Da rabia y lástima al mismo tiempo que en lugar de poder escribir sobre las gestas de los dos equipos finalistas del Apertura, haya que referirse por la fuerza de los hechos al arbitraje.
Lo que hizo anoche el juez Fifa Wílmar Roldán al final del encuentro entre América y Boyacá Chicó no tiene sentido, ni justificación, ni mucho menos perdón. Acabar las acciones cuando un jugador está con una clara posibilidad anotar un gol, como al final le sucedió a Frank Pacheco, del equipo de Tunja, es algo que ni siquiera hacen los árbitros que dirigen torneos de barrio.
Aunque las leyes de juego lo amparan y después de cumplirse el tiempo reglamentario el juez puede pitar el final de un partido cuando lo considere, sin tener en cuenta el tiempo de reposición, lo sucedido anoche en el estadio Pascual Guerrero empaña totalmente el epílogo del campeonato.
Dios permita que Roldán haya hecho esto por miedo, por inexperiencia, por estrés o por lo que sea, menos por algún interés particular, lo cual sería nefasto para el fútbol colombiano.
Lo más preocupante es que la poca confianza hacia los árbitros colombianos se perdió casi por completo y el domingo, en el juego de Tunja, va a haber demasiada presión para el que dirija, sea quien sea. Esperamos, y ya, las reacciones de la Comisión Arbitral.
GABRIEL BRICEÑO F.
Subeditor de Deportes
gabbri@eltiempo.com.co