Rosa y rojo... El amarillo le espera... (Opinión)

Rosa y rojo... El amarillo le espera... (Opinión)

Con solo 26 años Nairo Quintana empieza a acumular un palmarés al alcance de muy pocos.

11 de septiembre 2016 , 01:50 p.m.

Nairo Quintana se ha coronado campeón de la Vuelta a España 2016. Su segunda Grande tras el Giro de Italia 2014. Un triunfo, además, con un valor sicológico importante: El ciclista colombiano ha batido a Chris Froome.

A sus 26 años, solo 26, Quintana empieza a acumular un palmarés al alcance de muy pocos. Desde su precoz podio en el Tour de Francia 2013, no ha faltado desde entonces al podio en el Giro, el Tour o la Vuelta. Se bañó en rosa en 2014 y se ha teñido de rojo ahora. Solo se le resiste el amarillo, el maillot más apreciado, y en lo más alto de París.

Su sueño amarillo continúa tras su decepción de este año en julio. No ofreció su mejor versión y Froome conquistó de nuevo el Tour, como en 2013, 2015 y 2016. Nairo siempre ha tenido que estirar el cuello para saludar con deportividad al campeón británico. Pero su ambición es alcanzar el escalón más alto.

Ese es su anhelo. Si en julio dio un paso atrás, en la Vuelta ha dado sin duda uno adelante. París está más cerca para el líder del Movistar Team. Batir a Froome en las tres semanas debe ser un estímulo para él. El africano británico es batible, aunque sea en una emboscada como la de camino de Formigal. Cualquier terreno es válido para ganar. El mismo Froome lo demostró en el Tour: atacó bajando y contra el viento.

De paso, Quintana ha certificado su progresión. Ya no es un ciclista precoz, sino maduro. Y cada vez más completo y más fuerte mentalmente. La Vuelta no es más que la guinda a su sobresaliente 2016: vencedor antes de Catalunya, Romandía y Ruta del Sur, podio en San Luis y País Vasco; siempre competitivo y dando espectáculo sobre el asfalto para deleitar a los espectadores y a sus compatriotas.

Vuela alto el cóndor colombiano. Su próximo nido debe ser el primer cajón del podio del Tour de Francia. Ha puesto varias ramas en años anteriores y sin duda ha encajado una más en la Vuelta. La última edición del Tour parecía ser la suya, pero el cuerpo no le acompañó como quiso. Su reto, y su sueño, volverá a ser amarillo en 2017. Cada vez se siente más cerca de París y de aupar a todo un país al mayor de los éxitos que se puede alcanzar en el ciclismo profesional. Rey del Giro y de la Vuelta, solo le falta la corona del Tour.

UNAI IRARAGORRI
Periodista especializado en ciclismo

Columnistas

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