Marco Coll siempre creyó que su gol olímpico fue de Dios

Marco Coll siempre creyó que su gol olímpico fue de Dios

El autor del único gol de tiro de esquina en un mundial tenía 81 años. El sepelio es este miércoles.

Las leyendas del fútbol que se han ido

Coll en una foto en su residencia en Barranquilla, hace poco. 

Foto:

Óscar Berrocal / EL TIEMPO

06 de junio 2017 , 09:55 p.m.

Más allá de gol olímpico, el único en la historia de los mundiales de fútbol y que lo lanzó a la fama hasta el punto de que casi nadie lo llamó después por su nombre, a Marco (así, sin s) Tulio Coll Tesillo, el barranquillero que murió el lunes pasado a las 10:30 de la noche, le encantaban dos aspectos de su vida deportiva.
Primero, que se le reconociera como un gran futbolista, como volante ofensivo que fue durante 18 años de profesional detrás del balón.

Por eso, a quienes en los últimos años lo visitamos con frecuencia en su apartamento del norte de Barranquilla solía mostrar, entre otras publicaciones, el libro Historias Suramericanas en la Copa del Mundo, escrito por Harold Mayne-Nicholls, expresidente de la Federación Chilena de Fútbol, en el cual destacan sus bondades como hábil y talentoso jugador de corte ofensivo.

“Mi juego era muy parecido al que hoy desarrolla James Rodríguez, el más técnico del equipo, el más completo”, nos dijo antes de la clasificación a Brasil 2014, cuando la afición y la prensa elogiaba, como a ningún otro, al goleador Radamel Falcao García.
O le gustaba escuchar el concepto grabado que Hernán Peláez Restrepo, el comentarista de fútbol de mayor prestigio en la historia de Colombia, hizo llegar en el 2012 con motivo del homenaje de los 50 años del gol olímpico que la Asociación de Periodistas Deportivos del Atlántico (Acord) le rindió en Barranquilla.

“Marco Coll es un jugador que fue en Colombia uno de los mejores, en una época en la cual venían muy buenos jugadores, así la mayoría resultasen veteranos que nos proporcionaban un juego lento, pero era un juego de gran calidad. Entre esos jugadores figuró Marco Coll...”, manifestó Peláez Restrepo.

Y, segundo aspecto, su historia de niño, cuando arrancó; se refiere entonces a la revista argentina El Gráfico en la Librería Nacional, la cual administraba su padre; en particular, al afiche central de Adolfo Pedernera, su ídolo, quien firmaría este años después, en 1949, en la primera visita de Millonarios a Barranquilla, en plena época de El Dorado.

“En 1960, yo jugaba en el Atlético Bucaramanga y Pedernera dirigía al América de Cali. Fui su verdugo y me pidió para su equipo. Después pasó a dirigir a la Selección Colombia que iría al primer mundial de fútbol y me convocó... Entonces le tomé el pelo, diciéndole que cuando vaya a Barranquilla le iba a dar una sorpresa. Hasta que se la di”, comentaba Coll, entre risas y admiración.

En marzo de 1962, antes del Mundial de Chile, Colombia vino al estadio Romelio Martínez, de Barranquilla, a enfrentar en un amistoso de la selección Atlántico, partido que perdería 2-1. Coll, quien estaba lesionado, pidió permiso para ir a casa y tardó más tiempo del concedido.

A la hora del almuerzo en el hotel Victoria, dejó mudo a Pedernera con el afiche y la dedicatoria que propio Maestro le había firmado de niño.

“Este afiche lo quiero como a un hijo. Es mi orgullo de niño y el recuerdo a mi madre, Emelina, quien lo conservó por años mientras yo empezaba en el fútbol profesional, y el de mi padre, Elías, quien me inculcó el amor por el deporte”, decía, y mostraba el papel, maltratado por el paso de los 68 años desde que fue firmado, pero que conservaba clara la letra del crack argentino.

Fútbol o fútbol

Cuando Marco Tulio nació como el cuarto de cinco hermanos, el 23 de agosto de 1935, ya su padre, Elías Coll Tara, había fundado el Colegio de Árbitros de Fútbol del Atlántico. Después se convertiría en el primer silbato Fifa de Colombia y el 15 de abril de 1948, en Itagüí (Antioquia), tenía el honor de pitar el partido inaugural del fútbol profesional colombiano, en el cual el Atlético Municipal (hoy Atlético Nacional) venció 2-0 a Universitario. El pequeño tuvo como padrino de bautismo a Efraín Borrero Castro, delantero del equipo de fútbol Barranquilla Sporting Atlhtic Club, que el 28 de mayo de 1926 se convirtió en Costa Rica en la primera delegación deportiva colombiana en la historia con competencia en el exterior.

Retirado de las canchas, Borrero ejerció como directivo, y como tal la Fifa lo eligió vicepresidente de la Confederación Suramericana de Fútbol, en un congreso en Lisboa en el que por casualidad se eligió a Chile como sede del Mundial del 62.
Ese círculo de fútbol influyó en Marco Tulio, quien practicó béisbol y quiso estudiar aviación desde cuando realizaba la secundaria en el Colegio Americano y vívía en el barrio San Roque.

