Éider Arévalo, un oro de mente fría y pies de fuego

Éider Arévalo, un oro de mente fría y pies de fuego

El marchista colombiano es un hombre tímido, solitario, de pocas palabras, que habla con resultados.

Éider Arevalo

Éider Arevalo Campeón Mundial de marcha 20 kilómetros Londres 2017.

Foto:

AFP

14 de agosto 2017 , 08:06 a.m.

Éider Arévalo se levantó ayer en Londres con una buena sensación. Se aprestaba a marchar en unas horas la prueba de los 20 kilómetros, en una competencia que ya le había representado subir al cajón más elevado de los podios juveniles de un mundial (México) y dos copas de mundo (Rusia y Barcelona). Sabía que el día le tenía algo reservado.

Mientras llegaba la hora de la competencia, este bogotano, nacido hace 24 años, pero criado en Pitalito, Huila, se dio ánimo y puso salsa colombiana en sus audífonos. Bailó por minutos varios de sus temas preferidos. Estar en la capital inglesa le traía buenos recuerdos. Allí mismo, en el 2012, debutó muy joven cuando todavía era juvenil, en los Olímpicos de Londres. Y ahora, cinco años después, luego del vigésimo puesto que ocupó en su primera cita olímpica, se encontraba a punto de comenzar un nuevo desafío, precisamente en el mismo circuito olímpico en las calles londinenses.
Pero ahora todo era diferente.
Los años de competencia, con derrotas, lesiones y, claro, también victorias, le han dado la madurez y el aplomo, y para esta ocasión, en un trabajo muy silencioso, a conciencia y bien planificado por el entrenador, aterrizó en la capital británica para mostrar su avance, su coraje y el diamante que ya es la marcha.

Todavía no lo había podido demostrar en un gran evento en la categoría de mayores, a pesar de su destacada temporada en la que acumulaba las victorias en los 20 km en los Challenge de Ciudad Juárez (México), con tiempo de 1 h 22 min 29 s; Rio Maior (Portugal) y su 1 h 20 min 40 s y la Copa Panamericana en Lima (Perú), con un discreto 1 h 21 min 1 s, lejos de aquel 2013, en Podebrady (República Checa), en donde estableció 1 h 19 min 45 s, que se había convertido en récord nacional y mejor marca personal del andarín.

Marchó con inteligencia

Llegó la hora de la verdad, de la largada, de estar con la crema y nata de la marcha mundial, y el buen pálpito seguía. Sabía que quería sacarse el peso de no haber podido ganar un mundial en la máxima categoría. Sonó el pistoletazo y con eso se liberó de la ansiedad y la carga emocional. Su premonición estaba cerca de darle la razón.

Arévalo corrió durante toda la prueba en el grupo de cabeza, respondió bien a los ataques de sus rivales y a falta del último kilómetro dejó al ruso Sergéi Shirobokov, su más enconado rival, que dio la pelea hasta el final, pero que no pudo ante la envestida de Arévalo, considerado uno de los mejores rematadores del mundo.

Éider marchó con inteligencia, siempre con la vista puesta y la lupa dirigida hacia los japoneses, el inglés Tom Bosworth, quien a la mitad de la competencia fue descalificado, y los chinos. El colombiano anduvo a su ritmo, sin desgastarse, como midiendo a cada uno de sus rivales.

A falta de 4 kilómetros asumió el papel protagónico y mostró su temple. Era su momento, el que había esperado y con el que soñaba desde las arduas jornadas de entrenamientos. Y ya en los últimos mil metros, solo en compañía de Shirobokov, quien corrió con la bandera neutral ante la sanción que tiene Rusia por parte de la Iaaf, arriesgó al máximo. Justo al frente del Palacio de Buckingham apretó el paso y mostró su magnífico remate.

