Colombia produce la mitad del café que cosechaba hace 20 años
Por: ALEJANDRO BAENA |
Luis Genaro Muñoz, Presidente de la Federación de Cafeteros.
Foto:Hoy somos los cuartos productores mundiales, pero acechados por países como Perú e India.
¿Cómo se explica que en un mundo que consume cada vez más café el país de Juan Valdez produzca y exporte cada vez menos? Un grupo de expertos del Banco de la República, entre ellos dos miembros de su Junta Directiva, se dio a la tarea de analizar esta contradicción y acaba de publicar sus conclusiones en un informe que ha levantado ampolla, principalmente en la Federación de Cafeteros (Fedecafé).
Basado en cifras de organismos como la propia Federación y la Organización Internacional del Café (OIC), el estudio pinta un panorama de 'mulas flacas' preocupante: de una producción de 16 millones de sacos anuales a principios de los 90, Colombia pasó a 12 millones de sacos en el año 2006/2007. Desde entonces, la caída ha sido progresiva, hasta ubicarnos en los 7,8 millones de sacos del último año, menos de la mitad de lo que cosechamos en los tiempos de bonanza.
Pese a que la demanda y la producción mundial de café han venido en aumento desde 1989 (año en que se rompió el Acuerdo Mundial del Café y se liberalizó su comercio), la participación de Colombia en este mercado ha bajado 7 puntos porcentuales. Esta vía libre ha sido aprovechada por Brasil para afianzarse como el mayor jugador (ha subido 13 puntos) y para que nuevos competidores como Vietnam e Indonesia nos arrebaten el segundo lugar que ocupamos durante años. Hoy somos los cuartos productores mundiales, pero acechados por países como Perú e India, que podrían hacernos retroceder aún más en la clasificación.
Como consecuencia de la caída de la producción, en en el último año entraron al país mas de 900 mil sacos de grano importado -principalmente de Perú, Ecuador y Brasil-, ya que la industria nacional prefiere exportar todo el café procesado, porque afuera lo pagan mejor.
Aún así, las exportaciones también han venido decayendo. Entre 1970 y 1986 las ventas del grano en el exterior representaron más del 50 por ciento del total de las exportaciones en Colombia. Hoy suponen el 5 por ciento. En el mercado internacional se sintió el retroceso: en el 2000, Vietnam nos quitó el rótulo de segundo mayor exportador después de Brasil, y en el año 2009/2010, Indonesia se subió al tercer lugar, aunque volvimos a recuperarlo al año siguiente.
Pero aunque producimos y vendemos menos, las hectáreas sembradas no solo no han disminuido, sino que en el último lustro han aumentado ligeramente, al pasar de 873.000 en el 2006 a 921.000 en el 2011. Sin embargo -según el informe-, este aumento no ha repercutido en más granos fundamentalmente porque en el mismo período la productividad física del cultivo ha caído cerca del 40 por ciento: de una producción de 14,4 sacos por hectárea en 2007, Colombia pasó a menos de 8,5 en 2011.
Distintas lecturas
Pero aunque los números son los que son, la interpretación y las perspectivas de futuro que ofrecen los expertos del Banco de la República difieren mucho del análisis que hace el gremio. Mientras para la Federación, son el fuerte invierno y el envejecimiento de los cultivos las principales razones de la caída de la producción (ver 'El volumen no es todo...'), el informe señala fundamentalmente dos causas que apuntan directamente hacia la Federación: su "excesiva" regulación del mercado y la poca flexibilidad de un negocio que solo permite exportar el llamado café excelso -cosechado y seleccionado a mano-, cuando existen otras calidades y variedades como el robusta, cuyo mercado es promisorio.
Todo ello sumado a factores como el empobrecimiento y envejecimiento de los cultivadores y sus cultivos, el encarecimiento de la mano de obra y la reducción del tamaño de las plantaciones, que ha llevado a una 'microcaficultura' poco rentable. De acuerdo con el estudio, el 77,6 por ciento de las fincas cafetaras tienen menos de cinco hectáreas y destinan, a lo sumo, una cuarta parte de esta tierra a la producción del café.
El senador Jorge Enrique Robledo, estudioso del tema y autor del libro El café en Colombia (1998), coincide en que el sector tiene problemas estructurales, como la lenta renovación de los cafetales o la reducción del tamaño de las fincas, pero asegura que culpar a la Federación de todos los males o pretender que con el libre mercado se le va a dar la vuelta a los indicadores "es hacer un análisis parcializado e interesado".
