PIB de la eurozona creció un 0,6 % en el segundo trimestre

PIB de la eurozona creció un 0,6 % en el segundo trimestre

Gracias al impulso de España y Francia, el conglomerado aleja las incertidumbres económicas.

Eurozona

La retirada de Washington de tratados comerciales en nombre del proteccionismo ha dejado el terreno libre para que la Unión Europea estreche sus lazos con otros socios.

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EFE

01 de agosto 2017 , 07:40 p.m.

La economía de la eurozona da muestras de fortaleza. El año en que los populismos se aprestaban a derribar el vacilante edificio comunitario, tocado por la sacudida del brexit, ha derivado en una demostración de resistencia de la economía europea.

La eurozona creció un 0,6 por ciento en el segundo trimestre, una décima más que en los primeros tres meses del año, y, según datos publicados este martes por Eurostat, avanzó un 2,1 por ciento en términos anuales, su mayor ritmo desde el segundo trimestre del 2011, antes del estallido de la crisis de deuda soberana que disparó las primas de riesgo de los países de la periferia.

El empuje de la eurozona es un hecho. Acumula diecisiete trimestres de crecimiento del Producto Interno Bruto, y en los tres últimos avanzó al menos medio punto porcentual, algo que no lograba desde el inicio de la Gran Recesión.

El dato manufacturero de julio ha vuelto a mostrar que la actividad en las fábricas de los países del euro es sólida.

Y esa riada de cifras ha ido acompañada del fin de los riesgos políticos que amenazaban Holanda y Francia. Wilders y Le Pen no han tocado poder, y la incertidumbre se ha trasladado al Reino Unido de la menguante Theresa May, perdida en el laberinto del brexit.

El empuje de la eurozona es un hecho.  Acumula diecisiete trimestres de crecimiento del Producto Interno Bruto

El país británico creció entre abril y junio la mitad que sus socios del euro.

También hacia el aislacionismo y la inestabilidad política del Gobierno de Donald Trump, con el dólar perdiendo fuelle día tras día respecto al euro.

Ambas potencias vieron reducidas sus estimaciones de crecimiento por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), hace solo una semana, mientras que el organismo reforzó las de los países del euro, aunque sigue viendo riesgos que vuelven vulnerable al continente en la brecha Norte-Sur.

El euro está aún lejos de ser una orquesta, Alemania sigue cómoda en su papel de tenor como gran ganadora de la crisis, gracias a los excedentes de su formidable maquinaria exportadora, que no ha sido acompañada de inversión pública.

“Los cimientos de la zona euro son frágiles. Uno de los desafíos es hacer un ajuste para hacer la eurozona más equilibrada. Ese desequilibrio se percibe perfectamente en el absolutamente exagerado superávit alemán”, afirma Guntram Wolff, del laboratorio de ideas Bruegel.

El acelerón de los diecinueve en el último trimestre ha contado con el impulso de España –que avanzó el 0,9 por ciento– y Francia –el 0,5 por ciento–.

Está por ver si el nuevo tándem Merkel-Macron consigue fortalecer una recuperación todavía lastrada por una inflación que no logra situarse en el objetivo del Banco Central Europeo (BCE), el elevado desempleo y la interminable crisis griega.

Pero incluso en estos dos últimos campos la música ha cambiado en los últimos tiempos: el paro en la zona euro se situó en junio en el 9,1 por ciento, su nivel más bajo desde febrero del 2009 (aunque sigue sin recuperar los niveles precrisis una década después), y Grecia ha evitado un nuevo verano de drama con el pago del nuevo tramo del rescate aprobado por el eurogrupo.

El país heleno volvió a los mercados financieros la semana pasada después de tres años de ausencia.

“La mejora del PIB no ha generado, no ha repercutido en un mayor bienestar en muchos de los países, en medio de un alto desempleo y desigualdades, pero las percepciones han mejorado”, concluye el analista Lorenzo Codogno.

La confianza de los mercados en la economía europea ha pasado por alto el rescate de bancos en países como Italia y España, y se ha traducido en un fuerte avance del euro en los últimos meses.

La llegada del presidente Donald Trump fue recibida con subidas del dólar a la espera de sus recortes de impuestos y un aumento del gasto público.

Ocho meses después, los escándalos internos y las dudas sobre su capacidad para sacar adelante sus promesas electorales han penalizado a la divisa de los Estados Únicos.

Es así que, pese a que la economía norteamericana creció por encima de la europea en los últimos tres meses, el euro se está cotizando ahora en máximos de dos años y medio frente al billete verde, y la moneda única se ha erigido en un refugio frente a las turbulencias políticas al otro lado del Atlántico.

De proseguir esa revalorización, sin embargo, existen riesgos para la competitividad de las empresas exportadoras, que verían el encarecimiento de sus productos.

Los bandazos de Trump se han convertido en una oportunidad económica para la UE.
La retirada de Washington de tratados comerciales en nombre del proteccionismo ha dejado el terreno libre para que la Unión Europea estreche sus lazos con otros socios, y tras la firma del pacto con Canadá, el Acuerdo Integral sobre Economía y Comercio (Ceta), en los últimos meses ha llegado a un acuerdo con Japón y ha intensificado las negociaciones con los países del Mercosur y con México.

ÁLVARO SÁNCHEZ LÓPEZ
Ediciones EL PAÍS, SL 2017.

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