una inflación estabilizada en la eurozona del 1,7 por ciento. Así que el efecto final para el bolsillo de los ciudadanos será de estancamiento o, en el mejor de los casos, de muy tímida mejoría, reconocen fuentes financieras.

Fiesta arruinada

Carsten Brzeski, economista jefe de ING en Alemania, es uno de los afortunados que asistió al cónclave de Sintra. Cuenta que allí se habló sobre todo de por qué, pese a la brusca caída del desempleo, no suben los salarios lo suficiente.

“Esta es la principal preocupación de los banqueros centrales, porque hace mucho más difícil su decisión de poner fin o no a la política de dinero ultrabarato”, asegura. Brzeski comparte la idea de que la inflación está arruinando la “fiesta” que los asalariados de algunos países empezaban a disfrutar.

“En Alemania, la subida de los carburantes se ha comido más de un tercio de las alzas salariales. Y con la inflación subyacente de la eurozona en el 1 por ciento, el poder adquisitivo mejora muy poco”, explica.

Mi impresión es que aunque la globalización ha tenido un impacto negativo, en conjunto no explica el bajo crecimiento de los salarios

Los académicos llevan años debatiendo sobre los motivos de la atonía salarial. Y, como es habitual en estas discusiones, hay explicaciones para todos los gustos: desde la digitalización y la automatización hasta unas estadísticas que no recogen correctamente a los que desistieron de buscar trabajo en la crisis; desde la jubilación de la generación del baby boom hasta el estancamiento de la productividad.

“Mi impresión es que aunque la globalización ha tenido un impacto negativo, en conjunto no explica el bajo crecimiento de los salarios. Influyen más el cambio tecnológico, la pérdida de poder de los sindicatos o que los nuevos gigantes tecnológicos sean poco intensivos en fuerza de trabajo y mucho en capital”, explica Miguel Cardoso, economista jefe de BBVA Research para España y Portugal.

LUIS DONCEL
Ediciones EL PAÍS

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