José Richard, el sordociego que siente el fútbol con las manos

José Richard, el sordociego que siente el fútbol con las manos

Fuimos con el hincha de Millonarios a su primera visita a El Campín. Su ángel guía es de Santa Fe.

El sordociego que siente el fútbol con las manosJosé Richard Gallego, hincha de Millonarios, logró desarrollar junto a César Daza, hincha de Santa Fe, un sistema de señas para poder experimentar la fiesta del fútbol. EL TIEMPO lo acompañó en su primera visita al estadio El Campín.
José Richard

Sobre una tabla, que representa la cancha, César (der.) le narra las incidencias del partido a José Richard, usando una técnica simple e ingeniosa.

30 de agosto 2017 , 08:13 p.m.

Es la primera vez que José Richard pisa el estadio Nemesio Camacho El Campín, en Bogotá. Sus manos reflejan su ansiedad. De tanto en tanto palpa las boletas que le darán acceso a las tribunas y las guarda celosamente en el bolsillo del pantalón.

Miles de personas se van agolpando en las sillas con los ojos fijos en la grama, prestas a disfrutar de la cita dominical con el balón, menos él. Es más, José Richard le dará la espalda a la cancha, no verá ni oirá ni pronunciará una palabra. Eso sí, no se va a perder un segundo del partido.

José Richard es sordociego. Su existencia es casi obra de una alineación cósmica. Sufre el síndrome de Usher, una condición genética rara que afecta a uno de cada 30.000 nacidos. El síndrome deja progresivamente a la persona con sordera profunda y después termina con su visión. “Para que suceda un caso, tanto el padre como la madre deben ser portadores del gen que causa la enfermedad”, explica Carlos Francisco Fernández, asesor médico de EL TIEMPO.

El mal funcionamiento de sus células, tejidos y órganos no le impiden a José Richard que cada poro de su cuerpo sienta pasión por el fútbol. Faltan 20 minutos para que se inicie el juego. José Richard está con César, su mejor amigo, su compañía, su intérprete, su narrador de fútbol, su confidente, sus ojos, sus oídos, su voz. Se conocieron hace dos años y desde entonces son inseparables.

Antes no había quién me interpretara. Un día, César me narró un partido de Colombia y no alcanzo a expresar la felicidad que sentí.

César creó la Fundación Sin Límites S. C. como respuesta a una necesidad de la comunidad sordociega. Quienes llegan allí encuentran una ventana al mundo laboral. Él está casado y dice que quiere tener tantos hijos como para hacer “un equipo de fútbol”.

José Richard es su “consentido” y lo considera como su hijo. La fundación es ahora solo una excusa para su amistad. A César no le gusta ser el protagonista de las historias de sus apadrinados, pero sin él, para ellos habría sido difícil salir adelante.

José Richard no está en el estadio para alentar a su equipo del alma, Millonarios; fue para acompañar a César a ver al suyo, Santa Fe. Son hinchas rivales, y eso, de ninguna forma, les ha evitado unirse en torno a la fiesta del gol.

Con lenguaje de señas

José Richard ubica sus manos sobre las de César y siente los símbolos que este traza en el aire. Faltan 10 minutos para el pitazo inicial y se enfrascan en una conversación impenetrable para quienes los ven. César le describe cada detalle del estadio a su amigo. “Intento narrarle cuántas personas hay –dice César–, dónde estamos ubicados, quién está cerca de nosotros (…), que él pueda sentirse en la situación y disfrutar de la experiencia como un vidente, oyente o hablante”.

Los jugadores salen a la grama. El rugido de los hinchas retumba en cada milímetro de de las graderías. El partido también comenzó para ellos. La mecánica para ‘ver’ el partido, ideada por José Richard, es ingeniosa.

José Richard y César Daza

Con el tiempo han perfeccionado las señas para entender situaciones propias del fútbol como 'quemar tiempo'.

