Zinedine Zidane, el hijo de inmigrantes que hizo al Real campeón

Zinedine Zidane, el hijo de inmigrantes que hizo al Real campeón

El francés podría tener una segunda Liga de Campeones como entrenador.

Zinedine Zidane

Zidane ha sido un técnico exitoso con el Madrid, pese a que llegó a su banco con poca experiencia.

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EFE

02 de junio 2017 , 12:30 a.m.

A pesar de su timidez, Zinedine Zidane demostró carácter desde muy pequeño. A los 14 años dejó su casa con la idea de cumplir su sueño de triunfar en el fútbol. Cuando joven quería ser como Enzo Francescoli, el uruguayo que tiene pedestal propio en River Plate. Con los años, logró mucho más que Enzo: fue campeón mundial como jugador, ya ganó una Liga y una Champions con el Real Madrid como entrenador y ahora podría convertirse en el primer entrenador en obtener el título de clubes más importante de Europa durante dos años seguidos, desde que la Liga de Campeones adoptó su actual formato,

Zinedine no es el primer Zidane con fama en el fútbol. Antes hubo otro, argelino. Se llamaba Djamel Zidane e hizo parte de la selección de su país en los mundiales de España 1982 y México 1986. En esa primera Copa del Mundo, Argelia sorprendió al ganarle a Alemania 2-1. Uno de los goles salió de los pies de Djamel. El equipo africano fue víctima de un burdo arreglo entre alemanes y austriacos, que se pusieron de acuerdo para eliminarlo en el último partido de la fase de grupos: el único resultado que sacaba a los africanos era un 1-0 a favor de los alemanes. El gol llegó a los 10 minutos, y nunca más se acercaron por las áreas.

Para entonces, el joven Zinedine tenía 10 años y vivía en Marsella, a donde habían llegado sus padres, Smail y Malika, argelinos como Djamel pero sin ningún vínculo familiar con él. Ellos llegaron a Francia en 1953, primero a París y luego a Marsella. Un año después estalló la guerra en Argelia, un conflicto que duró ocho años, dejó 200.000 muertos y significó la declaración de independencia de ese país, que hasta ese entonces era colonia francesa.

“Me siento orgulloso de ser un argelino”, dijo Zidane en 1998 cuando visitó el país de origen de sus padres, poco después de ganar el Mundial con Francia. Y ha regresado en varias ocasiones; la última, en diciembre del año pasado, cuando viajó junto a Smail y Malika a Aguemune, la aldea en donde vivieron antes de emigrar a Europa.

El actual técnico del Real Madrid es el menor de cinco hijos. Y muy pocos saben que tiene un segundo nombre: Yazid. El que más lo usa es su padre, Smail, quien siempre lo llamó así, no Zinedine. Smail tuvo que trabajar muy duro para sacar adelante a su familia. Fue pastor y también albañil. Y desarrolló, al no poder tener estudios, una particular afición por la lectura que les transmitió a sus herederos. Y se esmeraba en el cuidado de sus hijos, a tal punto que él mismo les cortaba el pelo.

Criado en La Castellane, una de las zonas más duras de Marsella, Zinedine (o mejor, Yazid) tuvo su primer contacto con el deporte. No fue con el fútbol: fue con el judo. Llegó a ser cinturón verde y desarrolló una plasticidad que después, sin quererlo, aplicaría en el deporte que lo hizo famoso. Recuerden la famosa volea, hace 15 años, con la que le dio la novena corona de Europa al Real Madrid, frente al Bayer Leverkusen, en Glasgow...

El diario español El Mundo reveló hace tres semanas que Smail tiene lista una autobiografía, que aún no ha sido publicada en español. Se llama Por los caminos de piedra. En ella se revelan detalles de la crianza de Zinedine, entre ellos el profundo respeto que le inculcaron por sus raíces argelinas (a tal punto que mientras su mamá le hablaba en francés, su padre lo hacía en el dialecto nativo de su aldea) y la importancia de cuidar el dinero.