"La Federación ha creado un sistema de garantía de compra y de sostenimiento de los precios que ha evitado un empobrecimiento aún mayor de los cultivadores; cualquier agricultor del mundo querría algo así para sus productos", asegura.
En cuanto a las comparaciones con otros países, Robledo exige "rigor y prudencia". "Hay que mirar cada caso concreto. Hay estudios que señalan que el éxito vietnamita, por ejemplo, tiene que ver con unos salarios bajísimos y unos subsidios del Estado descomunales -asegura el senador-. Tampoco podemos hacer comparaciones ligeras con Brasil, que no tiene cultivos de ladera como nosotros y, por tanto, ha podido tecnificar fácilmente su industria".
Robledo, sin embargo, sostiene que no hay que cerrarse en banda frente a la idea de diversificar para aumentar los volúmenes de exportación. "Fedecafé dice que sembrar robusta afectaría el precio del café de alta calidad. A mí me cuesta trabajo creer que no se puedan separar ambas cosas -afirma-. Brasil lo ha hecho y, al parecer, con mucho éxito. Hay que dar ese debate".
Una locomotora, pese a la crisis
El sector ocupa a 560.000 familiasA pesar de que Colombia pierde peso en el mercado internacional del café, el negocio sigue siendo el principal dinamizador de la economía rural del país, según reconocen los expertos del Banco de la República. La actividad cafetera genera hoy uno de cada tres empleos rurales, ocupa a 560.000 familias y permite que dos millones de personas vivan directamente de la producción del grano. El sector supera en 3,7 veces el total de empleos aportados por las flores, el banano, el azúcar y la palma juntos.
'El volumen no es todo; también está la calidad', Luis Genaro Muñoz
¿Por qué la caída tan dramática del volumen de producción en Colombia?
Indudablemente, por unas condiciones climáticas nefastas y porque nuestro parque de cultivos está en renovación. Estábamos parqueados en variedades que no eran las apropiadas.
¿Y qué están haciendo para resolver el problema? Porque 'La Niña' seguirá...
Estamos aplicando una estrategia de transformación de cultivos impresionante y vamos a lograr nuestra meta de 120.000 hectáreas nuevas anualmente. Esto nos permitirá contar, en cuatro años, con variedades resistentes. Así podremos responder por volumen y por calidad, con o sin 'Niña'.
¿Tanto como para llegar a los niveles de producción de principios de los 90?
El volumen no lo es todo; también está la calidad. Somos el país que mejor vende su café, con unas primas envidiadas en todo el mundo, y eso lo hemos conseguido porque nuestro grano es apreciado. A pesar de la caída de la producción, el año pasado la cosecha de café se compró por 5 billones de pesos, que en valores constantes es el nivel histórico más alto. Este dinero va directo a dinamizar la economía rural, porque se paga en efectivo y en los pueblos.
¿Vamos entonces hacia un mercado de calidad más que de cantidad?
Sin duda. El negocio está donde haya oportunidades para lograr mejores márgenes de beneficio. La estrategia en Colombia, desde los años 60, ha sido la de diferenciar sus cafés y exportar un producto de excelencia. Los precios que nos ha reportado esa estrategia nos dicen que ha sido la adecuada. Además, en el mercado hoy el segmento que más pesa es el de los cafés especiales y 'gourmet', sabemos que ahí tenemos una gran oportunidad.
¿O sea que la estrategia de diversificar, no está contemplada?
Exportar pasillas (subproductos del café) podría atentar contra la prima que hemos conseguido vendiendo un café de altísima calidad, y eso pondría el peligro el sustento las familias que viven del negocio. El informe habla de grandes posibilidades para la siembra de robustas en la Orinoquía, lo que nos hace pensar que serían cultivos de grandes productores. Pues entonces, que estos grandes productores incursionen en ese mercado por su cuenta y riesgo. Una industria caficultora de 560.000 familias no puede financiar otra de cuatro o cinco productores, que pueden hasta no ser colombianos.
¿Qué piensa de la alternativa de eliminar las regulaciones?
En México, que tiene una economía cafetera más parecida a la nuestra que la de Brasil, se hizo y la consecuencia fue el desastre. Se desplomaron los cultivos, las exportaciones y los ingresos de los cultivadores.
Parece usted, pese a todo, optimista...
Porque hay mercado. En el contexto de una grave crisis económica el mundo sigue tomando más café y exige cada vez mejor calidad. Y esa es nuestra especialidad.
Alejandro Baena
Redacción Domingo
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