El clásico inolvidable… (Opinión)

El clásico inolvidable… (Opinión)

Enfrentar a Millos en una final de campeonato es una historia aparte. Es, sin duda, el reto supremo.

11 de diciembre 2017 , 09:43 p.m.

Quienes somos hinchas de Santa Fe hemos tenido en estos últimos cinco años varios motivos de alegría. De durar 37 años con las mismas seis estrellas pasamos a una época pródiga en finales disputadas y títulos alcanzados.

Pero enfrentar a Millonarios en una final de campeonato es una historia aparte. Es, sin duda, el reto supremo. Porque una cosa es ganar, empatar o perder finales con cualquier otro equipo. Duele o se celebra un poco más si los rivales son Nacional o América. Pero con Millonarios es algo así como la batalla de los mundos.

¿Se imaginan lo que habrá que padecer entre amigos y conocidos que habitan en la orilla de enfrente en caso que se nos dé un resultado adverso? Ni hablemos de Twitter o de Facebook. Pero… ¿Y si se dan las cosas? Qué felicidad tan infinita vivir por siempre de ese recuerdo. Por eso, lo que siento en la víspera de esta final nunca antes vivida es algo asimilable al sadomasoquismo. Unas ganas tremendas de que se jueguen los partidos (porque equipo hay, para qué) pero verdadero pánico de solo pensar que el resultado resulte adverso. Me preocupa mucho el nadadito de perro de Millonarios en esta campaña. Sin alharaca alguna quedaron cuartos, a escasos tres puntos de los líderes.

Algunos hinchas se quejan porque los de Santa Fe estamos pendientes de los tropiezos de Millonarios. Como si los azules no se la pasaran pendientes de lo que hace o deja de hacer Santa Fe. Pues claro que sí. De eso se trata el fútbol. De querer que el equipo del alma gane y al rival de patio le vaya mal. Pero, eso sí, dentro del terreno de la burla, del cruce de vainazos que termina en un abrazo. Nada que ver con matarse por una camiseta.

¿Qué sería de mí sin mis tantos amigos de la vida que son hinchas de Millonarios? ¿Qué sería de mí sin sus burlas cuando le va mal a Santa Fe? ¿Qué sería de mí si no los tuviera a mano para burlarme de las desventuras azules y sacar pecho de los logros cardenales? ¿Qué tal que a nombre del ‘honor de la camiseta’ me negaran su amistad?

Así que, a gozar (y sufrir) estos 180 minutos. Más allá de lo bien, regular o mal que se juegue, más allá de quien gane o quien pierda, para los hinchas azules y rojos de la capital serán históricos.

Al rojo vivo

EDUARDO ARIAS
Periodista
En Twitter: AriasVilla

Columnistas

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