Una de las últimas entrevistas que dio Cabañas, ídolo de corazón rojo

Una de las últimas entrevistas que dio Cabañas, ídolo de corazón rojo

El paraguayo falleció a los 55 años el pasado lunes de un paro cardiorrespiratorio.

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Durante tres años, Roberto Cabañas hizo vibrar a los hinchas del América.

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Archivo / EL TIEMPO

10 de enero 2017 , 08:01 a.m.

Ese 31 de octubre de 1987 se fue la luz en Cali. Sucedió faltando dos o tres minutos para el pitazo final. Todos gritábamos y saltábamos como locos, “campeones, campeones”. Hasta que la bullaranga colectiva fue ahogada por mi tío Ernesto. Él se quedó en un rincón pegado a la transmisión de su radio de pilas y fue el único que escuchó al narrador cantar el gol de Peñarol y a los comentaristas colombianos anonadados por lo que había sucedido en el último segundo fatal. (Lea también: Murió Roberto Cabañas, exjugador de Boca y de América de Cali)

El tío Ernesto lanzó una frase lapidaria: “Gol de Peñarol”. Mamá no lo creyó y rio sin ganas. Pero así fue. Gol de Peñarol faltando un minuto. Los partidos no se acaban hasta que se acaban. Lo aprendimos ese día con rabia.

Paradójicamente, el tío Ernesto siempre fue el encargado de dar malas noticias en la familia. Cuando alguien moría, era quien avisaba. Cuando sonaba el teléfono y era él, a todos les pasaba hielo por la espalda. Desde ese día, mamá no volvió a ver partidos de América y aún hoy se inventa cualquier ocupación para no hacerlo. Se ofusca cuando lloramos o gritamos, cuando perdemos el habla y duramos mudos varios días. “Cosas de hinchas”, comenta. Ella dejó de serlo.

El recuerdo salió a flote este lunes, cuando se supo, muy temprano, de la muerte de Roberto Cabañas, que apenas tenía 55 años y falleció de un paro cardiorrespiratorio. “Tristeza, nostalgia, dolor. Tengo dos hijos hermosos, Daniel y María Antonia. Cuando hablo con gente colombiana me da mucha nostalgia. Estoy aquí, pero creo que estoy en Colombia,; trato de vivir allá, creo que ese es mi mundo. Toda mi vida fue Colombia, no Paraguay. Hoy estoy aquí de casualidad. Pero algún día voy a volver a estar allá”, fue lo primero que dijo Cabañas ese día desde Paraguay, cuando lo llamé para hablar sobre el América de Cali y para que compartiera sus recuerdos de esa época dorada de ‘La Mechita’. Aunque también jugó en Medellín y Real Cartagena, su corazón en Colombia era rojo.

“Es complicado cuando uno quiere agarrar todo. Uno no puede con todo. Yo escogí el fútbol, me dediqué íntegramente, pero después lo que me hizo falta, lo que lloré cuando ya no sabía qué hacer. Cuando la gente ya no me conocía, porque uno se acostumbra a que la gente lo conozca, que le dé su saludo, cosas así. Y hay veces que vos caminás por la calle y nadie te conoce. Si querés abarcar demasiado, es muy difícil. La vida es cortita. Yo te lo digo.

(Además: Reacciones del mundo del fútbol con la muerte de Roberto Cabañas)

Uno tiene fuerza hasta los 40 años y después viene una decadencia. No dejés de vivir, seguí viviendo y disfrutando al máximo. El trabajo tampoco es todo ni te va a dar la felicidad ni mucho menos la tranquilidad. La vida es así. Hay momentos felices, tristes, difíciles, y cuando parece que todo acabó y viene la oscuridad, de vez en cuando aparece la estrella. En el día de las velitas, que ustedes lo celebran en Colombia, si hay alguna velita que está restando, que de pronto no quiera prender, vos decís: voy a prenderla por un amigo que tengo en Paraguay muy lejos de aquí”. Eso me lo dijo el 7 de diciembre, hablando de la luz, como si presintiera su muerte.

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ultima entrevista de roberto cabanas

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La última vez que recibí un mensaje de Roberto fue el lunes 26 de diciembre de 2016. Era un saludo de Navidad y Año Nuevo. Ya entonces yo notaba mucha tristeza y nostalgia en su voz y en la forma en que escribía.

Esta entrevista resume varias conversaciones telefónicas, mensajes de audio y mensajes de texto intercambiados entre el primero y el 26 de diciembre de 2016, que hacen parte del libro ‘Y dale Rojo dale’, que estará próximamente en el mercado y cuenta la historia del regreso del América a la categoría A del fútbol profesional colombiano. Roberto, generosamente, compartió conmigo sus recuerdos en la que pudo ser una de sus últimas entrevistas.

