La bicicleta, el nuevo reto de Juan José Florián

La bicicleta, el nuevo reto de Juan José Florián

Ya se había destacado como nadador paralímpico y ahora quiere llegar a Tokio 2020, pero en ciclismo.

Juan José Florián

Juan José Florián tuvo una grata experiencia en Holanda, donde pudo comprobar que tiene futuro para el ciclismo paralímpico.

Foto:

Archivo particular

14 de agosto 2017 , 10:13 p.m.

Juan José Florián ya se había demostrado a sí mismo que podía ser un buen deportista, a pesar de su condición de discapacidad. Obtuvo títulos nacionales y algunas medallas internacionales en natación. Se quedó con la frustración de no ir a Río 2016, pero ahora busca otros Paralímpicos, los de Tokio 2020, pero en otra disciplina, el ciclismo.

Florián, de 34 años y soldado profesional, perdió las dos manos, la pierna derecha y la visión del ojo derecho el 12 de julio de 2011, luego de que el bloque oriental de las Farc dejó frente a su casa un paquete explosivo, porque su mamá se negó a pagar ‘vacuna’. Estuvo 12 días en coma inducido. Cuando despertó, cayó en un estado de depresión. La natación lo ayudó a superarlo.

Durante un tiempo abandonó el deporte y se dedicó a sacar adelante su carrera de Psicología, en la Universidad Sergio Arboleda. Pero se dio cuenta de que le hacía falta algo. Ahí decidió cambiar de disciplina.

Me dio envidia de la mala ver a muchos con los que yo competía en los Paralímpicos. Quise volver, pero empecé a pensar en qué otro deporte podía competir

“Me dio envidia de la mala ver a muchos con los que yo competía en los Paralímpicos. Quise volver, pero empecé a pensar en qué otro deporte podía competir. Me asesoré con Álvaro Galvis, con Néstor Ayala, que son ciclistas paralímpicos. Me dijeron que, por mi discapacidad, yo podía ser categoría C1 (que solo pueden pedalear con una pierna o con dos prótesis). Pregunté cuántos C1 había en Colombia y me dijeron que ninguno. Ahí me dije: ‘Me voy para el ciclismo”, recordó Florián.

Juan José Florián

Al principio no fue fácil para Juan José, la adaptación a la bicicleta, pero poco a poco tomó el ritmo.

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Archivo particular

Lo primero que tuvo que hacer Juan José fue buscar la bicicleta y adaptarla. “Recorrí muchas ortopédicas y me cerraban las puertas. Me preguntaban si estaba loco, que si una persona con las dos piernas se caía de la cicla, a mí me podía pasar algo más grave. Lo único que yo decía cuando me aconsejaban eso era: ‘Este ‘man’ no me sirve’. Seguí insistiendo”, dijo.

Las primeras adaptaciones para poner los muñones en el manubrio de la bicicleta se las hicieron en un taller de ornamentación, ¡en hierro! Los brazos se zafaban. La solución estuvo en internet.

“Empecé a buscar a otros ciclistas en condiciones parecidas y no hay muchos. Me encontré a un español que se llama Ricardo Ten, su caso es parecido al mío, solo que tiene el brazo izquierdo un poco más corto que el mío y la amputación en la pierna fue por debajo de la rodilla. Logré contactarlo y él me mandó imágenes de la adaptación que le hicieron a su bicicleta”, explicó.

Ya con un modelo, Florián encontró a la persona que le podía ayudar. Se llama Pedro Fonseca. “Él me decía que nunca había hecho unas prótesis de ese tipo, pero que una vez le hizo una mano a un caballo. Y que si había hecho caminar al caballo, entonces me iba a poner a mí a montar en bicicleta”, señaló.

El asunto de las prótesis fue apenas el primero de los problemas que debió solucionar Juan José. ¿Cómo iba a frenar? “En el 7 de Agosto, un par de ‘pelados’ entusiastas empezaron a ensayar. Mi entrenador me dijo que había visto alguna vez que unos ciclistas chinos frenaban la bicicleta con la parte de atrás del sillín, pero imagínese… La solución era frenar con la pierna”, dijo. Le instalaron los frenos por debajo de la caramañola, para que parara la bicicleta con la rodilla.

