Estos son los verdaderos enemigos de los Juegos Olímpicos de Río

Estos son los verdaderos enemigos de los Juegos Olímpicos de Río

La ciudad está colapsada y trancada.

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Las filas en Río de Janeiro.

Foto:

Archvo particular

04 de agosto 2016 , 11:00 p.m.

Cuando más afán hay, más problemas se presentan. Y eso es lo que pasa en Río de Janeiro, en los Juegos Olímpicos de las colas y en los que las soluciones a los problemas son muy lentos y ocasionan pérdida de tiempo.

No solo les pasa a los deportistas, periodistas y a los mismos dirigentes, también a la gente del común que se ve perjudicada por el caos que se tomó a la ciudad.

Cuando uno se presta para hacer su trabajo, ojo, el que sea, pues hay que, primero, meterse en la cabeza que el tiempo es oro y que hay que hacerle el quite a los inconvenientes que existen en una ciudad que por varias horas del día está colapsada.

Hay colas para entrar a la oficina de prensa, para coger el transporte, para entrar al baño, para reclamar los boletines, para pedir asistencia tecnológica, para ingresar a la sala de prensa y hasta para comer.

Pero el problema no son las colas, el tema es la demora, no hay tiempo para esperar y esperar. Un ejemplo, para usted ingresar a la sala de prensa principal las vallas no son suficientes y el parque se queda pequeño, porque la fila de personas es interminable.

Hay que armarse de paciencia , porque no solo el ingreso es lento, sino porque hay que cruzar los dedos para que su código de barras de la credencial esté activo, de lo contrario, pues se demorará más, porque lo llevan a una carpa especial para validar su acreditación. ¡Y rece para que cuando vaya a marcar aparezcan sus datos!

A la hora del almuerzo, pues es imposible. No es bueno que el hambre ataque a las 12 o una de la tarde, porque se demorará más o menos dos horas en entrar al restaurante, pedir la comida, pesar el plato y pagar un alto precio por un plato normal, más o menos unos $53.000.

La gente del común también sufre. Una aseadora del centro de prensa gasta de su casa a la zona de Barra de Tijuca unas dos horas, porque el transporte está pesado en todos los lugares de Río de Janeiro.

Los trancones no solo son en Bogotá, acá también el tránsito es un dolor de cabeza, andar a 30 kilómetros por hora es casi imposible, sobre todo en las autopistas, a las que le robaron un carril que hoy se llama preferencial para que transiten los carros oficiales de la organización.

Para tomar un taxi, cola, un bus, una cola más larga, y cuando usted va a ingresar, pues no hay cupo, le cierran la puerta en la cara y lo obligan a esperar 30 minutos más. Vaya contando el tiempo que ha perdido.

Las competencias no han comenzado y por lo que se ve, pues hay que aguantar y llenarse de paciencia para hacer su trabajo, de lo contrario, coja el avión y devuélvase. Ya se pueden imaginar lo que irá a pasar este viernes en cercanías del estadio Maracaná, lugar en el que será la inauguración. Bueno, usted lo podría vivir en carne propia si es que le alcanzó el tiempo para hacer la cola y cuando llegó al mostrador le informaron que todavía había entradas disponibles, de lo contrario, perdió el tiempo.

LISANDRO RENGIFO
Enviado especial de EL TIEMPO

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