Cimarrones, toda la alegría y el orgullo del Chocó

Cimarrones, toda la alegría y el orgullo del Chocó

El equipo derrotó en la final de la Liga de Baloncesto local al favorito, Fastbreak.

Cimarrones de Chocó

Cimarrones de Chocó, campeones de la Liga profesional de Baloncesto colombiana.

Foto:

Juan Pablo Rueda / CEET

06 de agosto 2017 , 09:23 p.m.

Bastaba con ver cómo el coliseo Evangelista Mora, de Cali, se estremecía a ritmo de la chirimía que la pequeña colonia chocoana puso a sonar luego de que Cimarrones, en un cerrado duelo, le ganó el título de la final de la Liga Profesional de Baloncesto local a Fastbreak, el inmensamente favorito por todos los triunfos que consiguió durante el torneo. 

Por segunda vez en la historia, este quinteto humilde, sin grandes figuras y con hambre de darle a uno de los pueblos más victimizados una alegría atronadora dentro de su contexto social, se sube al Olimpo. Son lo más grande que tiene el Chocó.

Las lágrimas y las risas se confundieron en el maderamen después de alzarse con el título. Abrazos iban y venían. La definición fue tremendamente emocionante. Cuando quedaban apenas 1,9 segundos de partido, Cimarrones estaba arriba por dos puntos, pero dos tiros libres a favor de Fastbreak mandaron todo al tiempo extra. La esperanza chocoana nunca cayó y, aferrados a ella, terminaron ganando 79-82. Todos pronunciaron un grito sagrado: ¡campeones!

Aunque es un campeonato que Cimarrones que ganó con méritos, siendo un equipo que hizo de su casa, el coliseo El Jardín, un total fortín, en el que los aficionados corean una y otra vez “¡Chocó, Chocó, Chocó!”, este triunfo no se hubiera dado de no ganarle en el escritorio la semifinal a Academia de la Montaña.

Cimarrones

Los jugadores de Cimarrones celebran el título.

Foto:

Juan Pablo Rueda/EL TIEMPO

Cuando ya habían perdido la serie semifinal 2-1 con Academia y la ilusión por ganar la Liga se vio relegada a un próximo campeonato, una reclamación por la no participación de dos jugadores extranjeros, como lo estipula el reglamento, terminó quitándoles el cupo a los antioqueños y devolviéndoles la ilusión a los chocoanos.

Ya en la final salieron a representar a todos los habitantes de este departamento, que cada vez que juega Cimarrones visten sus camisetas y arman grandes fiestas al ritmo del bunde chocoano, que se escucha y baila en todos los rincones de esta región. Al verse ubicados en el mapa del país por el baloncesto, la energía que dejan los chocoanos en la cancha es enorme, y eso les valió el título.

La gente del Chocó se merece todo el cariño”, dijo el venezolano Jhornan Zamora, elegido el jugador más valioso de la final, viendo cómo toda esta zona del país, criada con sardinas, chontaduro y árbol del pan, que chupa caña dulce en Istmina y en donde se es feliz en el San Juan, merece cualquier tipo de alegría que la aleje de ese olvido del Estado, que la tiene viviendo sin grandes lujos pero disfrutando de momentos significativos y gloriosos como este título de Cimarrones.

Obreros

Este conjunto no tuvo una nómina de lujo. Al igual que su pueblo, fue un equipo de obreros que trabajó cada triunfo hasta el último encuentro. Mostró hambre y ganas de hacer bien las cosas. Su gran abanderado, sin dudas, fue Édgar Moreno, un jugador que lo ha dado todo por su pueblo para que deje de ser un lugar fantasma en el noroccidente de Colombia.

Quiero trabajar por el Chocó” ha sido durante muchos años el mensaje de Moreno. Ese mismo legado se lo transmitió a sus compañeros de equipo, que lo sintieron como propio y, asimismo, quisieron superar las 33 batallas en las que lucharon por ganar el campeonato.

Cimarrones

Los jugadores de Cimarrones celebran el título.

Foto:

Juan Pablo Rueda/EL TIEMPO

Este sacrificio fue fuerte, y lo logramos. Hace rato, en el Pacífico se está mejorando en el baloncesto colombiano. Lo queríamos, lo soñábamos y lo logramos. Estoy seguro de que nuestro pueblo, nuestra gente, está llorando y celebrando con nosotros”, afirmó Eleuterio Rentería.

Ahora esos ritmos del Pacífico, en los que sobresalen saxofones, tambores, alegría, bailes y los colores verde, amarillo y azul, estarán presentes en la próxima Liga de las Américas.

El baloncesto celebra, Chocó se alegra y la fiesta, a ritmo de chirimía, se extenderá por varias semanas en el parque Manuel Mosquera Garcés, frente a la Gobernación del Chocó.

FELIPE VILLAMIZAR M.
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @FelipeVilla4

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