Los titanes que le apuestan al fútbol que poco se oye y que nadie ve

Los titanes que le apuestan al fútbol que poco se oye y que nadie ve

Este equipo deportivo se gana la vida narrando partidos con pocos recursos y con mucha pasión.

Vientos Estéreo

El grupo deportivo de ‘Vientos Estéreo’ 94.4 FM.

Foto:

Archivo particular

21 de marzo 2017 , 04:27 p.m.

Las tribunas están casi vacías. No hay más de 30 aficionados en el estadio de Techo de Bogotá, al que le caben unos 10.000 espectadores. Es un partido de la categoría B del fútbol colombiano. Juegan Bogotá FC y Boyacá Chicó. Las cabinas de prensa asustan. Están desiertas. No se ven reporteros corriendo de arriba abajo, no se ven señores mayores con su radio en la oreja. No hay cámaras de TV. No hay algarabía. Pero de algún lado del solitario estadio surge una voz poderosa que le da vida al partido.

Seis personas están metidas, casi apretujadas, en una de las cabinas radiales, la cual es pequeña como todas. “¡Desde el estadio de Techo, tarde soleada, maravillosa para vivir en grande el fútbol, el mejor espectáaaaculo del mundo!”, dice, como una arenga, Mario Garzón, el encargado de la voz comercial de la única transmisión deportiva presente para este partido. Los equipos hasta ahora están saliendo a la cancha y este grupo radial ya lleva una hora allí instalado. Adecuaron el sonido, un computador, un módem, una consola pequeña y tres micrófonos: azul, rojo y naranja. Pegan en el vidrio, con cinta, un cartel que va de lado a lado, que se despega todo el tiempo y que lleva el nombre de la emisora para la cual transmiten fútbol: ‘Vientos Estéreo’, 94.4 FM.

“Vaaamos a entrar en materia” —dice Garzón con su voz de locutor, quien con tono fuerte le va dando paso a cada uno de sus colegas—. Presenta a los encargados del sonido, al de las estadísticas, al analista arbitral —que también tienen y se llama Luis Gasca—, al comentarista: "¡Mariiiino Albeeeerto Martínez, el que sí sabe", y por supuesto al narrador: “el ‘Pintoorrrr’ del gooool, Édgarrrrrr Peña”. Se trata de varios titanes que en plena era de la TV HD, de las transmisiones en vivo de los mejores partidos de fútbol de todo el mundo, les siguen apostando a la luchada radio deportiva y al fútbol que casi nadie ve.

Los escasos hinchas voltean a mirar. Se dan cuenta de que no están solos. Un joven seguidor del Chicó, con audífonos negros de diadema, levanta su pulgar derecho. Los está escuchando, los aprueba y hace sentir que es un fiel oyente, así no lo sea. Si alguien en el sur de Bogotá quiere saber qué va a pasar en este partido, tiene que sintonizarlos a ellos.

—Somos los únicos que le apostamos a esto —dice Hernando Urrutia, de cabello cano y chaqueta café. Es el director de la programación y pauta de la emisora, y según la presentación del locutor, también es el “gereeeente de refrigerios”.—¿Y por qué son los únicos?
—Porque somos masoquistas.

Los goles se pintan

Le dicen el ‘Pintor del gol’ porque su trabajo es ese: ilustrar goles. Porque los recrea, porque hace que su audiencia imagine jugadas. Porque es el puente entre lo que pasa en la cancha y los ausentes del estadio. Le da color al fútbol que casi nadie ve, que casi nadie escucha.

Se llama Édgar Peña y es un narrador de fútbol de viaja guardia, de hace más de 20 años. Su vida ha sido afinar la garganta y ponerle emoción a cada jugada en cualquier cancha: en un partido de Santa Fe o de Millonarios o en un ‘picadito’ de microfútbol en cualquier barrio. Édgar narra partidos donde los haya y con la misma pasión.

Por allá en 1995 relató su primer partido. Entonces, el ‘Pintor del gol’, como lo bautizó su compañero de estudio y después de profesión, Harley Castañeda, empezó a ser un remoquete conocido en el ámbito del fútbol aficionado del sur de Bogotá y de la pequeña radio deportiva. Ha narrado en emisoras como ‘Capital Radio’, ‘Colmundo’ y algunas cristianas. Ahora es el canto de gol de ‘Vientos Estéreo’.