¿Qué significó el América en su vida?

América me dio todo, lastimosamente no pude darle lo que todos soñábamos, que era la Copa Libertadores. Fue algo que quedó en mi corazón porque teníamos todo en la mano. Hoy no tengo críticas hacia nadie, solo creo en la realidad y en Dios, que es el que te da lo que él quiere. Mis compañeros y yo dimos al máximo para tratar de lograr por primera vez algo internacional, y no pudimos. No me arrepiento. Lo intenté. Fracasa quien no intenta. A mí me tocó fracasar. Me quedé con una deuda, y ya no la puedo cumplir. Pero ‘La Mechita’ y sus fanáticos están en mi corazón.

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La final más triste de Copa Libertadores fue la que se perdió contra Peñarol en 1987. ¿Qué recuerdos tiene de ese día en particular?

Fui el único jugador que marcó goles en todas las finales (uno en Cali y uno en Montevideo). Pero cuando el equipo más me necesitaba no pude. No tuve oportunidad de hacer goles contra Peñarol en ese partido de Santiago. Recuerdo cuando se perdió la final en el 87 viendo que mis compañeros lloraban, quebraban vidrios de los baños. Me hice a un lado a pensar por qué Dios no me dio la oportunidad de darle ese título a Colombia. Humildemente les ofrezco disculpas. Hice hasta donde pude, pero a veces no te alcanza.

A usted en ese partido lo expulsaron. En los últimos minutos del juego, usted ya desesperado, empieza a lanzar balones a la cancha para provocar la suspensión del partido. ¿Qué fue lo que pasó exactamente?

Yo tiré esos balones, es cierto. Intuía que mis compañeros no iban a aguantar ese partido. Lastimosamente, a mí me expulsaron y traté al máximo de ganar tiempo, pero nada sirvió. Quizás fue irresponsabilidad; quedamos con diez hombres. Si yo hubiera estado, las cosas iban a ser diferentes. Ellos me mandaron un hombre (José Herrera, que también fue expulsado) que me tenía que seguir todo el partido. Un día, estando ya juntos en Boca, el maestro Tabárez me dijo: “Cuando a vos te expulsaron, yo sabía que ganaba la Copa, porque el único jugador que podía hacer la diferencia en el América eras vos”. Es triste contar esta historia después de tantos años, pero me alegra que la gente lo sepa. No solo se vive de la gloria, también de los fracasos. Soy un ser humano, y quizás en ese momento me equivoqué. Ofrezco disculpas a todos los americanos.

(Además: Roberto Cabañas, el 'mago de las cabañuelas')

¿De ese equipo había alguien, algún compañero con quien tuviera una relación especial?

No. Jamás tuve afinidad ni con uno ni con otro. Para mí fueron compañeros y profesionales.

¿Por qué no tuvo relación con ninguno? ¿Por qué la distancia?

Creo que todos éramos diferentes. Y yo más. Mi vida era trabajar, nada más. Yo no fui a hacer amigos.

De todo el tiempo que estuvo en América, ¿qué es lo que más recuerda? ¿Algún partido? ¿Algún título? ¿Algo en especial?

Al estar en un equipo como el América, todos los partidos eran finales. En seis clásicos contra el Deportivo Cali marqué nueve goles. Espero que todavía les duela.

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¿Cómo era su relación con el médico Gabriel Ochoa?

Para mí, toda la vida fue profesional. Quien me quiera maltratar de la forma que él lo hacía, no es mi estilo de vida. Jamás nos llevamos bien con el médico. Él tenía su forma de ver y pensar, y yo la mía. No fui rebelde, solamente quise demostrar quién era yo como profesional. Jamás estuve de acuerdo con lo que él hacía; un dictador no va a manejar mi vida, que la gente sepa que por eso me fui del América. Él no me dejó despedirme de la gente como yo quería.

¿Usted es hincha de América?

¡Cómo no, si me dio tanto! Mis hijos Daniel, Antonia y Carolina, también.

¿Qué le quedó de todo eso?

El futbolista muere dos veces. Una cuando deja el fútbol. A mí dejar el fútbol me desequilibró totalmente. No sabía ni para dónde irme, para dónde tirar, acostumbrado a correr, a hacer ejercicio y de un momento a otro dejé el fútbol y me desubiqué totalmente. Estar solo es muy duro, y más todavía después de dejar el fútbol.

ALEJANDRA LÓPEZ GONZÁLEZ
Para EL TIEMPO@lucreciackerman

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