Foto:

Hernando Banquez / EL TIEMPO

César se sienta viendo a la cancha y José Richard en frente, en una silla que han traído. Las rodillas frente a frente. Colocan una tabla sobre sus muslos: es la cancha. “En mi casa era imposible poder ver un partido –dice José Richard–. Siempre me ha gustado Millonarios, pero no había quién me interpretara. Siempre me sentía muy triste, muy desilusionado (…). Un día, César me narró un partido de Colombia y no alcanzo a expresar la felicidad”.

Estos amigos enlazan sus manos y uno se las guía al otro por la madera, ilustrando lo que ocurre en el césped. La dupla, que trabaja en silencio en medio del bullicio del estadio, ideó algo más para entender el juego. Un tirón de la camisa es falta, un gesto con la boca es un pitazo del árbitro, uno con la mano es tarjeta amarilla, otro es fuera de lugar o saque de banda o tiro de esquina.

Los dedos de ambos se transforman, en un parpadeo, en un jugador, en el balón, en el árbitro, en la tribuna o en ambos equipos. El juego que se replica en esa tabla de 30 × 20 es más frenético y apasionado que una narración radial. Los segundos se consumen y el anhelado gol no aparece.

El proceso

Cuando José Richard nació, los médicos identificaron un problema auditivo. A los 5 años sus síntomas empeoraron y la comunicación con su mamá se tornó imposible.

A los 9 fue diagnosticado con sordera profunda. “Mi mamá –explica José Richard– no sabía nada de lenguaje de señas y yo tampoco; entré al colegio Filadelfia y obtuve la primaria. Allí aprendí con mis amigos sordos a comunicarme”.

A los 15 años empezó a perder la visión. La situación lo obligó a salirse del colegio y se encontró con barreras para continuar con sus estudios. Aprendió a usar bastón, a leer, a escribir en braille y terminó de estudiar. “He pasado hojas de vida, pero es muy difícil –relata José Richard–, incluso hice un taller para manejar computador, pero nada, en todos los lugares me decían que no. Tuve la oportunidad de conocer a César en la Fundación Sin Límites, y ahora estoy comprometido con sacar adelante mi proyecto de vida”.

Se trata de ayudar a otros en su condición; también, quiere aprender panadería y actuar. José Richard ya es capaz de hacer las tres actividades.

Una misma pasión

Gol, pero no es Santa Fe. José Richard se burla de César, le dice con un gesto inconfundible: “Paila”. Se ríe. En una mueca le dice: “Es muy malito”. César lo empuja: “Todo bien, ya va a ver”. Entre ellos no importa el color del equipo.

José Richard consiguió prestada una camiseta de Millonarios para su primera visita a El Campín. En el estadio, la temperatura se eleva a más de 20 grados Celsius y ahí está José Richard, con la chaqueta negra puesta, escondiendo el azul de su prenda por miedo. En un acto de valentía, calor y nada más que amor por el deporte, deja al descubierto su prenda azul, orgulloso, al lado de la roja de César.

La dicha no dura mucho, José Richard tiene que ponerse de nuevo su chaqueta para evitar provocaciones al equipo local. Ninguno lo puede creer. “Qué sentido tiene ahondar en las diferencias por el color de una camiseta –sentencia César–. Qué más da que sea azul, roja, verde, amarilla, blanca o de todos los colores (…). Estamos disfrutando una pasión, sin incitar; al contrario, es una invitación para dejar las diferencias y vernos como iguales”.

José Richard y César Daza

‘Somos los más parces’, se dicen José Richard (izq.) y César (der.).

Foto:

Hernando Banquez / EL TIEMPO


El síndrome de Usher no es la única causa de sordoceguera. Fernández explica que hay más de 50 condiciones diversas: “Lesiones del feto durante la gestación, síndrome de Alström, enfermedad de Norrie, esclerosis múltiple, hipoxia neonatal, parálisis cerebral, entre otras (…). La sordoceguera es una de las condiciones sensoriales más complicadas y deben tomarse adaptaciones desde edades tempranas para que la persona mejore. El apoyo psicológico y médico es fundamental para la funcionalidad del paciente”.

