América, llegó el día de mandar al diablo a la B

América, llegó el día de mandar al diablo a la B

Estrella Castellanos, ferviente hincha escarlata, espera que este domingo se dé el anhelado ascenso

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Estrella Castellanos, hincha del América de Cali.

Foto:

Santiago Saldarriaga/ EL TIEMPO

27 de noviembre 2016 , 10:23 a.m.

A sus 72 años, Estrella Castellanos siente que su corazón vuelve a latir con rapidez al saber que su equipo amado, el América, podría ascender a la primera división del fútbol profesional colombiano.

Esa sensación no la experimentaba desde aquel 19 de diciembre de 1979, cuando los escarlatas ganaron su primer campeonato. Según cuenta, ese día lloró de alegría por el título, pero también de tristeza por ser la única vez que no pudo acompañar a la Mechita, debido a que se encontraba hospitalizada esperando su primer bebé.

Y es que son ya 66 años alentando al equipo rojo, que nació de una idea concebida en 1918 por un grupo de jóvenes del colegio Santa Librada de Cali, quienes corrían por las empolvadas calles de la ciudad detrás de un balón de trapo con el sueño de ser grandes futbolistas.

El equipo formado en su mayoría por afrodescendientes enfrentó diferentes problemas hasta el punto de desintegrarse, pero gracias a nuevos manejos y triunfos renació en goles y solo hasta el 13 de febrero de 1927 sería oficializada como la fecha oficial de la fundación.

Según cuenta el historiador Luis Hernando Lenis, una vez un cronista deportivo en un diario local expresó: “Esos negritos del América corren como diablos rojos”. Desde entonces se visten de color escarlata y por sus raíces populares, el equipo de barrio se convirtió en ‘la pasión de un pueblo’.

Doña Estrella, a pesar de su paraparesia espástica tropical, una enfermedad que la tiene en silla de ruedas, dice que no necesita las piernas para movilizarse y llegar a los partidos; incluso dejó de asistir al grado de su hijo mayor por irse a ver al onceno de sus afectos.

“Desde los 6 años lo sigo desde mi ciudad natal: Tuluá, pero nunca he dejado que esta silla me frene. Con mi Mechita he ido hasta lugares internacionales como Cusco, Lima y Machu Picchu en Perú. América es mi vida, lo llevo en la sangre”.

A pesar de tener en su escudo al diablo como aliado, al América le ha tocado vivir con el fantasma de verdaderos infiernos, como fue la maldición del directivo Benjamín Urrea Monsalve, más conocido como ‘Garabato’, quien renunció al equipo diciendo enfurecido: “Hagan lo que quieran, pero juro por Dios que nunca serán campeones”.

Después de 50 años, y luego de que la hinchada incluso orara en varias misas, a la Mechita se le cumplió el milagro de obtener su primera estrella.

Hoy, su nueva pesadilla es la categoría B en el fútbol profesional, una tumba cavada por sus propios jugadores desde el punto penalti en la noche del 17 de diciembre del 2011.

“Ya estoy cansada de que me digan en la calle: ‘Hola, Bebé’, pero no de cariño sino burlándose; aunque no importa, seguiré alentando hasta que se canse la garganta”, manifiesta doña Estrella.

La llegada del médico Gabriel Ochoa Uribe en 1979 hizo que se creara una nueva historia. El director técnico trabajó durante 12 años seguidos con el plantel y dejó la imborrable huella de siete campeonatos nacionales, cinco de ellos consecutivos, dos subcampeonatos y tres subtítulos de Copa Libertadores. Así, el América se afianzaba como uno de los equipos más grandes del continente.

Existen versiones según las cuales el día que el América obtuvo su primera estrella, los hospitales del Valle tuvieron varios casos de personas infartadas; hinchas americanos que no soportaron la felicidad y el equipo escarlata se los llevó hasta la tumba.

Doña Estrella confía en que su escuadra alcance las victorias que logró en mejores años. “Hemos salido de peores, la B solo será el recuerdo de una hinchada que no deja de cantar, que lo apoya hasta en las malas y que siempre espera que se corone victorioso”, dice.

Un partido del América se caracteriza por tener sus tribunas completamente llenas; el pueblo caleño sale a ver a su equipo vestido del color sangre que llevan en las venas, el mismo color rojo que se pinta como una mancha y cubre por completo el Estadio Olímpico Pascual Guerrero; las trompetas suenan, los tambores retumban, los cantos se unen en coros y la piel se eriza de principio a fin.

Después de su casa, el lugar donde más ven a Estrella es en el segundo piso del lado oriental del estadio, y tras ser tan notoriamente constante, creó una de las primeras barras que tuvo el equipo escarlata en 1980, gritando los 208 goles de Anthony ‘el Pitufo’ de Ávila. Y tras 36 años de fundada La Barra Estrella Roja, no deja de colocar su bandera.

En los años 90, un grupo de estudiantes de la Universidad Autónoma de Occidente y varios adultos de barrios populares que viajaban de ciudad en ciudad apoyando al América sorprendieron el Pascual Guerrero con muchas banderas rojas y cánticos emocionados; era el nacimiento de la barra Furia Roja.

El nuevo milenio empezó llenando de gloria al equipo escarlata. En el año 2000 conquistó la décima estrella; en el 2001 participó en la Copa Toyota Libertadores y aunque solo llegó a cuartos de final, en ese mismo año logró su estrella 11; luego, en el 2002, logró ser consecutivamente tres veces campeón, de la mano del profesor Jaime de la Pava, y sumaron su estrella número 12.

En La Furia Roja, pocas personas se conocían, llevaban papel picado al estadio en bolsas pequeñas, se saludaban con cordialidad mientras llevaban sus sombrillas y banderas de gran tamaño para cantarle al equipo escarlata.

Miles de amigos le ha dejado el camino americano a Estrella, más de 600 elementos adornan su apartamento en el barrio Chiminangos, miles de boletas le han permitido el ingreso a los estadios del país, y afirma que a pesar de estar enferma, no dejará de ir al estadio y no morirá hasta volver a ver a sus ‘hijos’, como llama a los jugadores del América, en la primera división.

“Lo bueno es que cuento con el apoyo de mis dos hijos profesionales. Aunque la niña me salió del Deportivo Cali, me alegra los cumpleaños con bombas y pastel rojo”, cuenta Estrella.

Por su parte, la Furia Roja, hoy Barón Rojo Sur, cuenta en Cali con aproximadamente 1.500 miembros activos en 20 bloques, además de 117 filiales, 107 nacionales, 10 internacionales, entre las que están Nueva York, Atlanta, Antofagasta (Chile) y Panamá. La barra pretende borrar su fama negativa por los disturbios.

América, una herencia

La periodista y presentadora caleña Mábel Lara recuerda cómo su mamá la llevaba a los estadios siendo una niña. Gracias a ella aprendió a querer el equipo. “El fútbol se convirtió en una pasión de primas, nos gustaban las finales, y ahora espero que la Mechita ascienda, por la alegría del pueblo del Valle”, expresa.

Como ella, también hay quienes buscan dejar la tradición de los estadios en la familia.

Hace ocho años, Javier Laguna y Karen Díaz se conocieron, pero fue en el estadio donde se hicieron novios. Cuando esperaban a su bebé, aseguran que el sonido de los tambores y los goles del equipo escarlata le alegraban el vientre a Karen. Hoy su niño, con 7 años, no se pierde ningún encuentro del América y espera poder verlo jugar en la primera división.

“El amor por el equipo vence fronteras. La A sería el mejor regalo de navidad para el niño”, asegura Karen.

CALI

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