'Nunca di por perdida la medalla': Leidy Solís

'Nunca di por perdida la medalla': Leidy Solís

La pesista fue cuarta en Pekín. El dopaje de Davidova le da la oportunidad de ser medallista.

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Colombia tiene 29 medallas olímpicas y la vallecaucana Leidy Solís aporta el bronce de Pekín 2008 a este importante botín en la historia del deporte nacional.

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Archivo / EL TIEMPO

23 de noviembre 2016 , 10:12 p.m.

En el pabellón 2 de Riocentro de Río de Janeiro no hubo lágrimas, tampoco puños a la pared, pero sí mucha tristeza. La pesista colombiana Leidy Solís había perdido la posibilidad de ganar una medalla en los Juegos Olímpicos por dos kilos solamente, los que no pudo levantar en el intento final debido a una falla que ella misma reconoció.

Solís caminaba por el pabellón sin buscar respuestas a la pregunta: ¿Qué pasó?, porque la vallecaucana de 26 años, nacida en Tuluá (Valle del Cauca), el 17 de febrero de 1990 ya lo sabía: “Cometí un error en la caída y no pude levantar. No sé por qué pasó eso, pero ya no se puede remediar nada. Hay que pasar la hoja y pensar en el futuro”, escribió para EL TIEMPO en aquella ocasión.

Frustrada, sin la medalla en el morral que le entregó el Comité Olímpico Colombiano (COC), con el mismo diploma que recibió cuando fue cuarta en los Olímpicos de Pekín 2008 se montó al avión que la trajo de Río de Janeiro hacia Bogotá, en el que pensó que los Juegos de Tokio 2020 tiene que ser los de su revancha, en los que iría mucho más madura en busca de un metal olímpico que se le ha escapado dos veces y con el que ha soñado tener.

Días después estaba en su casa de Tuluá, descansando, cuando contestó una llamada en su celular, en la que le informaron que había una posibilidad de que se convirtiera en medallista olímpica, porque después de realizar algunos reanálisis de las pruebas muestras congeladas, algunos deportistas habían dado positivo, entre ellos, las que quedaron delante de ella en el podio de los 69 kilos del levantamiento de pesa.

“Ese día no lo podía creer, pero no era nada oficial, había que esperar que confirmaran. Llegué de Río, me enteré del tema y por eso revivió ese anhelo de ser medallista. Siempre estuve tranquila esperando la decisión”, dijo Solís.

Es un hecho

La semana pasada, el Comité Olímpico Internacional (COI) confirmó que en el análisis de la ucraniana Natalia Davidova había sustancias prohibidas y que la despojaría del metal que ganó en competencia en China, por lo que la colombiana subiría al tercer lugar y obtendría la medalla de bronce.

“La ucraniana, quien compitió en el evento femenino de levantamiento de pesas de 69 kilos, ha sido descalificada de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, en la que se clasificó en el tercer puesto y por la cual recibió una medalla de bronce. El nuevo análisis de las muestras de Davidova de Pekín 2008 dio como resultado una prueba positiva para la sustancia prohibida turinabol”, comunicó el COI en esa ocasión.

“Cuando me confirmaron todo, pues recibí la noticia con tranquilidad y alegría. Esa vez, como en todas mis competencias, he subido a la tarima limpia, y en Pekín el trabajo fue bueno. Fue mi primera oportunidad en los Juegos y fui cuarta, por eso cuando la prueba terminó nunca me sentí frustrada, triste, a pesar de que el bronce me quedó cerca”, recordó Solís, quien tenía solo 18 años y sabía que le esperaba una larga carrera llena de éxitos.

La felicidad que la embarga en estos momentos puede ser mucho más grande, porque Solís espera que se informe sobre el análisis de Liu Chunghong, quien también dio positivo, pero ni el COI ni la Federación Internacional de Pesas han informado sobre el tema.

“Estoy esperando eso, hay otra sospechosa más y eso no se ha definido. Es un proceso que se demora más. Sé que es un podio seguro y estoy entrenando para lo que venga. Ya hay notificaciones, estoy en bronce y puede ser plata”, declaró una Leidy alegre, que en estos momentos hace descansos activos, sin perder la condición, porque lo que se viene es muy duro.

Para ella es claro que haber obtenido así el premio no es igual a como si lo hubiera conseguido en la competencia, pero lo ha celebrado como si hubiera sido ayer, como si no hubieran pasado ocho años después de haberse bajado de la plataforma china.

“Lógicamente que es distinto, pues sería bueno haber ganado en caliente, pero no deja de ser una medalla olímpica, es lo más importante que me ha pasado en la parte deportiva. Ese es el sueño de todo deportista y eso se dio. Queda ahí, en la historia, nadie me la va a quitar y eso es lo máximo”, declaró Leidy, quien viene de una familia de pesistas, en la que tíos, tías y hermanos se han destacado en esta disciplina, luego de darles varias victorias a las pesas colombianas, al país que tanto necesita de buenas noticias.

