Andy Murray, el relegado que llegó a la cima del tenis mundial

Andy Murray, el relegado que llegó a la cima del tenis mundial

El vigente número uno del mundo es metódico, tímido y, para muchos, el más inteligente del circuito.

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A sus 29 años, el escocés Andy Murray alcanzó el número uno del mundo luego de muchos años de estar a la sombra de Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic.

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Archivo particular y Stefan Wermuth / Reuters

24 de noviembre 2016 , 01:30 a.m.

Cuando el escocés Andy Murray alzó la Copa de Maestros, ese esquivo torneo con el que se aseguró por primera vez en su carrera terminar un año como número uno del mundo, no esbozó la más mínima sonrisa.

Fue, quizás, el día más importante de su carrera y, aún así, no parecía contento. Inexpresivo, tímido en su discurso, solo miraba a su equipo.

Quienes lo conocen dicen que es poco comunicativo, que es tímido y no le gustan los flashes. Incluso, recién llegado al circuito, los otros jugadores lo veían como una persona engreída y reacia. Andy Murray rara vez habla.

El escocés no exterioriza sus emociones pero sabe bien lo que acaba de conseguir: es el primer tenista en 12 años que le arrebata el trono mundial a los tres mejores tenistas de los últimos tiempos y quienes por sus números y triunfos tienen el puesto, también, entre los mejores de la historia: Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic.

Andy Murray, quien debutó como profesional hace 10 años, ha tenido una carrera que cualquier tenista anhelaría. Sin embargo, hasta hace algunos meses, no parecía ser suficiente. Ni para él ni para la prensa de todo el Reino Unido.

‘Un niño prodigio’

Muchos creen que la personalidad ruda y prevenida de Andy tiene que ver, en parte, por haber vivido un hecho traumático en su infancia: cuando tenía 8 años sobrevivió a una de las tragedias más famosas del Reino Unido: la masacre de Dunblane, en la que morirían 16 niños y una profesora.

Para él fue un choque mayor, pues conocía a Thomas Hamilton, la persona que entró a disparar y luego se suicidaría, “es raro pensar que hay un asesino en tu coche, sentado al lado de tu madre. Esta es probablemente una de las razones por las que no quiero volver la vista atrás” cuenta en su biografía 'Hitting Back'.

Su madre Judy Murray, quien era entrenadora de tenis, quiso que él y su hermano Jamie olvidaran este evento y por eso los impulsó a practicar el deporte blanco. Tanto así que los mandó a España, en donde se entrenaron por cinco años.

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Judy Murray con sus dos hijos tenistas que hoy son número uno del mundo en sus modalidades. @JudyMurray

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Esta experiencia cambiaría la vida de Andy, pues allí descubrió que en realidad era bueno jugando tenis. Antes de viajar ni él ni su madre creían que fuera a progresar: "Andy era malísimo cuando empezó. Pensé que era un "sin talento" y creía que Jamie era mucho mejor”.

A propósito, su hermano Jamie también es jugador profesional en la categoría dobles en donde este año, además, terminó como número uno del mundo.

Al regresar a casa comenzaría su carrera como junior, sorprendiendo a rivales, entrenadores y propia prensa, llegando incluso a ganar el premio de la BBC a la Personalidad deportiva Joven del año sin siquiera haber debutado como profesional.

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Judy Murray, madre de Andy, ha tenido un rol fundamental en su formación tenística. Ahora, es su especie de mánager y lo acompaña a todos los partidos. AP

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De a poco, comenzó a sonar el rumor de que había un niño de apellido Murray con un talento fuera de serie.

El peso de la historia y el estigma de ‘loser’

El tenis en Reino Unido no es un deporte cualquiera: tiene prestigio e historia. Por ejemplo, Londres es anfitriona de Wimbledon, el Grand Slam más antiguo, tradicional y, por si fuera poco, el más difícil de ganar, según los propios jugadores.

Sin embargo, los tenistas de esa región no se destacaban ni ganaban torneos grandes. Tanto así que el último había sido Fred Perry, en 1936.

Por eso, desde que el nombre de Andy Murray comenzó a sonar, por allá en 2006, la prensa y el pueblo británico volcó sus miradas y esperanzas sobre él: era el jugador que le devolvería la gloria tenística a su nación.

En su primer año como profesional pasó del puesto 514 del ranking al 65 y en el segundo, a sus 19 años, se consolidó entre los 20 mejores del mundo.

Ganar Wimbledon y ser el número uno del mundo era su sueño de niño, pero a medida que ganaba torneos y avanzaba en el ranking comenzó a parecer una obligación nacional. “Nadie tiene tanto presión como él. El estrés que carga encima es impresionante”, dijo hace unos años Lleyton Hewitt, tenista australiano.

Era imposible dudar del talento del escocés y de la capacidad física y emocional para estar entre los mejores. Desde joven se le reconoció como el jugador más inteligente del circuito, pues tenía un estilo de juego diferente, no tan vistoso, pero sí muy efectivo.

Sin embargo, pasaban los años y no podía ganar un Grand Slam ni avanzar del cuarto puesto del ranking mundial. Esto se dio por una época curiosa en la historia del tenis: la contemporaneidad de tenistas de la talla de Roger Federer, Rafael Nadal y en los últimos años, de Novak Djokovic.

