Mónica Puig, la tenista de oro que dio un empujón a Puerto Rico

Mónica Puig, la tenista de oro que dio un empujón a Puerto Rico

En Río 2016, le entregó a su país la primera medalla dorada en unos Olímpicos.

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La tenista puertorriqueña Mónica Puig celebra efusivamente, como es característico, su triunfo en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Foto:

AFP

12 de noviembre 2016 , 09:32 a.m.

Bastaba ver cómo el 13 de agosto de este año Puerto Rico se unía en un solo clamor para que la tenista Mónica Puig, su raqueta número uno, la deportista más importante para esa pequeña nación, venciera a la alemana Angelique Kerber en la final del tenis femenino de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, para entender cómo un país entero quería llenarse de esperanza y motivación para enfrentar una problemática social y económica que tiene a su población muy vulnerable.

Aquel día, algunos puertorriqueños se quedaron en sus casas, otros fueron a bares o tiendas y hacían retumbar los cánticos de “¡Mónica, Mónica, Mónica!”. Lo claro fue que por algunas horas, en este país se olvidó la grave crisis económica que vive, luego de que se conoció que esta nación tiene una deuda “impagable” de 73.000 millones de dólares, lo cual ha agravado la problemática social.

La luz que apareció para entregar una escapatoria fue Mónica Puig con su llegada a la final del tenis femenino. Antes de darse el grito de júbilo debía tumbar al témpano alemán, Angelique Kerber. Un escollo bastante difícil, pero que el buen nivel de la puertorriqueña pudo sobrepasar.

El momento del desborde de locura llegó. Puig entró al olimpo del deporte de ese país luego de convertirse en la primera campeona olímpica en la historia de Puerto Rico, al ganar la medalla de oro en el torneo individual femenino de Río 2016, donde se impuso en la final a Kerber por 6-4, 4-6, 6-1.

La gritería y algarabía se tomaron cada rincón de Puerto Rico, que celebró hasta donde más se pudo la coronación de su nuevo máximo ídolo deportivo. Festejo que conmovió a Puig, quien le dijo a EL TIEMPO que su triunfo le da esperanza a un país altamente golpeado por las diferentes realidades sociales y económicas, que lo tienen sumergido en lamentos y en el desconcierto de no saber qué pasará en los años venideros.

Puig, de 23 años de edad, es de padre estadounidense de origen cubano, José, y madre puertorriqueña, Astrid Marchán. Sus abuelos son catalanes. Comenzó a practicar el deporte del tenis a los 6 años, aleccionada por sus padres. Su sueño es ser la mejor de la WTA, patrocinada por la Usana.

¿Por qué decidirse por el tenis?

Yo empecé en el tenis cuando tenía tan solo 6 años. Mi mamá fue la que me mostró este deporte, porque ella lo practicaba cuando estaba joven. Me encantó y decidí practicarlo más a fondo, y así se fue dando mi carrera desde pequeña.

¿En qué momento sintió que el tenis se iba a convertir en una profesión?

Cuando cumplí los 16 años y comencé a jugar en el circuito internacional y en los torneos ITF se fueron dando muy buenos resultados, me empezó a ir muy bien; llegué a finales de grand slam júniores, así que desde ahí empezamos a seguir este camino. La idea era seguir creciendo y desarrollándome en el tenis y estar con las mejores del mundo más adelante.

¿Fue un cambio brusco pasar de júnior a profesional?

Fue un inicio bastante rápido, porque cuando empecé a jugar a nivel internacional aún era muy joven. Viví cosas nuevas, como el estar viajando por el mundo. La transición de júnior a profesional me costó bastante, porque tenía que luchar contra diferentes factores que son muy marcados en los diferentes niveles de la carrera de un tenista.

Sin embargo, me mantuve muy ubicada y enfocada en que debía estar trabajando fuerte, hasta que por fin estoy donde estoy hoy en día. Fue un proceso con muchos altos y bajos, pero también con trabajo y esfuerzo se consiguen todos los objetivos.

¿A qué se debe ese avance tan pronunciado en su carrera en los recientes años?

He trabajado muy fuerte para llegar a este nivel y hacer, por ejemplo, lo que hice en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Me la paso muchas horas de mi vida dentro de la cancha. Además, hago muchos sacrificios fuera de la cancha. Paso mucho tiempo en mi casa, sacrificando salidas con amigos y cosas así. Hoy en día no lo miro tanto como que dejé de hacer algo, sino como parte de mi trabajo, y es parte de lo que tengo que hacer como tenista.

¿Cómo vivió los momentos iniciales de los Juegos Olímpicos de Río?

Nunca me imaginé que iba a ganar una medalla de oro olímpica tan temprano en mi carrera; es más, no pensaba en que lo podía conseguir durante mi carrera entera. Yo estaba contenta con el simple hecho de estar en el desfile de la ceremonia inaugural, portando con orgullo los colores de mi país.