A los 16 años era el mejor jugador de un equipo aficionado llamado River Plate –el del mismo nombre y uniforme que luce Pedernera en el afiche– y antes de cumplir 17 debutó como profesional con el Sporting de Barranquilla. Ese día le anotó al Racing de Argentina.

Después jugó en el Deportivo Independiente Medellín (1956), al cual llegó por recomendación de su amigo arquero Efraín ‘Caimán’ Sánchez, pero, en un equipo de estrellas, no duró nada. Llegó al Tolima (1956 a 1959), pasó al Bucaramanga (1960) y, más tarde, al América (1960 a 1964), y, tras regresar al Tolima (1965 a 1969), culminó en Junior (1970-1971).

En estos dos últimos equipos también fue director técnico encargado, como también lo fue de la selección Atlántico que ganó el título en los Juegos Nacionales de Neiva 1980.

“Mi vida siempre fue el fútbol”, decía el padre de cinco varones, entre ellos Mario Alberto, también futbolista profesional que igualmente vistió los colores de Colombia. El último trabajo de Marco fue enseñar fútbol durante 20 años en Albania, La Guajira, en el complejo carbonífero del Cerrejón, del cual terminó pensionado.

El gol de Dios

Desde hace casi 55 años a Marco Coll no lo llamaron por su nombre. Era el ‘Olímpico’, a secas. Y esto por ser el autor del único gol desde cobro de tiro de esquina en la historia de los mundiales de fútbol, hecho que ocurrió el domingo 3 de junio de 1962 en el estadio Carlos Dittborn , de Arica (Chile).

“Jamás, ni antes ni después, ni ese día intenté marcar un gol olímpico”, dijo durante el emotivo homenaje de los 50 años de ese suceso, marcado al considerado mejor arquero de todos los tiempos, el soviético Lev Yashin, más conocido como ‘la araña negra’, en el segundo partido de Colombia en esa Copa Mundo.

En el minuto 18 del segundo tiempo, del partido que Colombia perdía 1-4, le tocó cobrar un tiro de esquina desde la izquierda, como correspondía (por la derecha iba ‘Zipa’ González). Siempre cobraba por arriba, buscando a ‘Maravilla’ Gamboa, excelso cabeceador. Pero Gamboa no estaba en la cancha y su lugar era ocupado por Antonio Rada.

Entonces se decidió ejecutar a media altura, buscando que de rebote le llegara a Rada. Pero, por el chanfle, el balón se metió. “Le seguí la trayectoria a la pelota y sabía que había entrado. Vi a Yahsin reclamando a su compañero Cokheli, que estaba cubriendo el primer palo... Ellos perdieron el control con ese gol, y nosotros empatamos...”, nos dijo años después, en el 2010.

En el 2014, durante una visita a su residencia, que compartía con Ruby Montealegre, una tolimense con la que se casó hace 60 años, Coll recordó que Yashin abandonó furioso el campo y solo se detuvo cuando lo vio, para estrecharle la mano solo a él. “Me dijo algo en ruso que nunca entendí. Pero, por su mirada, creo que me felicitaba por el gol”, aseguró.

En los últimos meses, la salud del ‘Olímpico’ desmejoró. Sin embargo, el primer día hábil de cada mes, a las ocho de la mañana, estaba en la ventanilla del Banco Popular de la calle 72 de Barranquilla cobrando la pensión.

El pasado lunes 3 de abril no se presentó, nos dijo Waldir Valega, funcionario bancario y amigo que siempre lo atendía. Una llamada de Omar, su hijo menor, en esos días, nos alertó que fue internado en una clínica. Ruby nos dijo que salió horas después. Pero días más tarde, Marco, el hijo mayor, nos informó que el viernes 21 de abril nuevamente fue recluido.

Mario Alberto, su único hijo futbolista profesional y uno de los que gastó el guayo derecho número 40 con el cual marcó el gol olímpico, se vino de Estados Unidos, donde reside hace 17 años, para estar con él durante una semana. La noche del pasado lunes, con varias complicaciones de salud y sin salir de la clínica, su corazón se paró (el sepelio es hoy, a las 11 de la mañana, en Jardines de la Paz, en Barranquilla).

Aunque Marco Coll nos había pedido que solo dijera esto después de muerto antes de comenzar un conversatorio en el 2014 en el bar-restaurante La Cueva, para él era más importante ser considerado un buen futbolista y conservar el afiche firmado por Pedernera que el gol en Arica, el gol olímpico que lo encumbró.

Tanto que él mismo nos diría, como lo había dicho antes, la tarde de un sábado de 1983 durante un partido de periodistas e invitados en que nos tocó alinear en el mismo bando en la cancha principal de la Escuela La Normal, de Barranquilla: “Yo creo que ese gol fue obra de Dios”.

Estéwil Quesada F.
Redactor de EL TIEMPO

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