El temple de Millonarios fue más grande que el corazón de Santa Fe

El temple de Millonarios fue más grande que el corazón de Santa Fe

Una montaña rusa de emociones vivió Bogotá en la final de la Liga.

Millonarios

Hinchas de Millonarios celebran el título.

Foto:

Néstor Gómez/EL TIEMPO

18 de diciembre 2017 , 09:25 a.m.

Los jugadores de Millonarios salieron a correr, la organización entró a acomodar la premiación, pero no, no, devuelvan todo, el partido no ha terminado. En una escena salida de Macondo, una que solo podía pasar en Colombia, el embajador levantó su estrella 15.

Era el minuto 94 y el árbitro Wílmar Roldán parecía que había señalado el final del juego, pero hizo devolver todo porque aún no terminaba, faltaba una jugada más. Un balón en el aire pudo parecer una eternidad, pero el capitán Andrés Cadavid la rechazó tan fuerte como pudo y ahí sí estalló el júbilo en los únicos que podían estar de azul en El Campín, y se extendió hasta el parque Simón Bolívar, donde estaban los hinchas de Millonarios y toda la Bogotá azul.

En la previa, la ansiedad se tomaba el alma; los nervios, la mente; el miedo hacía que el frío fuera dueño del cuerpo de cada hincha de Santa Fe y Millonarios. Y cómo no. Es que no era uno de esos clásicos que quedan en el historial, no era ni el ciento y pico que iban a ganar los embajadores, o uno más para que descontara el rojo. Si los clásicos no se pueden perder, el de este domingo en la noche era el más importante de la estantería.

Millonarios

Hinchas de Millonarios celebran el título.

Foto:

Néstor Gómez/EL TIEMPO

Santa Fe tenía que atacar, apenas obvio; no solo tenía la obligación de remontar para ganar la estrella, también había una jauría de leones en la tribuna, sedientos de gallina, de triunfo, de una copa más para ponerle la cereza al postre del Santa Fe más importante de la historia. Era la Liga que había que ganar, el título tan importante, tal vez como aquella séptima estrella que abrió el camino a tanto éxito cardenal.

Al otro lado, en el parque Simón Bolívar, donde se congregaron varios hinchas de Millonarios a ver el juego, había una tensa calma; subía la temperatura por momentos, pero no había euforia ni algarabía. No había ninguna posibilidad de que el camino no fuera espinoso, sin obstáculos, porque del embajador de antaño, el que ganaba con los ojos cerrados, no queda nada, y cualquier pequeño triunfo no es nada fácil.

Matías de los Santos, un uruguayo nacido en Salto, el mismo lugar donde crecieron Luis Suárez y Édinson Cavani, en la primera batalla se elevó por los aires de Bogotá y anotó el gol con el que Millonarios ganó la ida. Este domingo volvió a saltar, pero no le ganó a nadie e hizo penalti que fue gol rojo, y mientras El Campín rugió más fuerte, en el Simón Bolívar la esperanza de título se empezó a esfumar.

Millonarios

Hinchas de Millonarios celebran el título.

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Néstor Gómez/EL TIEMPO

Todos los hinchas son directores técnicos; está en la sangre, en el ADN. Pero en cuestión de finales se es DT, jugador, recogepelotas, preparador físico, cualquier función en el campo o afuera está al alcance del fanático. Cuando Santa Fe tuvo dos contragolpes letales, antes de finalizar el primer tiempo se vieron todas las investiduras posibles.

“¿Por qué el equipo está partido?, ¡marquen!, ¿quién marca?, ¡tenía que abrirla, estaba solo el del lado!, parece que están cansados, no regresan a marcar”, ya fuera en el estadio o en el ‘Simoncho’ se escuchaban de lado a lado los pedidos que venían acompañados de rezos, putazos, gritos al cielo, la desesperación cundía en los 2 escenarios.

No hay mal que dure 45 minutos ni cuerpo que lo resista. El árbitro Wiílmar Roldán acabó el primer tiempo, ese que el hincha rojo no quería que acabara nunca y que el azul imploraba a gritos que finalizara.

La final rola, la final aburrida, los equipos que no merecían estar en la instancia máxima. A todos esos calificativos, los últimos 45 minutos se murieron de risa. Iban diez minutos y el alma iba a volver al Simón Bolívar. Esta vez no vino desde Salto, esta vez fue el de Bello, Antioquia. El capitán Andrés Cadavid se levantó más alto que todos y puso el empate 1-1 que le devolvía el título a Millonarios.

Pasaron los minutos y así como Santa Fe perdió los papeles para atacar, los hinchas en el estadio también. La impaciencia se hizo dueña de la hinchada, el desespero, tristeza y desilusión se apoderaron del hincha cardenal. Solo hasta el minuto 83 volvió el festejo: el golazo de Wilson Morelo revivió la ilusión, la misma que se apagaba en el Simón Bolívar.

Millonarios

Hinchas de Millonarios celebran el título.

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Néstor Gómez/EL TIEMPO

Pero fue efímero, apenas un sorbo, porque dos minutos después iba a aparecer el látigo mortal. Cuando venía el balón hacia el pie de Henry Rojas, todo el Simón Bolívar gritaba “¡péguele, péguele!” A veces, la pelota es caprichosa y se va a cualquier parte, la de Rojas no. Esa infló la red del arco norte, los pulmones de todos los hinchas de Millos y el grito del gigante que volvió a ser campeón.

CAMILO MANRIQUE V.
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @camilomanriquev

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