“Se metióoo, se metióoo, goooooooooooooooool de Chicóooo sobre el minuto 8…”, narra el ‘Pintor del gol’ mientras se tapa su oreja izquierda, donde tiene un audífono que parece su retorno y se contrae para sacar la voz desde los pulmones. La voz de Édgar truena en el desierto estadio de Techo y el joven oyente del Chicó brinca y agita los brazos frente a la cabina, pegado al vidrio. Chicó ya gana 1-0. Así lo relatan y lo atestiguan estos titanes.

Édgar viste una camiseta negra que dice al frente Ovación Deportiva, que es como se llama su grupo, su empresa. PRENSA dice en la espalda. Es un fanático de las narraciones paraguayas, uruguayas y argentinas. Dice que ha creado su propio estilo oyéndolos a ellos.

“Me encantaba escuchar a los narradores de diferentes épocas, a Perdomo Ch., a los Moncada, al emperador Marco Antonio Bustos… Me fascinaban. Me gustó la radio desde niño. Le decía a mi madre, que aún vive, que me comprara un radio y mi felicidad era sentarme a escuchar fútbol. Dije: ‘quiero ser narrador’, me lo propuse, estudié y aquí estoy”.

Cuando está narrando no suelta su celular. Lo usa para hacer transmisiones en vivo a través de su cuenta de Facebook. Se emociona cada que sus oyentes le escriben mensajes. Al aire los saluda.

Nos hemos hecho este propósito de acompañar a los equipos de nuestra ciudad, a Bogotá F.C., a Tigres, a Equidad, a veces también a Santa Fe. A Millonarios no porque no nos acreditaron dizque porque no nos conocen —dice Édgar y resopla, como indignado—. El año pasado fuimos los únicos que transmitimos el ascenso de Tigres, ese día muchas emisoras se pegaron a nuestra señal, nos felicitaron. Nosotros levantamos la frente y decimos: ‘somos los únicos’, porque por acá no viene nadie más”, dice.

—¿Y cuál es su estilo?

—Trato de hacer un canto de gol bonito, agradable, que emocione. El canto es eso, alegría. Cuando uno le canta un gol a una hinchada, a la gente le encanta. Y muchos dicen: “Qué bonito narra ese señor”. Narro el gol con alegría, que la gente lo sienta.

“¡Goooooool, cantalo, cantalo bogotano… —narra el ‘Pintor’, quien le pone el acento a la segunda ‘a’ del cantalo y le suena muy argentino—. Mi Bogotá empaaaaaata, 1-1, minuto 15!”.

‘Vientos Estéreo’, 94.4 FM

El equipo narra los partidos con pocos recursos y con mucha pasión.

Foto:

Archivo particular

El arte de comentar

Vientos Estéreo es una emisora comunitaria. Queda en el barrio Santa Inés, en el sur de Bogotá. Es una estructura modesta, sin equipos sofisticados. Tiene sus computadores, su estudio, sus micrófonos de espuma. Aunque su fuerte son las transmisiones de música popular, carranga y vallenato, desde hace un par de años incursionaron en el fútbol. Le apuestan principalmente a lo que casi nadie ve, a lo que casi nadie escucha: al fútbol aficionado, al de los barrios y al del ascenso. Últimamente empezaron a transmitir el fútbol de la A, pese a la dura competencia que eso implica con las emisoras poderosas.

“¡Vamos con los comentarios del que sí sabe... —dice el locutor—: el ingeniero Mariiiiinooo Albeeeeerto Marrrrtínez!”.

Marino es el comentarista deportivo de ‘Vientos Estéreo’. Es una voz con recorrido en la radio y en el fútbol. 25 años de experiencia. Le dicen ‘Ingeniero’ porque es ingeniero industrial graduado de la Universidad Incca, en 1985. Pero es un futbolero estudioso y meticuloso. Por eso es el comentarista.

El ‘Ingeniero’ llega al estadio hora y media o dos horas antes del partido. Le gusta llegar temprano a ver el lugar de transmisión. Va a los camerinos, indaga por las nóminas, se informa de las últimas noticias de los equipos. Prueba sonido. Cuando llega a la cabina, antes de empezar el juego y cuando el locutor lo anuncian con pomposa algarabía, el ‘Ingeniero’ ya está dateado.

