El equipo de Refugiados Olímpicos, símbolo de la esperanza en Río 2016

El equipo de Refugiados Olímpicos, símbolo de la esperanza en Río 2016

Diez atletas huyeron de sus países y hoy compiten en las justas deportivas bajo una misma bandera.

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Los gastos de viajes, alimentación e indumentaria, entre otros, fueron costeados por el COI.

Foto:

Archivo Particular

05 de agosto 2016 , 01:21 a.m.

“Qué vergüenza morir ahogada, si se supone que soy nadadora” pensaba Yurda Mardini, atleta nacida en Siria, mientras cruzaba parte del mar entre Grecia y Turquía luego de que naufragara la lancha, en donde iba con alrededor de 30 personas que habían escapado por la guerra civil de su país.

Nadó tres horas, llegó a las costas y días después viajó a Berlín. Como ya había representado a Siria en 2012 en unas competencias de natación, pudo entrar a un club a seguir con sus rutinas y hoy, tras años de arduo entrenamiento, está en los Juegos Olímpicos Río 2016.

La historia de Mardini no es un caso aparte en las próximas justas deportivas. Otros nueve atletas huyeron de sus hogares natales y gracias al Comité Olímpico Internacional (COI), pudieron unirse y formar su propio equipo: Refugiados Olímpicos.

Está conformado por dos nadadores, dos judokas, un maratonista y cinco corredores de media distancia. Seis de ellos nacieron en Sudán, dos en la República Democrática del Congo, uno en Siria y el otro en Etiopía. El viernes 5 de agosto, día de la ceremonia de apertura, marcharán izando la bandera olímpica.

Los motivos para escapar de sus lugares de origen son diversos, aunque todos tienen que ver con conflictos sociales, guerras civiles y, también, con el fenómeno de migraciones masivas hacia Europa en busca de una mejor oportunidad de vida.

La iniciativa para apoyar a estos deportistas ha estado comandada por Thomas Bach, presidente del COI, y apoyada por el Comité Ejecutivo, quienes tras un riguroso rastreo y filtro a nivel mundial, seleccionaron a 10 atletas entre 43 candidatos. El equipo final no solo debía cumplir con la calidad de refugiado verificado por las Naciones Unidas, sino también tener el nivel deportivo suficiente para ser un atleta olímpico.

Ya instalados en la Villa Olímpica en Río de Janeiro, la delegación habló ante los medios y cada atleta contó, a grandes rasgos, un poco de su historia personal.

Entre lágrimas, el judoka Popole Misenga, quien perdió a su mamá en un enfrentamiento militar en Congo y hace 18 años no ve a su familia, contó que Río, además de ser el punto más alto en la carrera de un deportista, era la oportunidad perfecta para que sus hermanos vuelvan a saber de él: “ellos podrán verme en TV y sabrán que estoy en Brasil, que estoy bien”.

La otra judoka es Yolande Mabika, quien representó a Congo en el Mundial de Judo precisamente en Río, en 2013. En días de plena competencia, huyó del hotel y pidió asilo, pues su entrenador, que la discriminaba por su país de origen, le limitaba el acceso a la comida e incluso, cuando perdía, la encerraba en una jaula como castigo.

Los cinco corredores de media distancia nacieron en Sudán y se refugiaron en Kenia. La guerra civil en su país de origen, que lleva más de 30 años, los obligó a buscar campamentos en su región vecina. Se han venido entrenando en Nairobi, donde queda el campamento de refugiados de Kenia.

“Allí no hay medios ni instalaciones, ni siquiera tenemos zapatos. No hay gimnasio. Hasta el tiempo está en nuestra contra, desde muy temprano en la mañana y hasta la tarde es muy caliente y soleado”, cuenta Yiech Pur Biel, de 21 años, quien junto a sus compañeros comenzó a correr porque quería demostrar a sus compañeros refugiados “que hay oportunidades y esperanza en la vida. A través de la educación, pero también del atletismo, se puede cambiar el mundo”.

El hashtag #Teamrefugees, promovido tanto por las justas como por el COI, ha ido tomando fuerza días previos al inicio de las justas y con ese mismo nombre, se puede encontrar la cuenta oficial del equipo en Facebook, Twitter e Instagram.

Según la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR), esta es la época de más desplazados por violencia desde la Segunda Guerra Mundial. Son alrededor de 59 millones de ciudadanos los que se han visto obligados a salir de su hogar y que, de alguna manera, serán representados en Río 2016 por estos diez sobrevivientes.

DIEGO PÉREZ
ELTIEMPO.COM

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