Estoy muy feliz, esto es muy grande para Colombia y le doy gracias a Dios por este triunfo

En los pasos finales, su entrenador, Marcelino Pastrana, le entregó la bandera nacional. El marchista se la ató a su cuello y cruzó la meta para abrazarse con la gloria, apenas con dos segundos de diferencia. “Estoy muy feliz, esto es muy grande para Colombia y le doy gracias a Dios por este triunfo”, dijo el campeón al finalizar la prueba. “Fue una competencia técnica y exigente, pero estaba preparado psicológica y físicamente. En los últimos 4 km decidí hacerlo más rápido y el último kilómetro fue decisivo para alcanzar esta medalla de oro”, contó emocionado el andarín, que le dio al país la segunda medalla dorada en esta especialidad en un mundial, luego de la alcanzada por el nariñense Luis Fernando López en Daegu 2011.

Tras cruzar la meta tuvo minutos para recordar los momentos más difíciles, los sacrificios y también para homenajear a su manera al entrenador Fernando Rozo, uno de sus formadores y quien ya no está, a quien le debe mucho.

Su mayor éxito deportivo se convierte en el fruto luego de una carrera que avanza a paso firme desde que se inició en esta disciplina hace 13 años en Pitalito. Cuando cumplió quince años, en el 2008, se trasladó a Bogotá y comenzó a entrenar bajo la dirección de Rozo, quien le cambió la mentalidad, le enseñó a ser disciplinado y lo convenció de que sería capaz de llevar una carrera con muchas victorias. Y así ha sido.

Dos años de sequía

Pero antes de que llegara esta medalla, Éider, quien de niño intentó sin éxito en el fútbol, estuvo caminando casi que sin rumbo. Desde abril del 2015, cuando ganó en Rio Maior (Portugal), el marchista pasó por una larga sequía de triunfos. Tuvieron que pasar dos años para que la victoria, el oro, el primer puesto y el reconocimiento por ser el mejor fueran otra vez reconocidos.

Y todo se debió a la falta de confianza. Competía, llegaba bien en la parte física, pero en lo mental se fallaba. Entonces, se puso a disposición de especialistas, en un comienzo con Rafael Zabaraín, y luego con Ivone Escobar, quienes fueron el soporte para que el andarín volviera a recuperar la confianza. Tras ese trabajo, Éider recuperó la solidez mental y el aplomo.

De nada sirve tener velocidad si no se logra una armonía en los movimientos de la cadera y el braceo

Arévalo reconoce que la marca establecida es buena porque su mejor registro lo tenía desde 2013. Y ayer consiguió bajar el registro nacional en un momento en el que ahora, con una medalla de oro colgada en su cuello, le pone nuevos y mayores retos.

Para él lo más difícil en la marcha es la técnica, que tiene que ser excelsa. “De nada sirve tener velocidad si no se logra una armonía en los movimientos de la cadera y el braceo. Una descalificación es mortal y los jueces, en su labor, pueden poner faltas que a la postre desconcentran y dan al traste con el trabajo”, ha dicho.

Con los Juegos Bolivarianos en su mente, como punto final en la temporada, Arévalo se enfocará paso a paso para ir despacio, pero con pies de plomo a lo que será su tercera olimpiada: Tokio 2020. “El que persevera alcanza”, dice. Es un incansable de la vida.

Después de finalizar en la casilla 20 en Londres 2012 y clasificarse 15 en Río 2016, en la capital nipona estará ahora el podio deseado. Antes, en el 2018, irá al mundial por equipos y al año siguiente al Mundial de Doha, para luego sí aterrizar en Tokio, cita a la que llegará tras un plan de trabajo que será diseñado por su entrenador y en el que también tendrá cabida Luis Fernando López, quien tras su retiro de la competencia en este mundial, será un asesor clave para el seleccionado nacional de marcha.

Éider se acostó anoche en Londres con una alegría desbordada. Su sueño se hizo realidad y como él mismo sentenció, cerró los ojos con esta frase en su mente: ‘Me convertí en el rey de Inglaterra’.

JAVIER ARANA
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @arana_javier

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