Estábamos en eso, probando los frenos, cuando se me atravesó una señora con unos audífonos puestos. La frenada fue en seco. Comprobado: servían

El ensayo del experimento se hizo en los alrededores de la biblioteca Virgilio Barco, en Bogotá, con un rotundo éxito, pero pudo ser muy accidentado: “Estábamos en eso, probando los frenos, cuando se me atravesó una señora con unos audífonos puestos. La frenada fue en seco. Comprobado: servían”.

Otro reto técnico: los cambios. “Si yo llegaba a sacar el brazo de la cabrilla, había mucho riesgo de caerme. Conseguimos unos cambios electrónicos para la bicicleta. Entonces yo les dije a los muchachos: ‘Ensayemos con la boca’. Y así fue, me instalaron unos botones en la cabrilla, yo apoyo con los labios y, luego, con la lengua, oprimo unos botones, para arriba y para abajo”.

Juan José Florián

La natación le abrió las puertas al deporte, disciplina en la que tuvo éxito en las diferentes competencias.

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Santiago Saldarriaga / ETCE


Cada vez se tiene más confianza para maniobrar la bicicleta. “A veces, como los brazos van fijos, me sudan mucho. Entonces, saco un brazo para que se refresque, luego saco el otro. De resto, todo el trabajo es de la pierna, aunque el muñón tiene una adaptación para que yo pueda hacer algo de fuerza para pedalear. No mucha. Y solo tengo una posición en la bicicleta, así que al cansancio de la pierna se suma el de la espalda. Pero uno al final se divierte con esto”, declaró.

La Corporación Matamoros, que apoyó su carrera como nadador, también terminó haciéndose cargo de la bicicleta. Y el Hospital Militar también le va a ayudar a hacer otras adaptaciones que necesita. Pero Florián sigue buscando recursos para tener un mejor equipo.

Tengo una sola bicicleta. En esa entreno, en esa hago pista, en esa hago ruta y en esa también es en la que salgo a hacer los mandados

“Tengo una sola bicicleta. En esa entreno, en esa hago pista, en esa hago ruta y en esa también es en la que salgo a hacer los mandados”, dijo, riéndose.

Viaje a Holanda

Florián lleva cinco meses encima de la bicicleta. No es el primer vehículo que conduce. Hace más de un año recorre las calles en un carro, un Chevrolet Aveo adaptado. Incluso ha viajado hasta Riohacha: “Tuve líos para que me dieran la licencia. No porque no pudiera manejar, sino porque cuando fui a validar el curso de la academia, me exigían la huella digital”.

Después de pelear y lograr, tocando muchas puertas, que le expidieran el pase, a Florián le quedó claro que nada le iba a quedar grande. Así que comenzó a programarse para ir a Holanda, a una Copa del Mundo en la que el Comité Paralímpico y la UCI le iban a hacer la clasificación funcional.

La primera puerta que toqué fue la de la Corporación Matamoros. Me dieron el 70 por ciento. Y luego, les presenté la idea a las Damas Protectoras del Soldado. Me ayudaron con lo que faltaba”, expresó.

Le tocó viajar solo a Holanda. No había presupuesto para un acompañante: “Tenía que estar pendiente de mi maleta, de la maleta de la bicicleta, y además, yo, cero inglés. Pero allá llegué: solo, sin las manos, sin una pierna y sin un ojo”.

Juan José Florián

Su mayor ilusión está puesta en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, cita a la que aspira clasificar.

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Archivo particular

En la prueba contrarreloj, de 17 kilómetros, Florián quedó en el puesto 14 entre 17 ciclistas, a cinco minutos del campeón. Y en la de ruta, que era un circuito de 72 kilómetros, después de los primeros 40 le tomaron una vuelta.

Ya sabe que tiene que seguir trabajando. “Quedé muy feliz con esa experiencia. A mí me preguntan cuántos kilómetros recorro al día. Digo que 60, 70 kilómetros, y se asombran. Pero eso no es nada para el nivel que se necesita. Tengo que rodar 120, 150 kilómetros diarios”, puntualizó.

Pero la mejor noticia que recibió en Holanda no fue esa. Volverá a ser padre. Ya tiene una hija, Laura. Su novia, Angie, le dio la noticia a distancia, en plena Copa del Mundo. Esa es otra motivación: a comienzos de julio ya se coronó campeón nacional y ahora sigue con la meta, así le toque solo y cuidando sus maletas, de llegar, ahora sí, a unos Paralímpicos, los de Tokio, dentro de tres años.

José Orlando Ascencio
Subeditor de Deportes
@josasc

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