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Novak Djokovic, Roger Federer, Rafael Nadal y Andy Murray, el 'big four' del tenis que ha dominado el circuito desde 2004. Archivo particular.

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Murray se pudo unir a este selecto grupo, llamado el ‘big four’. Aunque, por títulos y enfrentamientos directos, era el relegado: el jugador sombra y el del papel secundario.

"Cuando estás detrás de esos jugadores, es difícil seguir creyendo, seguir trabajando para llegar allí”, dijo luego de perder su cuarta final de Grand Slam seguida, con la que se ganó el apodo de ‘loser’ y de ‘dominar el arte de perder finales’.

En un momento, la prensa creyó que las esperanzas depositadas en él habían sido exageradas.

El día que todo comenzó a cambiar

Precisamente en esa cuarta final pasó un hecho curioso, algo que todos los seguidores del tenis recuerdan y que, de alguna manera, partió la historia de su carrera: Andy Murray, con un estadio lleno, rompió a llorar.

Fue en 2012, en Wimbledon. Su primera final en el mítico All England, de local, estando a un partido de romper el maleficio, en ese momento, de 77 años.

En ese partido, Murray se vio ampliamente superado por Roger Federer, el máximo ganador de este trofeo en la historia. En la entrega de premios fue cuando el escocés se quebró ante un estadio que no lo podía creer: el tenista más frío e inexpresivo se estaba desahogando ante las cámaras. Su madre y su novia también lloraron.

Fue la descarga de muchos años de frustración, de la impotencia, de luchar muchos años en el circuito, estando al mejor nivel y aún así no conseguir lo que todos esperaban de él: ganar en casa y ser el número uno del mundo.

"Creo que está claro que mi trabajo es bastante emocional. Si gano o pierdo hay una enorme cantidad de emociones por debajo de lo que se ve a simple vista”.

Meses después de esa derrota, según él, la más dolorosa de su carrera, ganaría la medalla de oro en Londres y el US Open, su primer grande.

El siguiente año obtendría, por fin, el trofeo de Wimbledon, siendo el primer británico en ganar allí en 77 años. "Me sentí muy aliviado. Sentí… tanto estrés y presión que realmente no tuve la oportunidad de disfrutarlo tanto".

Esos títulos le valieron una calma, pero aún seguía siendo la sombra del ‘big four’.

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En 2015 hizo parte del equipo que ganó la Copa Davis para Gran Bretaña, por primera vez en su historia. Laurent Dubrule / AFP

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Su registro de enfrentamientos directos contra ellos es negativo: 14-11 a favor de Federer, 17-7 con Nadal y 24-11 con Djokovic. Este último ha sido precisamente su rival más directo en los últimos años, con quien jugaba desde que tenía 14 años y a quienes los separa solo siete días de nacimiento. Murray ha jugado 11 finales de Grand Slam y ha perdido ocho: cinco ante Novak Djokovic y tres ante Roger Federer.

El perfecto 2016

A sus 29 años, Andy Murray dio el paso de calidad que le faltaba y jugó un segundo semestre de 2016 casi perfecto.

Al alzar la Copa de Maestros, Andy Murray culminó la mejor temporada de su carrera: su segundo Wimbledon, oro en Río, 24 victorias consecutivas y número uno del mundo, el salto que le faltaba.

Ahora reemplaza a Novak Djokovic, quien llevaba 122 semanas seguidas como número uno del mundo. Murray se convierte en uno de los tenistas más longevos en llegar a ser el mejor del planeta (Federer y Nadal, por ejemplo, consiguieron esta proeza a sus 22 años).

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Andy Murray y Novak Djokovic, en la premiación de la Copa de Maestros. Tony O'Brien Livepic / Reuters

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El relevo generacional parece estar llegando, pues el suizo y el español, que suman entre los dos 31 Grand Slams, han visto como la edad y las lesiones les ha mermado competencia, al punto de que acaban de cumplir su peor ranking desde 2004.

Por otro lado, el serbio Djokovic parece ser por ahora el único que podría destronar a Murray.

Ambos, parecen ser los únicos animadores de la cima y han tomado con credenciales el turno protagónico luego de estar varios años detrás de dos de los mejores jugadores de la historia. Pues así haya jugadores jóvenes que han dado de qué hablar (Borna Coric, Alexander Zverev, Dominic Thiem, Lucas Pouille, entre otros) aún parece que hay Murray y ‘Nole’ para rato.

Un ‘mandato’ diferente

En la última lista de Forbes de atletas con más ganancias en publicidad, Federer ocupó el 4° puesto, Djokovic el 6°, Nadal el 21° y Murray, en silencio, el 74°.

Quizás no tenga la empatía ni los millones de fans de sus predecesores. Andy Murray es poco comunicativo y seguro habrán roles de número uno del mundo que no le gustarán, como ser el centro de atención, atender aún más a la prensa o ser aclamado nuevo ‘rockstar’ del tenis.

Lo cierto es que ahora que cumplió con las expectativas de sus compatriotas, que se sacó la presión al cumplir su sueño de niño y que logró abrirse paso y encontrar su lugar privilegiado en el tenis, la mejor versión del niño prodigio podría estar apenas comenzando.

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