En paz y sin presiones

Lo de Río de Janeiro ya pasó, como Solís lo dice, pero antes de que recibiera la noticia de que había ganado el bronce, la actuación en los Olímpicos de agosto pasado no la dejaba en paz.

Lo dio todo, supo reponerse a las adversidades, no fue al Mundial de Houston (Estados Unidos) el año pasado, en el que era medalla fija, se quedó en el país recuperándose de una dolencia en la espalda, evitó la cirugía y puso todo su empeño en busca de la presea olímpica, pero se quedó cerca de lograrlo.

Por eso, el bronce de Pekín le cambió el modo de pensar, la mentalidad y ya sabe que afrontará el próximo ciclo olímpico no como una posible ganadora, sino como una medallista.

“Me quité un peso de encima con lo de Río, eso tenía que pasar, entrené, lo asumí con tranquilidad. La medalla de China es la recompensa a lo que hice, porque nunca bajé la cabeza, sabía que tenía que mejorar y llega esa noticia que me da descanso. Ahora estoy más motivada. Se me eriza la piel solo con pensar que algún día voy a tener esa medalla, son bendiciones y me motiva para lo que viene”, precisó.

Y agregó: “Tal vez sacrifiqué ese Mundial para mejorar e ir bien de salud a Río. Sabía que era favorita, pero la lesión no se podía presionar, por eso no fui y me quedé rehabilitándome la espalda, no me operaron, de eso tenía miedo, de ir al quirófano, porque se ponía en peligro la participación en Río, pero se hicieron las cosas bien y llegué a Río a enfrentar el objetivo, pero no se pudo”, recordó Leidy Yessenia.

A Solís la vida la ha premiado, no solo en lo deportivo, también en lo personal. Hoy recuerda que algunas personas no la apoyaron cuando en el 2011 quedó embarazada y meses después confirmó que no podía competir en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Era favorita, venía de ser cuarta en Pekín y en el país se contaba con su aporte para el medallero, pero los tiempos no le dieron.

Antes de dar a luz, Leidy tuvo un accidente casero, un vidrio se le rompió y le afectó el brazo izquierdo, fue sometida a cirugía, porque se le rompieron varios tendones y nervios. Hasta se temió que no volviera al deporte.

“El músculo había desaparecido, solo me quedaron la piel y el hueso; el resto se perdió, estaba deshecho. Los médicos me informaron que no podía volver a levantar pesas, pero no lo hice, insistí y mire lo que he hecho”, recordó Solís en una entrevista a EL TIEMPO, el año pasado.

Unos cinco meses después fue intervenida para reconstruirle el brazo, salió con éxito de la operación y se dedicó por completo a su hijo, Alan Matías, su impulso, por lo que vive y trabaja fuertemente.

Y agregó aquella vez: “En esos momentos es que uno se da cuenta del apoyo de las personas, que, en mi caso, fueron pocas, no muchas. Nunca perdí la esperanza. Nosotros los deportistas tenemos algo: nunca nos damos por vencidos, y eso me pasó, nunca bajé los brazos. Fue una competencia difícil, pero la gané”.

Los días duros han pasado, las tristezas quedaron atrás, ahora, Leidy Yessenia sonríe y grita a todo pulmón, como lo hace cada vez que sube a la tarima a levantar la palanqueta, celebra una medalla que se demoró ocho años en llegar, pero la que recibe como si la competencia hubiese sido hoy.

Leidy Solís es la séptima medalla de las pesas colombianas en los Olímpicos, tras los oros de Óscar Figueroa (Río 2016) y María Isabel Urrutia (Sídney 2000), la plata que consiguió Figueroa en Londres 2012, el segundo lugar de Diego Salazar en Pekín, y los bronces de Mábel Mosquera (Atenas 2004) y Luis Mosquera (Río 2016), un registro difícil de igualar para una disciplina que poca atención y apoyo tiene, que se defiende sola y que la mantienen los resultados de los atletas.

“Pienso en todo lo que me ha pasado y me siento tranquila. Todo pasa por algo. Hago lo que más me gusta: levantar pesas, tengo un hijo y ahora me llegó otro regalo, la medalla olímpica”, aseguró Leidy, que ahora se prepara para los Juegos Bolivarianos de Santa Marta (Colombia), en noviembre del 2017, y para el Mundial de Malasia, al que quiere asistir a sacarse otra espina, ganar la medalla que no pudo conseguir en Estados Unidos en 2016.

Ahora, Leidy Yessenia Solís Arboleda está a la espera de que le comuniquen cuándo le entregarán la medalla y cuánto dinero recibirá, un justo premio a una mujer valerosa, ejemplo para la juventud y orgullo de Colombia.

LISANDRO RENGIFO
Redactor de EL TIEMPO

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