Así esperan los jugadores de Santa Fe la hora del partido contra Pasto
Por: FABIáN M. ROZO CASTIBLANCO REDACTOR DE EL TIEMPO |
La intimidad del plantel 'cardenal' durante las últimas dos semanas de concentración.
Cada noche, en el tablero de acrílico de la entrada del mezzanine donde el plantel de Santa Fe desayunó, almorzó y cenó en el hotel Dann Carlton durante las últimas dos semanas, Gustavo Bustos, preparador físico (PF) del equipo, escribió la agenda del día, que antes se imprimía para repartir en las habitaciones, pero que, por cuestiones de la tecnología, ahora es una simple imagen en los teléfonos inteligentes de los jugadores.
El jueves pasado, cuando el grupo volvió a reunirse por la noche tras la tarde libre, el PF, mientras escribía con su marcador negro una a una las diferentes actividades del día siguiente, tuvo una colaboradora tan inesperada como creativa: Vanina, su hija menor, de 10 años, que se concentró con él dos días y que en la parte inferior, con buen pulso y mejor letra, puso en tinta roja: "Vamos por la séptima estrella".
"Todos los días, el tablero se borra, pero ese mensaje permaneció intacto por ser un símbolo de la buena energía que ha rodeado a este grupo y con la que esperamos conseguir ese ansiado título", confesó Bustos, que saluda por su nombre a los operarios del hotel, desde el encargado de la seguridad hasta el maitre del restaurante.
Todos también son parte del equipo y fueron testigos de la manera como los jugadores, a su manera, combatieron la ansiedad por el partido de este domingo.
Unos optaron por partidas de póquer; otros, por los juegos de video, y no faltaron los que prefirieron caminar por los pasillos del segundo piso con auriculares puestos.
Ese desvelo se convirtió en trasnochada para el kinesiólogo José Rendón y el médico Rafael Montaña, quienes cada noche empezaban desde la cena a consultarles a los jugadores sus requerimientos, que fueron desde medicamentos hasta masajes, por lo que varias rondas terminaron en la madrugada.
También, el motivo de irse tarde a la cama obedeció a juegos de cartas, con apuestas de considerables cifras, en las que un invitado fijo fue el presidente del equipo, César Pastrana, todo un tahúr, que se concentró con el equipo en estos 15 días de tensión.
El ambiente se lo hicieron los propios jugadores, como el pasado miércoles en Pasto, cuando, por la mañana, Yulián Anchico le hizo un pedido bastante particular al utilero William Torres. "Me tocó conseguirle una caja de conjunto vallenato y con ella, más la guacharaca de Otálvaro, se armó la fiesta en el almuerzo, y todos empezamos a cantar 'Volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones, como la primera vez'", contó el jefe de equipamiento.
Y, como entre gustos no hay disgustos, Gerardo Bedoya aprovechó cualquier espacio libre para irse a un centro comercial cercano y, en su salida del viernes, le compró un peluche a su hija Avril, que vive en Medellín y lo acompaña esporádicamente.
Y es que los hijos son el motor de los jugadores. Anchico, por ejemplo, tuvo a su primogénito, Sebastián, en el hotel, y otros, como Edwin Cardona, para sentir la compañía de la pequeña Sofía, de dos años, se tatuó las huellas de sus pies en las pantorrillas.
Muestras de cariño y ternura, pero también las hay espirituales, cuando todo el grupo se une en torno a la oración, que siempre lidera el gerente, Agustín Julio.
El cartagenero se encarga de transmitir esa fe, esa Santa Fe a la que este domingo todo el pueblo 'cardenal' acudirá para soltar ese grito reprimido durante décadas.
Fabián M. Rozo Castiblanco
Redactor de EL TIEMPO
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