Coll, la historia detrás de un autógrafo de Adolfo Pedernera

Coll, la historia detrás de un autógrafo de Adolfo Pedernera

El hombre del único gol olímpico en mundiales falleció este martes a los 81 años.

Marco Coll

Marco Coll, figura del fútbol colombiano.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

06 de junio 2017 , 12:20 p.m.

El rostro de Marco Tulio, el cuarto de cinco hermanos y único varón del matrimonio de Elías Coll Tara y Emelina Tesillo, se iluminó cerca del mediodía del jueves 18 de agosto de 1949, cuando su padre, poco después de que él llegara de la jornada matinal del colegio, expresó unas palabras inolvidables:

-Alístate, hijo. Vamos a conocer las estrellas argentinas de Millonarios...

El muchacho era uno de los 250.000 habitantes de la convulsionada Barranquilla por la presentación, esa noche a las 8:30, en el estadio municipal, del equipo de fútbol bogotano que, por primera vez, traía a la ciudad al afamado trío gaucho conformado por Adolfo Pedernera, Alfredo Di Stéfano y Néstor Raúl Rossi.

Era el segundo año del balompié colombiano y la capital del Atlántico no contaba con la participación del Junior, que por esos días andaba en Venezuela de preparación para el Campeonato Suramericano, escogido por la Adefútbol, la entidad reconocida por la Fifa.

​La Adefútbol había desafiliado a la Dimayor y esta aprovechó su independencia para iniciar la piratería y contratar figuras mundiales, en el llamado 'El Dorado'. Por eso, el rival de Millos esa vez era el Deportivo Barranquilla, club profesional de puros criollos que se retiraría unos días después, antes de terminar el torneo.

La convulsión había nacido el martes 16, con el anuncio del partido, 48 horas luego de que, en Bogotá, Millonarios goleara 5-0 al Barranquilla, con destacada actuación del trío. El diario local La Prensa dedicó casi toda una página a la llegada ese día del equipo azul.

La información calificaba a los integrantes del equipo visitante como 'magos' e invitaba a escuchar, desde las 11 de la mañana, al locutor deportivo William Sanmartín, que había viajado en la víspera a Bogotá, con las entrevistas a los jugadores desde el avión, a través de la Cadena Radial del Caribe y Emisoras Unidas.

Primeras palabras

Segundos después de que Elías Coll le hizo el anuncio a Marco, ambos salieron caminando de la casa de la calle 35, entre carreras 33 y 35, en el barrio San Roque. El hijo, que en cinco días cumplía 14 años y ya usaba pantalones largos, le había rogado a su progenitor, desde el martes en que se enteró de la venida de Millonarios, que lo llevara a conocer a los argentinos.

Elías era un hombre reconocido. En Barranquilla, en 1934, había fundado el Colegio de Árbitros del Atlántico y fue el primer silbato nacional con credencial Fifa. Y, el 15 de agosto de 1948, en Itagüí, dirigió el primer partido del fútbol profesional del país, cuando el Universitario perdió 0-2 ante el Atlético Municipal de Medellín (hoy Atlético Nacional).

En unos cuantos minutos, por la cercanía, llegaron al Hotel Central, en el barrio el Centro. Entonces, el padre le preguntó:

-¿A quién deseas conocer, hijo?
-A Adolfo Pedernera.

-¿Y a quién más?
-A más nadie. Solo a Pedernera.

Elías solicitó al futbolista. En un instante, el delantero, de 30 años, llegó a ellos, les estrechó la mano y los atendió de manera amable. El hijo permaneció en silencio por un buen rato, hasta cuando reaccionó:

-¿Usted me hace el favor de darme su autógrafo? -dijo, con timidez, mientras abría el sobre de manila que llevaba en la mano derecha desde que salió de la casa.

-Con gusto -manifestó Pedernera, al tiempo que recibía del niño un afiche con la foto suya de la revista El Gráfico, de Argentina, en la que lucía el uniforme del River Plate, 'La Máquina', en el que jugó entre 1935 y 1946.

Al salir del hotel, el padre, gerente de la Librería Nacional, preguntó:

-¿De dónde lo sacaste?

A Marco le tocó confesar: una tarde lejana, como siempre al salir del Colegio Americano, fue a la Nacional, vio el afiche central y lo arrancó. Lo metió debajo de la camisa, dejó la revista en su sitio y ese día, a diferencia de los otros, no esperó al padre para irse a casa.