Sin embargo, cuando empecé a ganar los partidos empecé a ver que estaba jugando mi mejor tenis, pues creía más y más en lo que estaba haciendo. Luego vi una posibilidad de ganar el torneo, y de repente me encontré en la final. Cuando gané fue un sueño cumplido, el momento más especial de mi vida.

¿Qué sintió cuando se subió al podio, tuvo la medalla de oro en sus manos y escuchó el himno de Puerto Rico?

No lo podía creer, si soy sincera. Sentía que estaba viviendo un sueño y que en cualquier momento me iba a despertar. Fue un momento lleno de emociones, pensando en lo que había logrado, en lo que iba a hacer después.

Definitivamente, pasaron muchas cosas por mi cabeza, pero lo más importante es que estaba muy feliz de estar ahí, en el primer peldaño del podio del tenis femenino de los Juegos Olímpicos. Sentía que quería salir corriendo a celebrarlo con mi equipo y con toda mi familia.

¿Qué importancia tuvo para Puerto Rico esta medalla de oro olímpica y cómo fue el trato recibido de todos los aficionados de ese país?

Puerto Rico la pasó increíble. Mi país se paralizó viendo ese partido final. He visto videos, fotos y muchas cosas de cuando yo estaba en la disputa por el metal dorado. No había gente en las calles, todo el mundo estaba en sus casas, bares y tiendas, pegados a los televisores, observando cada uno de mis movimientos y celebrando con mucha euforia cualquier punto que ganaba, y alentándome cuando no lo hacía. Creo que para ellos fue como una enseñanza de que querer es poder.

En este tiempo en el que las cosas no van tan bien en Puerto Rico con la economía y otras problemáticas, se necesitaban estas vibras de positivismo para intentar echar pa’lante y ver que las cosas pueden mejorar, sin importar qué tan hundidos estemos. Así se esté pasando por dificultades, siempre hay fortaleza para salir adelante, así creo que se vivió ese triunfo mío en Río de Janeiro.

Durante los Juegos Olímpicos se conoció que usted no paraba de escuchar la canción ‘La bicicleta’, de Carlos Vives y Shakira. ¿Qué motivación sentía usted con esta?

Sí (risas). Cuando estaba en la Villa Olímpica, yo pasaba mucho tiempo con toda mi delegación, que éramos muy poquitos, solo 40 atletas. Siempre nos la pasábamos juntos comiendo, caminando, conociendo lugares, y en una de estas reuniones la pusieron y de una vez quedé atrapada con la canción, y me gustó un montón. A partir de ese momento la escuchábamos en todo momento, se repetía la canción en nuestros dispositivos una y otra vez. Cuando salíamos a comer, no hacíamos más sino oírla y cantarla. El ritmo es muy bueno y se prestaba para bailarla. Al final se convirtió en nuestra canción en las Olimpiadas.

Teniendo en cuenta su corta edad, ¿cuáles son ahora sus aspiraciones?

Obviamente, sabemos que la WTA es muy diferente a la ATP. En la rama masculina siempre están los mismos cuatro jugadores punteando en el escalafón y ganando los diferentes títulos. Ellos tienen más consistencia. Sin embargo, en la rama femenina es destacable ver a nuevas jugadoras que ingresan al circuito y comienzan a poner en jaque a las mejores del mundo.

Yo realmente lo que quiero es seguir trabajando fuertemente para subir puestos en el escalafón, ganar más títulos importantes, como los Grand Slam. Veremos cómo evoluciona mi juego con todo el trabajo y todo el entrenamiento que realizó constantemente.

Termina el año como la 32 del mundo

La puertorriqueña Mónica Puig tiene como gran misión estar metida entre las mejores 10 de la clasificación mundial de la WTA. Sin embargo, este año quedó lejos, aunque no está tan distanciada. En el escalafón de esta semana, que comanda la alemana Angelique Kerber, se ubicó en la casilla 32, con 1.490 puntos.

En el historial de este año, Puig lleva un récord a su favor de 81 victorias y 25 derrotas. En toda su carrera deportiva como profesional, su registro es de 230 triunfos y 144 caídas, números que avalan y auguran un desarrollo prometedor para los años siguientes en la WTA.

Sin embargo, la deuda pendiente que tiene aún la tenista puertorriqueña es ganar algún trofeo del circuito, y en especial un título grande.

No son muchas la coronas en su palmarés. Sin duda, lo más importante en su carrera como profesional fue el metal dorado que ganó en los Juegos Olímpicos de Río. De resto, fueron logros en torneos menores.

Felipe Villamizar M.
Redactor de EL TIEMPO@FelipeVilla4

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