México defiende el libre comercio frente a EE. UU.

México defiende el libre comercio frente a EE. UU.

El país se resiste a recuperar viejas fórmulas proteccionistas, como aranceles o cuotas de mercado.

México

Exportaciones mexicanas pasaron de unos US$ 100 millones por día en 1993 a unos 1.000 millones.

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EFE

11 de julio 2017 , 07:00 p.m.

En estas más de dos décadas, el país norteamericano ha dado un paso de gigante. Pese a las reticencias de una buena parte de la sociedad, los beneficios son indudables. Unos 470 millones de personas comercian libremente desde 1994.

El TLC representa más de la cuarta parte del PIB mundial, y el de los tres países que lo integran ha crecido alrededor del 2,6 % anual desde que el acuerdo entró en vigor. Las exportaciones mexicanas pasaron de unos 100 millones de dólares por día en 1993 a cerca de 1.000 millones.

Además, los flujos de inversión extranjera a México se multiplicaron casi por 10: pasaron de una media anual de 2.000 millones de dólares en el lustro previo a la firma del TLC a 20.000 millones. Más allá de lo estrictamente comercial, el tratado permitió afianzar la institucionalidad en México y dio certeza a los inversionistas con reglas de juego que no existían.

Aportó, en definitiva, estabilidad macroeconómica a la segunda potencia latinoamericana.

México encara ahora un reto que nunca pretendió: renegociar el TLC. Lo hace en un contexto distinto al de los primeros años de los noventa. Entonces, el gobierno de Carlos Salinas se tuvo que esforzar en tratar de explicar el sentido que tenía el tratado.

Aunque hoy exista un gran consenso en torno a los beneficios que ha traído el TLC, en aquel entonces la oposición fue férrea.

México encara ahora un reto que nunca pretendió: renegociar el tratado de libre comercio

Otro de los factores que han cambiado es que el tratado se negoció entre tres actores que tenían el mismo propósito: lograr un acuerdo que los beneficiara a todos. Una perogrullada que ahora uno de ellos amenaza con tirar por la borda. México, como le sucede a Canadá, se ha encontrado con que el tercero de los socios, el primo mayor, ha decidido que este tratado no le sirve. La llegada a la Casa Blanca de un enemigo confeso del libre comercio como Trump ha hecho saltar todas las alarmas.

Carlos Elizondo, profesor del Tecnológico de Monterrey, afirma, como todos los analistas consultados, que el gran reto será mantener las bases del tratado y, a la vez, modernizarlo.

“El desafío es ver cómo un acuerdo que en su momento fue de vanguardia se actualiza a una economía globalizada, del siglo XXI, cuando los socios comerciales de México han desarrollado una serie de intereses que ahora se tienen que compatibilizar con la estrategia de México”, completa Miguel Noyola, jefe de la práctica de Comercio Internacional de Baker & McKenzie.

El resultado del entrevero comercial no solo es clave para el futuro de México, sino también para el sistema del comercio internacional en su conjunto.

A las puertas de la renegociación, prevista para iniciarse a mediados de agosto, y a falta de que la administración Trump dé más detalles sobre qué intenciones tiene con vistas al nuevo documento, hay varios aspectos que desde el país latinoamericano se consideran indispensable para no fracasar.

“Lo que hay que intentar es minimizar los riesgos, más que hacer cosas nuevas. El principal problema es que es una negociación defensiva: no es una iniciativa ni de México ni de Canadá”, apunta Jaime Serra Puche, exsecretario de Comercio y uno de los principales artífices del acuerdo vigente, para quien es prioritario evitar romper con el esquema tripartito de negociación.

“Cambiar la arquitectura del tratado es uno de los riesgos que se corre, igual que querer transitar de un tratado de principios y reglas hacia otro distinto. Se perdería la esencia; en el momento en que eso ocurriera, no sería parejo para los tres jugadores”.

“Se antoja muy difícil que Estados Unidos quiera alterar su relación con sus dos principales exportadores”, añade Carlos Serrano, economista jefe de BBVA Bancomer, el mayor banco de México, quien recuerda que solo México adquiere más productos estadounidenses que tres potencias mundiales como Alemania, el Reino Unido y Japón juntas.

La renegociación llega después de que, a finales de abril, Trump amenazara, con sacar a EE. UU. del TLC. El susto apenas duró unas horas. El inquilino de la Casa Blanca se jactó de que sus pares Justin Trudeau (Canadá) y Enrique Peña Nieto (México) poco menos que le suplicaron que abriera una renegociación en vez de abandonar el tratado, a la cual accedió. No obstante, lo cierto es que Trump recibió también muchas presiones de importantes sectores económicos de su país –que se juegan buena parte de sus ingresos en México y Canadá– y de sus asesores más moderados, que estos días libran una batalla sin cuartel con el ala radical de la Casa Blanca. Entre todos, le hicieron ver que, si tumbaba el TLC, muchos de sus votantes podrían volverse en su contra, sobre todo en los estados sureños.

JAVIER LA FUENTE
Ediciones EL PAÍS, SL 2017.

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