Rafael Nadal se puso su undécima corona de Roland Garros

Rafael Nadal se puso su undécima corona de Roland Garros

El español derrotó en la final 6-4, 6-3, 6-2 a Dominic Thiem. Leyenda en el polvo de ladrillo.

Rafael Nadal

Rafael Nadal se consagró con su undécimo Roland Garros.

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Reuters

11 de junio 2018 , 09:55 a.m.

Es el dueño de lo imposible. Su cuerpo ha sufrido varias lesiones y, si le preguntan, hoy en día le debe doler. El corazón, por algunas derrotas y dos años sin poder brillar, se le arrugó de decepción, se le arrugó por impotencia. Sin embargo, su mentalidad siempre ha sido avasalladora; nunca se dio por vencido.

Este domingo, el tenista español Rafael Nadal, luego de una lucha fuego contra fuego con el austriaco Dominic Thiem (6-4, 6-3, 6-2), ganó su undécimo Roland Garros, inmortalizando su nombre en el polvo de ladrillo parisino y agrandando una leyenda casi imposible de igualar.

Las lesiones, en la muñeca y en la rodilla especialmente, han sido su talón de aquiles a lo largo de su carrera, pero después de que limitaran su cuerpo los últimos años, parecen estar dando tregua al jugador español, que ha aprendido a dosificarse en el calendario de torneos, y en la pista.

Evidentemente que no sufrir lesiones fue fundamental, sobre todo durante la temporada

Al inicio de año, Nadal le dijo a EL TIEMPO que una de las claves por las que el año pasado había vuelvo a resurgir de unas cenizas que parecían catapultarlo al exilio era estar sano. “No creo que sea una sola cosa que haya evolucionado en mi juego en el 2017, sino que fue un conjunto de ellas. Evidentemente que no sufrir lesiones fue fundamental, sobre todo durante la temporada”, aseguró.

Susto al inicio del año

Las alarmas se encendieron para Nadal en el inicio del 2018. Cuando disputaba su partido de cuartos de final en el Abierto de Australia su cuerpo volvió a fallar. Un fuerte dolor en su pierna derecha le quebró sus ilusiones como un vidrio fragmentado en mil pedazos. El dictamen fue claro: tuvo una lesión grado 1 en el psoas ilíaco que lo obligaba a parar por tres semanas.

Su regreso se iba a producir en el Abierto de México, pero desencajado en la rueda de prensa previa al torneo: anunció que no podía competir. Tampoco participó en el Indian Wells ni en el Masters de Miami. Su grito de batalla lo dio días después: “Mi objetivo será recuperarme para estar a punto para la temporada de tierra batida”.

El arte de la paciencia fue importante para Nadal y cumplió. Desde hace un mes que se siente cómodo jugando sobre el polvo de ladrillo. Ganó los torneos de Montecarlo, Barcelona, Roma y ayer en Roland Garros le puso la cereza al pastel.

Nadal es el hombre más grande en la historia de la tierra batida. Él sigue siendo sereno, disfrutando mientras su cuerpo lo deje. “El tenis es una parte importante de mi vida, pero no lo es todo, hay otras cosas que me hacen feliz. Jugaré hasta que mi cuerpo resista y siga feliz” afirmó al coronarse por undécima vez en el Roland Garros.
Y como un deportista íntegro, habló de lo que otros han conseguido por encima de él: “Claro que tengo la ambición (por ganar más títulos y alcanzar los 20 títulos de grand slam del suizo Roger Federer), la pasión, pero no me vuelvo loco con lo que hagan otros, siempre habrá alguien con más dinero, con una casa más grande, más (...) Si miras al de al lado, puedes frustrarte, hay que ser feliz con lo que se tiene”, concluyó el español, que ya es inmortal.


FELIPE VILLAMIZAR M.
Redactor de EL TIEMPO
En twitter: @FelipeVilla4

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