Así es Dara Khosrowshahi, el nuevo director ejecutivo de Uber

Así es Dara Khosrowshahi, el nuevo director ejecutivo de Uber

Dada su gran experiencia en el sector financiero y humano se espera un vuelco en la compañía.

Dara Khosrowshah

El financiero Dara Khosrowshah, nuevo director ejecutivo de Uber.

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AFP

29 de agosto 2017 , 09:11 p.m.

La salida a bolsa de Uber se rumora desde hace tres años, pero nunca se hace realidad. La interminable lista de problemas que ha ido encadenando la aplicación (desde enfrentamientos legales con el sector tradicional del taxi hasta escándalos por discriminación sexual) ha frenado su estreno en el mercado.

La elección como nuevo director ejecutivo de Dara Khosrowshahi (Teherán, 1969) puede darle un vuelco a esto, dada su gran experiencia en el sector financiero, donde trabajó en banca de inversión en los 90, pero también por su habilidad para integrar a diferentes culturas e impulsar el trabajo en equipo, uno de los puntos negros de la aplicación.

También se ha tomado en cuenta la capacidad de Khosrowshahi para hacer crecer las firmas en las que trabaja. En los primeros siete años en Expedia, de donde todavía no se ha despedido, del 2005 al 2012, la acción aumentó su valor un 50 por ciento.
Aunque Khosrowshahi ya pidióo formalmente permiso en Expedia para abandonar su cargo y tomar las riendas de Uber, no lo hará hasta que lo apruebe el consejo y nombre un sucesor, presumiblemente Mark Okerstrom, el actual director financiero. En Uber sustituirá a Travis Kalanick, el fundador, apartado de los mandos desde junio.

Asumió la responsabilidad de Expedia, entonces un competidor más en el mundo de los viajes en línea, y lo convirtió en líder del sector con una estrategia de adquisiciones brillante

La historia de Khosrowshahi se remonta a 1978, cuando su familia huyó de la revolución iraní a Canadá. Pasaron de ser los grandes industriales y manufactureros de su país a reinventarse vendiendo electrónica.

En 1991 entró en la Universidad de Brown, precisamente para estudiar ingeniería electrónica. De ahí pasó a los fondos de Wall Street con Allen & Co., hasta que firmó con IAC, uno de los grandes conglomerados de internet, bajo cuyo paraguas se encuentran servicios tan populares como Match.com, Vimeo o Ticketmaster.

Asumió la responsabilidad de Expedia, entonces un competidor más en el mundo de los viajes en línea, y lo convirtió en líder del sector con una estrategia de adquisiciones brillante.

Primero adquirió Orbitz; después, Travelocity y, por último, su jugada maestra: HomeAway. Esta última, centrada en alquiler vacacional, ha servido para que Expedia pueda plantar cara a Airbnb y su nueva ola de viajeros alternativos.

Al ofrecer este tipo de alojamiento, además del vuelo y transporte con automóviles de alquiler, cierra un círculo que Airbnb todavía no ofrece. Llega al viajero de negocios y al de ocio sin tener el desgaste y los costes de Silicon Valley. Expedia está en Seattle y HomeAway, en Austin, dos polos de talento con sueldos no tan inflados.

Su nombre ha ido cobrando más y más protagonismo en el sector tecnológico en los tres últimos años, al ver cómo evolucionaba Expedia. Entre el 2012 y el 2017, el valor de la acción se ha triplicado. Este reconocimiento lo ha convertido en uno de los recién llegados a los consejos de administración. Forma parte del de Fanatics, una web de ropa deportiva, y de The New York Times.

En el sector financiero se lo considera un negociador sin piedad y lleno de paciencia, capaz de estirar un trato hasta llegar a un acuerdo favorable para sus intereses. La compra de HomeAway, por 3.900 millones menos de lo estimado inicialmente, se considera una jugada maestra.

Poco amigo de pronunciarse públicamente, hizo una excepción en los primeros compases de Trump y su política migratoria. Expedia, con un documento firmado por él, fue la primera empresa en formalizar una demanda contra su prohibición de entrada a los ciudadanos de ciertos países de tradición musulmana.

Después le siguieron Microsoft, el propio estado de Washington, Amazon y los gigantes de Silicon Valley. No entraba en sus planes que Trump fuese el inquilino de la Casa Blanca, sino todo lo contrario. Durante la campaña hizo frecuentes y cuantiosas donaciones a favor de Hillary Clinton.

Su vida personal se reparte entre sus cuatro hijos de dos matrimonios. De su primera relación tiene dos hijos adolescentes y de la segunda, dos niños todavía de primaria. Su segunda boda fue en Las Vegas, vestido en el uniforme de techie habitual: vaqueros y zapatillas de deporte. Los fines de semana practica y sigue con pasión las ligas de fútbol, no el americano, sino el de estilo europeo, como dicen por aquí, soccer.

ROSA JIMÉNEZ CANO
Ediciones EL PAÍS, SL 2017.

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