Leonard Vásquez: secuelas de un accidente que lo sacó del fútbol

Leonard Vásquez: secuelas de un accidente que lo sacó del fútbol

El exjugador de Millonarios sigue en tratamiento cognitivo para recuperarse al ciento por ciento. 

Leonard Vásquez

Leonard Vásquez, exjugador de Millonarios.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

19 de mayo 2017 , 09:09 p.m.

—Leonard, su hermano tiene una lesión en el tallo cerebral. Es muy difícil que se recupere…
—¡No puede ser doctor! Mire que yo tuve un trauma craneoencefálico y me salvé…
—Su caso fue diferente…
—No. Él se va a salvar…

Leonard Vásquez volvió a andar los pasos de una tragedia. Hace dos meses los papeles se cambiaron. Su hermano Wilfrido, el que lo cuidó, el que lo apoyó hace tres años cuando él estuvo entre la vida y la muerte por un accidente de tránsito, tuvo el mismo episodio, pero con desenlace diferente. Leonard llegó a la clínica con la seguridad de que su hermano se salvaría, como él. Pero no hubo un segundo milagro. Esta vez sí se le fue parte de su vida. Fue otro duro golpe del que también piensa salir adelante.

Leonard Vásquez está sentado en un banco de cemento, frente a una cancha de microfútbol, junto al apartamento donde vive, en el noroccidente de Bogotá. Viste ‘blue jean’, zapatillas y una camiseta de un rojo encendido que contrasta con su piel morena. Contrario a lo que pensaría quien conoce algo de su dura historia, su mirada no es melancólica; es alegre, como su personalidad: se ríe todo el tiempo, lanza bromas, habla duro y charla distendido, como en confianza. Aunque muy de vez en cuando su vista se pierde en el horizonte, como distraída, como salpicada de nostalgia. Tiene motivos:  acaba de perder a su hermano, y para colmo, él ya no hace lo que sabe, lo que le gusta. Ya no juega fútbol.

Una carrera fugaz

El banco donde estamos sentados parece una tribuna. Charlamos mientras un grupo
de jóvenes juegan un partidito de microfútbol frente a nosotros. De vez en cuando nos miran con curiosidad, con intriga, como si sospecharan que el que habla fuerte y con acento caleño es un futbolista. Leonard Vásquez sigue con la mirada el ir y venir de la pelota. Entonces, como contagiado por ese entorno futbolero, empieza a recordar que su carrera empezó así, en pequeñas canchas, en la Paila (Valle), donde comenzó a jugar.

Relata, divertido y sonriente, rascándose la cabeza cada tanto, que probó en muchos equipos, sin éxito; que era un delantero tan veloz que le decían que se salía de la cancha sin darse cuenta; que el primer empresario que conoció lo llevó engañado al Envigado y “se voló con su plata”. Y que un día le recomendaron ser lateral derecho, y aunque sintió pánico, aceptó. Mientras recuerda todo eso, Leonard no deja de mirar la pelota, como si su mente relacionara recuerdos.

Su debut profesional fue en el Cortuluá, en la categoría B del fútbol colombiano. Cuando llegó a la A ya era un lateral con más trajín. Había aprendido los secretos de esa posición. El día que le tocó enfrentar a Millonarios, se esmeró. Dice que jugó un partido “increíble”. Debe tener razón porque al siguiente semestre se vistió de azul. Aunque también tuvo fortuna.

“Como en Cortuluá no nos pagaban, me armé un videíto y lo roté por internet a empresarios. Uno de ellos se lo mostró al técnico de Millonarios —el venezolano Ríchard Páez—, que me contactó y me dijo que me esperaba en Bogotá. Cuando llegué tenía nervios, pensaba: ‘¿Y si es mentira? ¿Si es una broma?’. Hasta que el profe me saludó: ‘Chamo, tú tranquilo que ya estás listo’ —Leonard pone el acento venezolano y se ríe—. Llegar a Millonarios me cambió la vida”.

