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El hombre que cambió la historia en Santa Fe
Por: IVáN ANDRéS GUTIéRREZ REDACTOR DE EL TIEMPO |
Jonathan Copete anotó el gol en la final, que bastó para que Santa Fe fuera campeón.
Este domingo, Jonathan Copete reinventó la historia de Santa Fe. Convirtió la incertidumbre en festejo, la espera en final feliz y los sueños en realidad, una realidad añorada por todos los hinchas 'cardenales' desde hace muchos años.
El delantero anotó el gol de la victoria contra Pasto y le entregó a su equipo la séptima estrella del fútbol colombiano. Durante el juego, Copete había estado reservado, introvertido, tímido para rondar el área rival, como estudiando a su presa: el gol.
Pero como todas las fieras, supo atacar y su zarpazo fue rápido, sorpresivo y lo más importante, letal, porque los oponentes no se pudieron levantar.
El tablero de El Campín se iluminaba con dos ceros en el marcador y con el número 71 indicando el tiempo de juego. Hasta ese momento, el frío de la capital se combinaba con el aliento caluroso de los asistentes, quienes aguardaban pacientes por el grito del gol, aunque tan solo uno fuera. Y así fue.
El número 11 del equipo bogotano esperó con calma el cobro de tiro libre desde el costado derecho que realizó Omar Pérez. El balón, que cruzó toda el área, se encontró con la cabeza del goleador, quien sediento por marcar le cambió la trayectoria a la bola y nadie, ni el sorprendido arquero de Pasto, José Fernando Cuadrado, se pudo oponer al gol.
Entonces, al ver que el balón reposaba dentro del arco, solo le quedó festejar. Con los brazos en alto y agradeciendo por un balón como caído del cielo fue a un costado de la cancha y allí se perdió entre el tumulto de sus compañeros, quienes se fundieron sobre él.
De fondo, los gritos, las trompetas, los pitos y hasta el llanto rebozado de emoción le hicieron el coro al goleador. Ya saciado, el vallecaucano fue reemplazado por Óscar Rodas en el minuto 36 del segundo capítulo.
Su camino hacia el banco técnico estuvo acompañado por un sonoro aplauso de la tribuna y el premio se extendió por parte de sus compañeros suplentes.
Al final, cuando el grito de campeón era una realidad que se tomaba el estadio, Jonathan se perdió entre la marea que corrió a festejar la hazaña. Solo se volvió a ver cuando reclamó el trofeo y con un beso cerró el pacto que había iniciado con su gol: cambiarle la historia a Santa Fe.
Iván Andrés Gutiérrez
Redactor de EL TIEMPO
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