Ari López, el golfista que nunca da un paso atrás

Ari López, el golfista que nunca da un paso atrás

En el 2008 perdió parte de su pierna izquierda. Hoy lucha por ganarse su lugar como profesional.

Ari López

Así como tiene un gran ‘swing’, Ari López también posee un buen ‘putt’, gracias a la tranquilidad y la calma con la que juega.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

29 de abril 2017 , 09:29 p.m.

¿Usted qué hace?–, le preguntó el ortopedista en una tarde de septiembre del 2008.

–Pues yo soy golfista profesional–, contestó el paciente que en ese momento estaba en etapa de rehabilitación.

El especialista, sin mirarlo y en tono arrogante le advirtió “olvídese del deporte, porque yo no conozco a ningún golfista que juegue con prótesis y usted tampoco lo va a ser…”.

Estas palabras fueron una estocada para Ari Joel López Celis, pero como los toros de casta, que muestran su bravura y su temple cuando los puyan, no se amilanó y, por el contrario, se propuso que volvería al golf profesional con una pierna amputada y jugaría mejor que antes de sufrir el dramático episodio en el que perdió parte de su pierna izquierda. ¡Y así fue!

El 18 de marzo del 2008, Ari departía con unos primos y amigos en un establecimiento ubicado al norte de Bogotá. Al pasar el rato entre cerveza y cerveza se calentó el ambiente y de un momento a otro, un joven de los que se encontraba allí salió de pelea y se fue, pero a los minutos regresó con un arma de fuego. El golfista intentó detenerlo, pero se encontró con dos disparos. Una de las balas dio en la pierna de Ari que provocó una herida que afectó el fémur.

Ari López

Así como tiene un gran ‘swing’, Ari López también posee un buen ‘putt’, gracias a la tranquilidad y la calma con la que juega.

Foto:

Archivo EL TIEMPO


“La bala entró, destrozó el hueso y la arteria femoral. Aunque intenté levantarme, la pierna no respondió. Después de eso perdí el conocimiento”, describe.

Tras el incidente, fue llevado al hospital Simón Bolívar inconsciente y en estado grave. Cuatro días después sin presentar ninguna evolución médica, el galeno que lo recibió diagnosticó que si no le amputaban parte de la pierna lo más cercano era la muerte. “O le cortamos la pierna o lo enterramos”, indicó. Gumercindo López, su padre, quien fue campeón nacional del Abierto de golf Colombia y quien le había inculcado a su hijo el amor por el deporte, tuvo que tomar la decisión.

Después de siete días de estar recluido en cuidados intensivos, Ari despertó.

“Cuando reaccioné a la semana yo sentía que la pierna estaba ahí, pero solo como al tercer me di cuenta de que no la tenía. El cerebro tenía la información de la pierna, pero ya no estaba. Fue difícil y lo primero que pensé es que no volvería a conducir un auto”, contó Ari Joel, quien hoy tiene 36 años.

A pesar del duro momento, este bogotano no perdió la entereza y aceptó con dignidad su condición física, su nueva vida. A los dos meses del incidente, Ari regresó al club Guaymaral para seguir en su trabajo, acompañando a su papá, y casi enseguida retomó sus prácticas.

“Un día cogí un palo y unas pelotas y comencé a darle a la pelota y luego seguí con la ayuda de unas muletas. Así pude jugar un torneo profesional, y aunque no se dio el resultado esperado, me di cuenta que se podía”, relata. Fue el impulso que necesitaba.
Al quinto mes de rehabilitación recibió la prótesis, y eso fue el inicio de otro proceso.

“Empecé de ceros, pero hoy puedo decir que juego mejor. Tengo más paciencia y tranquilidad para tomar la mejor decisión en el campo de juego, antes era muy acelerado. Tengo mi tarjeta profesional y la idea es participar en la mayoría de torneos para entrar en el escalafón”, agregó el padre de los pequeños Jerónimo (6 años) y Juana (8 meses) y quien jugará en la tercera semana de mayo el torneo del Club Campestre, en Bogotá.

Con muchos proyectos

Ari lidera, además, la fundación Juntos por el Deporte, que cuenta con el apoyo de unos socios del club Guaymaral, que quisieron empujar y ponerle orden al proyecto en la parte administrativa.

“La idea es trabajar con víctimas del conflicto, principalmente en la reintegración a la vida social de los guerrilleros a través del deporte y el golf. También busco trabajar con niños, porque considero que este es un deporte que permite un mayor desarrollo. No ha sido fácil, incluso, hace un par de años pensé en acabar la fundación, pero la idea ya tomó forma y ahora es cuestión de seguir trabajando día a día, no hay que desistir, buscamos historias de vida”, explicó.

Ari también busca crear una liga para golfistas amputados, como ya existe en Estados Unidos, Suráfrica, Asia, Europa y Australia, pero hasta ahora ha encontrado más puertas cerradas que oportunidades. Sin embargo, esto tampoco ha sido obstáculo para aplacar todas las ilusiones que tiene.

Entre sus retos está ir a Tokio 2020 o asistir a unos paralímpicos. “El golf para mí no es solo un deporte, es mi estilo de vida, el trampolín que necesito para alcanzar metas. Quiero demostrar que las personas con una discapacidad sí podemos, y que no somos los ‘pobrecitos’ de la sociedad. Tenemos capacidad para poder hacer realidad nuestros sueños”, concluyó.

JAVIER ARANA
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @arana_javier

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