Cuando llegué a Millos tenía nervios, pensaba: ‘¿Y si es mentira? ¿Si es una broma?’. Hasta que el profe me saludó: ‘Chamo, tú tranquilo que ya estás listo’

En Millonarios tuvo que enfrentar, primero que todo, sus propios nervios. Tardó en convencerse de que había llegado a ese club, al que considera el más grande de Colombia —y aún lo cree—. Comenzó a jugar, a pelear por la titular, a ganarla y a perderla. Fue campeón en el 2012 con el técnico Hernán Torres. Un título que, dice, presentía, porque ese semestre le tocó a él con la camiseta número 14. “Era la de la estrella de ese año, la 14, ¡ja, ja, ja!”.

Leonard Vásquez

Leonard Vásquez en su época en Millonarios.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

Su carrera fue fugaz. Hoy tiene 31 años y ya es un exfutbolista. Pero dejó alguna huella. La gente del barrio donde vive, la que lo conoce, lo saluda con efusividad, con cierto cariño. Los hinchas de Millonarios que se lo encuentran le piden una foto, le preguntan que cómo está, que cómo sigue. Los que no lo conocen, lo miran con curiosidad. Lo escrutan con intriga, como los muchachos que juegan frente a él y que seguramente le ven la pinta de futbolista, aunque ya no lo sea.

Las marcas de un accidente

El cuerpo de Leonard Vásquez tiene varias marcas, no solo por sus numerosos tatuajes —a cada lado del cuello tiene escrito un nombre: a la izquierda, el de su hijo Anddy, que ya tiene 9 años, y a la derecha, el de su hermano fallecido, al que le decían ‘Wicho’. Además, tiene otros en los brazos con citas bíblicas—. También tiene cicatrices. En su garganta aún se nota, no muy nítida, la que le dejó el respirador artificial que le pusieron tras el accidente. Al costado derecho, sobre su ceja, tiene la marca, casi imperceptible, del golpe que recibió en el carro. Tiene otra cicatriz en el abdomen. Son las huellas de un aparatoso suceso del que salió con vida de milagro.

Era diciembre del 2013. Su carro era un Mazda 3. En este había viajado desde La Paila hasta Palmira, y de ahí tomó el vuelo a San Andrés a pasar vacaciones con su hijo Anddy, con su hermano ‘Wicho’ y con su gran amigo Fernando Uribe (futbolista). De regreso, ya de nuevo en su carro, pasó la catástrofe. Fue el 28 de diciembre. Su hijo y su hermano salieron casi intactos. Pero él no. No recuerda qué fue lo que pasó exactamente. Le contaron que sufrieron un accidente, que chocaron contra un motociclista, que falleció. La investigación no ha terminado…

Leonard Vásquez

Leonard Vásquez, exfutbolista de Millonarios.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

Su recuperación fue difícil. Lo daban por muerto. El diagnóstico fue un trauma craneoencefálico severo. Estuvo en coma inducido por varios días. Los médicos decían que su salud empeoraba, que no presentaba mejoría, que había que prepararse para cualquier cosa. Pero de repente, Leonard abrió un ojo. Despertó. Recuperó la conciencia y volvió a vivir. Entonces se vio en un hospital, conectado a diferentes equipos que lo mantenían vivo. Vio la mirada de su hermano que le relataba lo sucedido. Quiso ver a su hijo.

“Cuando me levanté del coma no recordaba nada. Hablaba incoherencias. Revolvía pasado, presente y futuro. No me podía sostener. Si subía las escaleras sin tenerme me iba hacia atrás. Si iba al baño, me caía de lado. Comencé a desvariar. A decir cosas sin sentido. Decía que era amigo del tenista Roger Federer, ¡ja, ja, ja! O aseguraba convencido que Millonarios era de Medellín, ¡ja, ja, ja! —Leonard siempre hace bromas, pero esa vez estaba seguro de lo que decía—. Fue una etapa de recuperación en la que hoy sigo, ya más para la vida que para el fútbol como tal”, relata entre chiste y chanza, como quien ha contado la historia miles de veces y se ha acostumbrado a ella, sin torturarse. “Los médicos no se explicaban mi recuperación. Solo puedo decir que fue un milagro”.