Alguna vez, Zinedine, con apenas 5 años, le preguntó a su papá por qué no tenían carro. Apenas en ese entonces, Smail vino a comprar uno, un Renault 12 que estuvo durante más de 13 años en su poder.

Fue tal el sentido de amor por la familia que les inculcó Smail a sus hijos que el día de la final de Francia 98, cuando Zinedine le marcó los dos goles a Brasil para abrir las puertas del primero y hasta ahora único título mundial de su país, no fue al estadio. Ni siquiera vio el partido por televisión. Se quedó en su casa cuidando a su nieto, Luca, quien por entonces tenía dos meses y hoy forma parte del plantel del Real Madrid, como arquero suplente.

A tomar vuelo

Aunque fue hincha del Olympique de Marsella desde niño, sus comienzos en el fútbol no fueron en ese equipo. Arrancó su carrera en el Cannes, para lo cual tuvo que dejar muy pronto la disciplina paterna. Pero no se iba a descarriar.

Inicialmente, el joven Zinedine, con apenas 14 años, llegó a un dormitorio donde vivía junto con otros 20 jugadores. La idea era quedarse seis semanas. Pero un directivo de ese club, Jean-Claude Elineau, vio su talento y se lo llevó a vivir a su casa, mientras terminaba su formación en las divisiones menores del equipo. Zidane reconoció que el apoyo que le dio la familia de Elineau le sirvió para crecer. En esa casa no solo le dieron cariño, sino que le impusieron una disciplina que nunca quebró.

Pasaron tres años para que por fin pisara una cancha como jugador profesional. Fue el 20 de mayo de 1989, en un partido contra el Nantes. No había cumplido 17 años. En el Cannes se quedó cuatro años, jugó 61 partidos, anotó seis goles y al final de la temporada 1991/92, cuando el club descendió, fue transferido al Girondins de Burdeos.

En su segundo club profesional, Zidane comenzó a sorprender al fútbol europeo. En agosto de 1994 fue convocado por primera vez a la Selección de Francia, para un partido amistoso frente a República Checa, cuando comenzaba la reconstrucción del equipo tras haber quedado eliminado de los mundiales de Italia 1990 y Estados Unidos 1994. Se alistaban para ser locales en la siguiente Copa del Mundo y tenían que refrescar el plantel. Dos compañeros del Burdeos, Christophe Dugarry y Bixente Lizarazu, lo acompañaron en esa nueva aventura.

Fue justamente República Checa la que frustró el sueño de Zidane y de todos los franceses de obtener un título oficial, al eliminarla en la semifinal de la Eurocopa de 1996. Ya Zidane era titular y dueño de la camiseta 10. Cuatro años después, con Dugarry, Lizarazu y una nueva generación, levantaron juntos el trofeo de campeones.
Pero antes de que llegara eso, Zidane ya había mostrado que estaba para grandes cosas. Ya para entonces le decían ‘Zizou’, el apodo que lo hizo famoso. Se lo pusieron en Burdeos. En el Cannes le decían ‘Ziz’. Dos compañeros que llegaron con él al Burdeos siguieron llamándolo así, y el técnico del equipo, Rolland Courbis, agregó las otras dos letras.

Pero el apodo no era lo más importante: el 6 de diciembre de 1995, el Burdeos visitaba al Betis, en Sevilla, en los octavos de final de la Copa de la Uefa. Zidane marcó ese día, sin parar la bola y de volea, un gol desde la mitad de la cancha. Ese gol le dio la clasificación a su equipo, pese a perder 2-1, gracias al triunfo 2-0 en el partido de ida. Fue el más importante de los 39 tantos que anotó con ese club, en 176 partidos oficiales.

