El Masters, un torneo de muchas tradiciones

El Masters, un torneo de muchas tradiciones

El campeonato de Augusta de golf, único Major que no cambia de sede. Tampoco varió sus ceremonias.

Chaqueta verde del Masters

La chaqueta verde distingue al campeón del Masters. En la foto, Jordan Spieth, ganador en 2015, se la impone a su sucesor, Danny Willett.

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Efe / Archivo EL TIEMPO

07 de abril 2017 , 03:52 p.m.

El Masters es el único de los cuatro torneos de grand slam que siempre se juega en el mismo lugar, pero que tiene un encanto muy particular. El Augusta National Golf Club, que desde este jueves reúne a los mejores jugadores del mundo una vez más, mantiene una serie de tradiciones que hacen del certamen una experiencia única para quienes aman este deporte, y también para los curiosos.

El torneo se juega desde 1934 y siempre termina el segundo domingo de abril. Pero las puertas del club sede se abrieron un año antes, en enero de 1933. Fundado por Bobby Jones y Clifford Roberts, el club mantiene una reserva muy grande sobre la identidad de sus socios, aunque ha trascendido la membresía de uno que otro famoso.

Durante muchos años, no se permitió que ni mujeres ni gente de raza negra fuera socia del Augusta National. Esas reglas fueron cambiando con el paso de los años. La ex secretaria de Estado Condoleeza Rice fue una de las primeras mujeres en ser socia, en 2012.

Pero la tradición más famosa del Masters es la chaqueta verde, que solamente pueden usar los socios del club y los ganadores del torneo, que comenzaron a recibirla a partir de 1949, con la salvedad de que solamente la pueden llevar a su casa el año en que ganaron el torneo. A su regreso para defender el título, deben devolverla, pero la tienen a su disposición para usarla durante su permanencia dentro del club.

Solamente un jugador ha roto esa regla, y lo hizo para siempre. “Cuando Gary Player ganó por primera vez el Masters, en 1961, se llevó la chaqueta para Sudáfrica. Cuando regresó a Augusta, no la llevó. Clifford Roberts lo recibió y le dijo “La chaqueta, por favor”. Y Gary le respondió: “Ve por ella, está en Sudáfrica”. Ni Roberts viajó por ella ni Player la devolvió nunca”, recordó Germán Calle, columnista de EL TIEMPO.

Jack Nicklaus

Jack Nicklaus, el más ganador del Masters. Se impuso seis veces, entre 1963 y 1986.

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AFP / Archivo EL TIEMPO

El ganador del año pasado es el encargado de ponerle la chaqueta verde a su sucesor. Si es el mismo jugador, el encargado es el presidente del Augusta National Golf Club. La talla se calcula en la última ronda, mientras se manda a hacer una sobre medidas. Pero no siempre funciona el cálculo.

En 1963, cuando Jack Nicklaus ganó por primera vez el Masters, la chaqueta que le pusieron le quedó grande. “Parecía un abrigo”, dijo Nicklaus. Uno de los socios del Augusta National, el exgobernador de Nueva York John Dewey, le cedió al mejor jugador de la historia su chaqueta de socio. Nicklaus apenas vino a poder usar esa primera chaqueta, y que le quedara bien, en ¡2009!

Todo el circo que arman es muy lindo. Es disfrutar después
de ganar semejante torneo. Ahí te das cuenta de la dimensión del triunfo

Otra de las grandes tradiciones es la cena de campeones, que se realiza el martes previo al comienzo del torneo. Se realiza desde 1952, es decir, este año se cumplen 65 años de la primera comida, que ofreció Ben Hogan. A la cena asisten todos los jugadores que hayan ganado el torneo, así no participen en la edición vigente, aunque cabe anotar que el Masters es el único de los cuatro majors que le da cupo vitalicio al que se ponga la chaqueta verde.

El menú es escogido por el ganador de la edición anterior. Y claro, la cuenta de la cena también es para él... Danny Willett, el vencedor de 2016, escogió un menú típicamente inglés este año: pastel de carne con puré de papa y asado de ternera y cerdo. “Es un menú que me recuerda mi infancia”, dijo Willett.