Los médicos no se explicaban mi recuperación. Solo puedo decir que fue un milagro

Leonard pensó que iba a volver al fútbol. Era lo único que sabía hacer. Comenzó a entrenar otra vez en Millonarios, a recuperar su maltrecho estado físico. Pero había algo que no funcionaba igual. No tenía coordinación en sus movimientos y su actitud era extraña. Sus compañeros de equipo lo notaron raro, diferente.

“Me vieron hablando incoherencias. Mantenía riéndome. Soy alegre, pero me reía de todo. Elkin Blanco me decía: ¡Eh, niche!, y ya me daba risa… Fui entrando a la realidad de a poco, a comprender las dificultades que tenía para jugar, a asimilarlo. Sobre todo cuando Mayer Candelo me preguntaba si no pensaba en estudiar algo. Yo no las cogía, ¡ja, ja, ja!”.

Mientras él se percataba de sus dificultades, enfrentó otro problema. Su situación en Millonarios se complicó. Se sintió abandonado y desamparado por el club.
“Comencé a entrenar, pero decidieron terminarme el contrato estando incapacitado —asegura Leonard y por primera vez se le ve indignado, su mirada es torva—. Les metí una tutela. Tuvieron que reintegrarme, pero como entrenador de futbol base. No acepté. Me maltrataron. No me daban uniformes. No me dejaban entrenar. Es la primera vez que comento todo esto. Me hicieron la vida imposible. El profe Ricardo Lunari me colaboró mucho. Me dejaba entrenar, menos en la práctica de fútbol. Con Rubén Israel ya solo me dejaban hacer la oración. En el 2015 me volvieron a terminar el contrato”.

Millonarios argumentó en su momento que el jugador no cumplió con las labores que le asignaron y que por eso alegaron terminación de contrato por justa causa. Fue una relación de divorcio. Es una pelea legal que aún continúa y que está por tener un fallo.

Leonard Vásquez

Leonard Vásquez en un partido con Millonarios.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

Leonard comenzó a comprender que volver al fútbol profesional no iba a ser fácil. Se fue al Cortuluá, que era como su casa, y allí se dio cuenta de que tenía mucha dificultad. Tirar centros, patear al arco, hacerle un ‘ocho’ a un rival: todo lo que él sabía hacer de memoria ya no podía hacerlo. Entonces tomó la decisión del retiro.
Quiso incursionar en la dirección técnica. Se matriculó en el curso de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), pero al poco tiempo desistió. Lo ponían a leer textos de 30 páginas y él no comprendía las ideas. Le tocaba leer una y otra vez. Se dio cuenta de que le costaba concentrarse, que no entendía. Entonces hizo otro alto en el camino. Decidió reiniciar su tratamiento médico.

A entrenar el cerebro…

La clínica es pequeña, algo modesta. La fachada de pared blanca es tan sencilla que no parece una clínica especializada. Pero lo es. Se llama Cenpa (Centro de Neuropsicología y Psicopedagogía Aplicada). Adentro está repleta de pacientes. Hay jóvenes, hay adultos, hay ancianos. Tienen problemas neuronales. Daños cerebrales. Demencia. Algunos han sufrido accidentes o fuertes golpes en la cabeza. Todos esperan en una salita. Allí está también Leonard Vásquez, que es tratado en un grupo diferente, porque es deportista.