“No es solo tener buena voz, entonación y capacidad de oratoria, además hay que tener preparación, conocimiento teórico del fútbol y cultura. Uno no sabe quién lo escucha y dónde”, dice el 'Ingeniero' Marino, que es el único de la transmisión que usa audífonos de los de diadema y que cubren parte de su cabeza casi rapada. Lleva chaqueta para el frío, aunque hace calor; usa gafas cuadradas para la visión y tiene el pecho lleno de escarapelas que le cuelgan del cuello.

En principio, el ‘Ingeniero’, que tiene su propia empresa llamada Los Mundialistas del Deporte, dudó de este proyecto de fútbol. Cuenta que fue Édgar —el ‘Pintor del gol’— el que le planteó hacer una alianza entre ellos, armar un solo grupo deportivo y tocar las puertas de ‘Vientos Estéreo’, porque, según le dijo, “sonaba bien”.

‘Es comunitaria, eso no tiene sintonía’, pensó Marino. Pero aceptó. Los dos fueron a la emisora, pero se encontraron con que los dueños no le caminaban al fútbol. Lo veían costoso y poco rentable. Entonces, hicieron otra alianza: la emisora ponía los recursos tecnológicos y ellos, el equipo deportivo y su experiencia en transmisiones futboleras. Cada uno vendería su pauta publicitaria. Así arrancaron, hace dos años.

‘Vientos Estéreo’ tuvo en octubre del 2016, según el estudio de medios del Centro Nacional de Consultoría, 7.600 oyentes diarios en promedio y se ubicó en el puesto 57 entre 80 emisoras de FM, escalafón que incluye a las poderosas. Les dijeron en la emisora que con las transmisiones deportivas ha aumentado la audiencia en el último año. Así que se fueron de lleno con el fútbol. Pasaron de los torneos de barrio, donde empezaron, al estadio de Techo porque, dicen los técnicos, “la señal desde allí sale bien”. La frecuencia abarca desde la calle 26 hacia el sur y llega a las localidades Antonio Nariño, Bosa, Ciudad Bolívar, Kennedy, San Cristóbal, Usme, Rafael Uribe, Sumapaz y Tunjuelito. Además, se escucha por internet. Hay un gran potencial de población futbolera.

“¡Se lo comió el equipo capitalino, se atragantó de gol…!”, comenta el ‘Ingeniero’ y codea al analista arbitral para que opine, mientras el hincha del Chicó se voltea con las manos en la cabeza, como aliviado, al tiempo que el cartel de ‘Vientos Estéreo’ se cae y un asistente corre a pegarlo con más cinta.

“Muchos no transmiten esos partidos porque no les parece rentable. Entonces nosotros cautivamos a los pocos hinchas de esos equipos y de paso a una gran audiencia comercial", dice el ‘Ingeniero’.

A la caza de los anunciantes

“La viejoteca para bailar como los dioses… Almacenes de calzado… La mejor industria textil… Acabados arquitectónicos… Servicio automotriz… El mejor sitio de rumba… Mercado de aniversario en el barrio Restrepo…”, la voz comercial, Garzón, ha tenido mucho trabajo. Menciona y menciona las cuñas de sus anunciantes escritas en un reguero de hojas.

Antes de cada partido, durante la semana, conseguir esos anunciantes es la otra parte del trabajo, que los convierte, además de profesionales de la radio, en expertos en ventas.

No hay de otra. La radio funciona así. Más la deportiva. Los propios periodistas deben conseguir su pauta publicitaria. Algunos deben pagar porcentajes a las emisoras para poder trabajar. Es decir, vender para ganar un sueldo haciendo lo que saben. En el caso del 'Pintor' y compañía, ellos consiguen sus anunciantes para sostener su proyecto, para pagar sus propios sueldos, para cubrir los gastos de transmisión, como la cabina, que vale $ 180.000 en Techo —cuando la tienen y no les toca desde la tribuna—.