La travesura no molestó al padre, que, como había prometido, llevó al hijo al estadio esa noche y juntos observaron el 3-2 a favor de Millonarios sobre el Deportivo Barranquilla (un gol de Di Stéfano -fallecido en julio de 2014-  y dos de su compatriota Pedro Cabillón).

Marco Coll

Marco Coll, en el juego Colombia vs. Rusia, en el Mundial de Chile 1962.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Palabras sobre palabras

Camino a la casa, en un bus, la mañana del sábado 24 de marzo de 1962, Marco Coll lucía nervioso. Llegó a Barranquilla en la víspera y tenía permiso, como integrante de la Selección Colombia de fútbol, de un par de horas para visitar a su madre, Emelina, residente entonces en la calle 57 con carrera 41 B, en el barrio El Recreo.

Barranquilla, entonces con 450.000 habitantes y sin fútbol profesional por la desaparición del Junior y Sporting, de nuevo estaba convulsionada. El domingo 25, a las 3:30, en el estadio municipal, Colombia, clasificada por primera vez a un mundial, sostenía un partido amistoso frente a la Selección Atlántico (ganó el local 2-1). Colombia tenía como director técnico a Pedernera.

Marco iba pensativo. Para él esos 13 años fueron rápidos: saltó como volante ofensivo de un equipo aficionado llamado River Plate al Sporting profesional en 1952 y aquí permaneció hasta 1955. Ese año, fue al Medellín y, entre 1956 y 1959, actuó en el Tolima. En el primer semestre de 1960, pasó al Bucaramanga. Y desde el segundo semestre, vestía la camiseta del América de Cali.

Al cuadro vallecaucano llegó cuando le anotó dos veces seguidas con la camiseta amarilla, primero en Cali y luego en Bucaramanga.

A Pedernera, el técnico del América, le gustó, y se lo comentó a su compatriota y compañero del barranquillero en el equipo santandereano, José Américo 'la Bordadora' Montanini. Tras el segundo partido, Pedernera, con Montanini presente, lo invitó a cenar y ahí se acordó su negociación.

Nunca le dijo nada a Pedernera. Primero, cuando el argentino era jugador y director técnico de Millonarios (hasta 1954), porque no lo enfrentó, ya que era suplente en Sporting. Pero tampoco aquella noche en Bucaramanga, ni en los dos años que llevaba como su pupilo. Pero cuando Pedernera lo convocó a la Selección, una y otra vez, le expresó:

-Cuando vaya a Barranquilla, le voy a dar una sorpresa...
-Deja de romper las pelotas -respondía, en ocasiones, el argentino.

El nerviosismo era porque desconocía el paradero del afiche. Por eso, al llegar a casa, saludó de prisa a su madre y de una le lanzó la respectiva pregunta:

-Negro -dijo Emelina-, está donde me dijiste que lo guardara: en el escaparate.

Coll tardó más de las dos horas de permiso y cuando regresó a la concentración, en el hotel Victoria, en el Centro, sus compañeros, en el comedor almorzando, lo aplaudieron, como reproche. El jugador Rolando 'Loco' Serrano dirigió a Coll las palabras de siempre: "¿Qué dice el hijo de Pedernera?". El argentino, que caminaba impaciente por su ausencia, preguntó por la demora.

-Le traigo mi sorpresa -contestó Coll, y de inmediato abrió el sobre de manila y le entregó el afiche al 'Maestro' Pedernera.

Quien enmudeció ahora fue el argentino. Curiosos, los integrantes del seleccionado se levantaron de sus sillas, dejaron por un momento el almuerzo y vieron las palabras escritas por el entrenador 13 años atrás a un niño convertido hoy en su pupilo. Un segundo y más sonoro aplauso sacó del silencio al director técnico.

-Esto es impresionante -atinó a decir.

Y acto seguido, con un plumero de tinta negra, sobrescribió el afiche en la franja roja de la camiseta, que aún hoy, 63 años más tarde, conserva el barranquillero:

"Para mi amiguito Marco Tulio Coll como prueba de un sincero recuerdo. Adolfo Pedernera. 18-8-49".

ESTEWIL QUESADA FERNÁNDEZ
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla.
Publicado en EL TIEMPO, el 16 de agosto de 2012.

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