Después del trauma craneoencefálico severo que sufrió, Leonard decidió iniciar un exhaustivo tratamiento cognitivo. Todos los martes, por tres horas, en 12 sesiones al mes, llega vestido de sudadera y zapatillas, pero sin guayos, lo que va a entrenar es su cerebro. Se somete a actividades de reacción, de concentración, de movimientos. Pone a trabajar su parte cognitiva al máximo. Los médicos que lo tratan aseguran que ahora sí está prácticamente recuperado, incluso, que si quisiera, podría volver a jugar fútbol profesional.

“Él llegó con secuelas. Le encontramos alteraciones que se debían intervenir, el funcionamiento ejecutivo a nivel de lóbulo frontal, las áreas parietales estaban alteradas… Hizo su rehabilitación con buen pronóstico. Solo nos faltaba para terminar su recuperación que volviera a jugar. Lo podía hacer. Estaba en un 90 por ciento y solo le faltaba la adaptación al juego, que era el otro 10 por ciento, pero no volvió a jugar”, dice el neuropsicólogo Germán González.

Su caso fue tan especial que los expertos médicos que lo tratan se inspiraron en él para lanzar un proyecto de entrenamiento cerebral de deportistas que bautizaron Neurosports. Leonard pasó de paciente a ser la imagen del proyecto. En eso trabaja ahora. Así se gana la vida, mientras se recupera totalmente. Ha querido trabajar en escuelas de fútbol, pero le ofrecen muy poco dinero. Él dice que podría hacerlo porque tiene el “conocimiento empírico”.

Leonard Vásquez

Leonard Vásquez es un hombre feliz, pese a las dificultades. 

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

Ahora, aparte de su tratamiento cognitivo, Leonard Vásquez también se entrena físicamente. A veces practica con dos excompañeros de Millonarios que están sin equipo, Rafael Robayo y Álex Díaz. Juega partidos de fútbol aficionados en los que, asegura, marca diferencia. “Los demás notan que jugué fútbol profesional. Eso no se pierde”. Va seguido al gimnasio. Le preocupa subir de peso. Piensa volver a estudiar más adelante. Su vida sigue, diferente, pero sigue.

Recuperado para la vida

Leonard Vásquez llevaba tiempo sin llorar. Ha sido siempre una persona fuerte. Es más, tras el accidente que sufrió, un médico le explicó que se había golpeado la parte de los sentimientos. Pero el día que murió su hermano, se desgarró. Lloró como un niño, inconsolable. Por supuesto, no lo ha superado. Mientras charlamos en el banquito frente a la cancha de microfútbol, tiene el impulso de llamarlo o de escribirle un mensaje, cuando recuerda que ya no está.

Sin embargo, su alegría le brota. De algún lado tiene muy buena energía. Y contagia. Cuenta que la gente que recién lo conoce le pide abrazos, le da la mano, que lo ven como un milagro andante. Él, que es muy creyente —asiste a una iglesia cristiana todos los domingos— solo lanza palabras optimistas, da abrazos, sonríe. “Trato de sacarle una sonrisa a las personas. Hay que disfrutar a quienes tenemos al lado. Y confiar, que Dios tiene el control de todo. El que se crea ateo que venga y me hable que yo le cuento una historia, ¡je, je, je! La vida es dura, pero hay que seguir adelante”, asegura. Esa fue la enseñanza que le dejó su hermano.

Trato de sacarle una sonrisa a las personas. Hay que disfrutar a quienes tenemos al lado

El partido que transcurre frente a nosotros ha terminado, como esta charla. Uno de los jóvenes finalmente se anima. Grita: ¡Ese es Leonard Vásquez!, como si llevara tiempo tratando de reconocerlo. Todos voltean a mirar y algunos le levantan el pulgar. Leonard se queda pasmado, en un breve silencio, sonriente, pero sonrojado. A pesar de todo, hay gente que lo recuerda como futbolista y eso lo mantiene feliz, a pesar de las adversidades.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
Twitter: @PabloRomeroET

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