Según la Fundación Sin Límites, en el país hay 10.200 personas con algún grado de hipoacusia (sordera) y baja visión (ceguera).

Ahora, actor

Lo extrovertido de José Richard no se agota en el fútbol. En el teatro brilla. CRL Producciones, de la mano del director Rodrigo González, se dio a la tarea de crear, desde ceros, una pieza teatral en la que los cinco personajes son todos sordociegos. La obra estará en el Teatro Charlot el 8 y 9 de septiembre, y en SinVisa, el 15, 16, 22 y 23 del mismo mes.

Carlos y su hijo David, Pilar, José Richard y Ruby son el elenco que da vida a esta historia cotidiana. Los cinco cocinan, se encargan de los quehaceres del hogar, lavan la ropa, montan en TransMilenio, cantan, bailan y, gracias a la función de voz de sus celulares, revisan sus redes sociales, publican fotos y responden a sus amigos virtuales.

González dice que la obra es un acto de paciencia y de aprendizaje, de confiar que en escena cada uno transmita la historia y que los silencios sean propios de la esencia del teatro. No hay imposiciones del personaje, es una búsqueda mutua. Actores, intérpretes y director van a tientas.

La voz del director retumba: “Esta es la escena donde José Richard le declara su amor a Pilar”. Cada actor está acompañado de una intérprete que le replica la instrucción en lenguaje de señas o utiliza un volumen de voz adecuado. José Richard termina de hacerle una trenza a una de sus compañeras, le pone una moña para asegurarle el pelo y entra en acción, se transforma.

Toma una hoja en blanco y le escribe una declaración de amor a Pilar, en braille. Ella le responde el coqueteo con otro mensaje, una críptica secuencia de puntos. “Soy soltero, pero yo sí quisiera casarme y tener hijos. Me gustaría enfocarme en mi esposa y ser comprometido en el amor, poder consentir a mi familia”, confiesa José Richard.

Una sonrisa sincera

Quedan 15 minutos para finalizar el partido, Santa Fe pierde. César narra con ligereza lo que pasa en la cancha y se nota en su rostro el afán por el empate.

José Richard lo nota, intenta bromear. César ríe. “Me pone muy feliz que las personas que están a mi alrededor estén felices”, dice José.

Diez minutos para el final. Las barras de Santa Fe explotan en una ola de aliento para sus jugadores. José Richard separa las manos de César y las mueve como imitando un temblor. José Richard percibe los bombos de las barras. Siente en la tabla vibraciones: de los hinchas que saltan, de las canciones de apoyo y de los instrumentos que impulsan al equipo a lanzarse al gol.

José Richard

José Richard está estudiando panadería en el SENA. Además, es actor principal en la obra Con-Sentidos de CRL Producciones.

Foto:

Hernando Banquez / EL TIEMPO

La sensibilidad en las manos de José Richard le ha servido para sobresalir en las clases de panadería que toma en el Sena. Los compañeros de José Richard se asombran y emocionan, porque “no entienden cómo una persona con esa discapacidad logra aprender tan fácil”. “Yo siento que todos miran mi habilidad para amasar, para usar el rodillo o hacer un pan blandito”, observa.

José Richard llega cada mañana a las 6:30 al Sena de Paloquemao, con su bastón rojo y blanco. Allí toma las clases. Monta en TransMilenio solo: “Me monto al bus y me siento en la silla junto a la puerta. Cuando sé que las puertas se han abierto cierto número de veces, me alisto; y cuando se vuelven a abrir, me bajo, es fácil”, comenta.

El nerviosismo se siente en el aire y en los ojos de César. Pitazo final. Una oportunidad perdida. El estadio se vacía. Todo queda sumido en silencio.

ANDRÉS MONTENEGRO VERGARA
ELTIEMPO.COM
Escríbanos: andver@eltiempo.com
En Twitter: @andmamove

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