Nos han mirado raro de las emisoras grandes

El ‘Ingeniero’ Marino no es solo ingeniero y comentarista, además es gerente de ventas con especialización en mercadeo y publicidad. Dice que ya no es de los que cogen un maletín y se va a tocar puertas, como les toca a muchos en la radio. “No somos vendedores, somos asesores para dar a conocer una marca. La radio deportiva posiciona rápido un servicio y una marca. La gente ya nos llama para ver cuánto vale un comercial. Los visitamos y les ofrecemos las condiciones y la oferta comercial. La emisora vende sus comerciales y nosotros, que sabemos de eso, los nuestros, para subsistir”, dice Marino, el ingeniero gerente de ventas asesor comercial y comentarista de fútbol.

Una cuña suelta en la emisora vale en promedio $ 12.000. Pero en las transmisiones de fútbol el valor aumenta porque, según explican ellos mismos, “hay más audiencia y es en vivo”. Un paquete de 10 cuñas por partido puede valer alrededor de $ 250.000. Estas no superan los 20 segundos al aire.

Édgar, que es el director deportivo, dice que él acude a los amigos que tiene, que le creen y le pautan. “Hoy grabamos por Facebook y la cantidad de gente que nos escribe, que se conecta, es la gente que termina colaborándole a uno. Son los que pautan o preguntan cómo pueden anunciar su negocio. Son pequeñas empresas, pues con las grandes no es fácil; es difícil, pero no imposible. Estamos en esa tarea…”, cuenta.

El partido sigue 1-1. La transmisión avanza impecable, con todos sus anunciantes. Édgar y Marino se entienden de memoria. Solo necesitan mirarse para darse el cambio. Un codazo, un guiño, una señal. Muy a menudo codean a Garzón, quien empieza a recitar anuncios: “Falta, falta que no falte inscribir a su hijo en la escuela de fútbol…”.

Con la cabeza en alto

El partido terminó empatado. Marino y Édgar se dan un ligero abrazo. Parece que la transmisión les salió perfecta. Al celular de Édgar siguen llegando mensajes de amigos conocidos, oyentes y futuros anunciantes. El hincha del Chicó, otra vez, voltea a mirarlos, vuelve a levantar el pulgar y se aleja. Se despide silencioso. En segundos el estadio, que antes parecía un desierto con un partido de fútbol, ahora luce como un cementerio a medianoche. Ellos seguirán ahí, solitarios, un rato más.

El grupo deportivo de ‘Vientos Estéreo’ 94.4 FM está satisfecho. Es un partido más en el cual ellos fueron los únicos testigos, los únicos notarios. Esta vez tuvieron enlace con emisoras de Tunja porque el equipo visitante, Chicó, es de Boyacá. Si alguien quiere indagar por algún detalle del partido, tiene que averiguarlo con el ‘Pintor del gol’ o con el ‘Ingeniero’ Marino.

El ‘Ingeniero’ estará un rato más explicando las razones del empate, los errores del local y la ineficacia del visitante. Un encargado de la parte técnica recoge cables. La pancarta se despega otra vez del vidrio y ya nadie corre a pegarla. El locutor comercial, Garzón, sigue en el asiento del cual no se ha movido en 90 minutos y aún le quedan unos papeles con cuñas por anunciar.

La transmisión ahora sí está terminando. El encargado de la programación, Urrutia —el mismo que dice como en broma y como en serio que esto es masoquismo—, se quita los audífonos y comenta que la emisora “limpió” su espacio para darle prioridad al fútbol los fines de semana. El fútbol les está dando resultados.

“No es que uno diga: ‘¡Uy, qué bruto! Me voy a pensionar porque narramos fútbol’, pero nos hemos afianzado en los barrios. Hemos ganado audiencia”, dice Urrutia, sonriente.

—¿Y alguna vez se han sentido menospreciados?

El ‘Pintor del gol’ carraspea antes de responder. Se rasca la cabeza y aprieta los labios. Posteriormente se anima, como en un desahogo.

—Sí. Nos han mirado raro de las emisoras grandes cuando coincidimos en algún partido importante. Algunos nos miran como diciendo: ‘¿Y estos quiénes son…? ¿De dónde salieron…?’. Nos hemos sentidos desplazados, pero seguimos luchando. Lo que nos importa es que tenemos nuestra audiencia cautivada, que ya nos conocen y que, incluso, nos llaman a preguntarnos qué vamos a transmitir el próximo domingo…

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
Twitter: @PabloRomeroET

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