El Burdeos hizo caer a un gigante en cuartos de final, Milán, y luego sacó al Slavia Praga en semifinales. En la final perdió con el Bayern Múnich, y Zidane ya estaba en la órbita de los grandes: Johan Cruyff, entonces técnico del Barcelona, se lo pidió al presidente José Luis Núñez para reforzar el equipo. No le hicieron caso, y esa fue una de las causas para que el holandés, un símbolo del club, dejara el cargo. El Betis, que había sido víctima de Zidane, preguntó tímidamente por él, hasta que en el club se enteraron de que el jugador tenía un preacuerdo con otro club, otro gigante, Juventus. Allá llegó, a mediados de 1996.

En la Vecchia Signora estuvo durante cinco años, y se fue con la frustración de no haber podido ganar la Liga de Campeones, a pesar de que llegó en dos ocasiones a la final con ese club: en 1996/97 perdieron la final con el Borussia Dortmund, que les ganó 3-1, y al año siguiente repitieron final, pero acabaron perdiendo 1-0 con un club que por primera vez aparecía en su panorama, pero como rival: el Real Madrid.

El título mundial y la revancha en la Eurocopa del 2000, en la que Francia salió campeón, lo puso en la mira de un, entonces, nuevo dirigente del club blanco, Florentino Pérez, quien estaba decidido a pagar lo que fuera para tener estrellas en su plantel. Por eso, a mediados del 2001, Pérez se puso de acuerdo con los directivos de la Juve y se llevó a Zidane, no sin antes dejar 73,5 millones de euros en las cuentas del club italiano. Hasta ese momento era el jugador más caro del mundo.

Futuro blanco

El día que fue presentado como jugador blanco, Zidane dejó claro cuál era su objetivo: “Quiero ganar la Copa de Europa, y la quiero ganar con el Real Madrid”. Y lo hizo en el primer intento, en la temporada 2001/2002, con aquel gol al Leverkusen ya mencionado. Nacía la era de los ‘Galácticos’.

No pudo repetir corona en el Mundial del 2002: se lesionó y apenas pudo aparecer en el último partido de la fase de grupos, contra Dinamarca. El campeón quedó eliminado, con un punto en tres partidos. Cuatro años después, luego de un retiro temporal de la selección, volvió a llevar a Francia a la final en los que serían sus últimos minutos como jugador profesional, pues en abril del 2006, en una entrevista con Canal +, anunció su retiro al final de ese torneo.

Lamentablemente, su última acción como futbolista es muy recordada, pero por violenta. ¿Se acuerdan de que hablamos de que a Zinedine le enseñaron a hacer respetar su familia? Marco Materazzi, zaguero italiano, la insultó. Zidane le respondió con un cabezazo. Expulsión cantada. Pocos recuerdan que fue él quien puso en ventaja a Francia, con un penalti cobrado magistralmente. Y nadie olvida que los italianos se coronaron campeones, en desempate desde el punto blanco.

Cuando anunció su retiro, Zidane dejó muy en claro que quería seguir vinculado al Real Madrid. Dirigió equipos juveniles, fue asistente técnico de Carlo Ancelotti en el equipo que logró la décima Copa de Europa en el 2014, y luego se fue a dirigir al filial, el Real Madrid Castilla, y logró evitar el descenso.

Cosas del destino: mientras todo eso pasaba, el equipo grande estaba en crisis. Ancelotti se fue. Rafa Benítez, su reemplazo, no funcionó. Y en enero del año pasado, Florentino Pérez, el mismo que lo había llevado al club como jugador, le entregó el primer equipo. Zidane mostró carácter como entrenador, ha sabido manejar un plantel lleno de figuras, entre ellas el colombiano James Rodríguez, y sus resultados son impecables: una Liga de Campeones, una Liga española y ahora, otra final.

Zidane no olvida a Enzo. Así se llama su hijo mayor, quien también forma parte del plantel del Real Madrid. Y no se olvida de ganar. Mañana podría tener una nueva corona.

José Orlando Ascencio
Subeditor de Deportes@josasc

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