En su paso por Bogotá hace un par de meses, para jugar el Club Colombia Championship, el argentino Ángel Cabrera, único latinoamericano en ganar el Masters, recordó cuál fue el menú que escogió: “Obviamente, asado argentino. Bifé de chorizo, empanadas, vino argentino, flan con dulce de leche, todo argentino...”.

Ángel Cabrera

El argentino Ángel Cabrera, único latinoamericano en ganar el Masters. Fue en 2009.

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Efe / Archivo EL TIEMPO

Pero hay cenas para todos los gustos: Tiger Woods, en su momento, ofreció hamburguesas con papas. El español José María Olazábal, paella en una de sus victorias, y en la otra, merluza a la vasca. Eso sí, si a alguno de los invitados no les gusta el menú, en el Augusta National tienen preparados, por si acaso, algunos filetes, algo de pescado y pollo.

Pero no es la única de las tradiciones de Augusta que tiene que ver con la comida. La otra es abierta al público. El bocadillo más tradicional que se consigue en el Masters es el pimento cheese, un sándwich hecho con pimentón, queso y mayonesa, cuya receta es exclusiva de Augusta. Viene envuelto en una bolsa con el logo del torneo. Verde, por supuesto.

“La fórmula la tienen en Augusta y nadie es capaz de hacerlo igual. Y siempre ha costado lo mismo: 1,50 dólares (unos 4.300 pesos)”, contó Calle.

El otro torneo

Un torneo no tan famoso, pero no menos importante, se juega los miércoles, antes de la primera jornada. En el Masters no hay Pro Am, sino un concurso en el que los participantes solamente juegan los hoyos par 3. Este año no se pudo disputar, por primera vez en 57 años, por motivos climáticos.

Este concurso se volvió tan atractivo que se televisa desde 2008. Los cadis ese día son niños. Y en él hubo jugadas memorables. Como, por ejemplo, el hoyo en uno que hizo Gary Player en 2016, a los 80. O una jugada llena de magia que tuvo como protagonista al fijiano Vijay Singh, campeón del Masters en 2000.

“En el 2009, Singh estaba en el hoyo 16. Hay un tiro que allá llaman de ‘pan y quesito’ y que acá en Colombia llamamos ‘de patito’, y es que la bola pique en el agua y llegue al green. Pues Singh es el único que ha hecho hoyo en uno. ¡La gente se volvía loca!, expresó Calle.

Y no solo con eso la gente se vuelve loca. Cada año, el acceso al Masters se vuelve más apetecido. “Desde que llegas a la puerta y caminas por Magnolia empiezas a sentir el Masters. La reventa es grande, la entrada es muy difícil, no se puede llevar el celular prendido. Si te metes por donde no es, te sacan y no puedes volver a entrar, pero en cada rincón es un templo”, recordó el periodista Iván Mejía, quien asistió en 2008, cuando ganó el sudafricano Trevor Immelman. “Los que han ido a muchos Masters pasan por el lado de uno y dicen ‘de ahí le pegó Arnold Palmer, de ahí hicieron tal golpe’. Todo golpe tiene una historia, detrás de cada árbol hay un fantasma contando historias”, agregó.

Si cada árbol tiene una historia, hay uno que, tal vez, es el más famoso del Augusta National: el Oak Tree, un roble centenario que está a la entrada del club y que sirve de punto de encuentro para jugadores y aficionados. Allí también es la atención a la prensa.

Hay muchas más tradiciones, como el golpe de los campeones, que es el tiro honorífico de las grandes figuras que da inicio al torneo, y que este año no tuvo en el tee a Arnold Palmer, quien falleció el año pasado. O como las tradicionales pizarras para mostrar los resultados, que aún son manuales. O como las más de 80.000 plantas que hay en el campo. O como los tres tradicionales puentes, Hogan, Nelson y Sarazen, nombrados así en homenaje a esas tres grandes figuras. Augusta es el único campo que recibe un major todos los años. Y que mantiene viva la memoria del golf.

José Orlando Ascencio
Subeditor de Deportes
@josasc

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