Venezuela es la prueba: se igualó para arriba

Venezuela es la prueba: se igualó para arriba

Se metió de cabeza en la historia y alegró el día de 35 millones de compatriotas. Enhorabuena.

10 de junio 2017 , 08:30 p.m.

En todo el mundo inmigrantes venezolanos se abrazaban, lagrimeaban, se enviaban mensajes por WhatsApp con amigos y familiares, ‘posteaban’ fotos y videos en Facebook, mensajes en Twitter... Sentían acaso como nunca el orgullo por el país lejano y amado. Y en la patria de Bolívar, millones celebraban un hecho deportivo que mitiga con sonrisas la tiránica y desesperante situación que vive la población. ¡Venezuela en una final del mundo!

El balón lo hizo posible, en un país donde hasta hace un par de décadas el fútbol marchaba de quinto o sexto, lejos del béisbol, el baloncesto, el box...

En una saga inolvidable, fue derrotando en serie a Alemania (2-0), Vanuatu (7-0), México (1-0), Japón (1-0), Estados Unidos (2-1) y Uruguay (1-1 y 4-3 por penales). ¡Venezuela era finalista del Mundial Sub-20! Lo que no han podido lograr otras fuerzas futbolísticas tradicionalmente más potentes, como Chile, Colombia, Paraguay, Ecuador, Perú o Bolivia, lo consiguió esta brillante Vinotinto juvenil.

Hasta ahora solo las tres potencias del Atlántico conocían el halago de llegar a una final del mundo. Ahora se les suma el benjamín del continente, que ya no lo es pues está en un nivel superior al de algunos vecinos. Le quedó el mote no más.

¡Venezuela-Inglaterra en una final! Hace treinta años hubiese sido inimaginable, como era impensable un viaje espacial en 1920. Lo logró a base de buen fútbol, carácter y gran equilibrio, sumando 14 goles a favor y apenas dos en contra. Y con un plantel colmado de buenísimos valores. El sensacional arquero Wuilker Faríñez, una de las mayores apariciones del fútbol mundial, ya titular de la selección mayor en la eliminatoria con 19 años flamantes; dos zagueros importantes, firmes, como Nahuel Ferraresi (18) y Williams Velásquez (19); dos volantes de marca con marca y manejo como Yangel Herrera y Ronaldo Lucena (ambos con 20); el osado Adalberto Peñaranda (20), titular en el Málaga español, gambeteador, valiente.

El bajito Yeferson Soteldo y dos chicos de 17 años, Samuel Sosa y Jan Hurtado. Sosa entró sobre el final ante Uruguay y al minuto 91 con 22 segundos clavó un tiro libre espectacular al arco celeste que dio la merecida igualdad. Esta gloriosa camada del Sub-20 vinotinto será protagonista de la próxima eliminatoria, la de Catar 2022 (¿sí? ¿será en Catar?).

En dos o tres años muchos de estos jóvenes estarán en Europa u otros mercados importantes. Sin contar los que ya son figuras en la selección adulta. Algo está pasando con el fútbol, que crece a espaldas del desastre político nacional: surgen muchos jugadores. Cuando se midieron Málaga y Real Madrid, jugaron de titulares cuatro futbolistas venezolanos en el club andaluz. Sacando brasileños y argentinos, ¿qué otro medio sudamericano puede tener cuatro representantes en un club europeo? Y titulares.

En 1960 los clubes y selecciones venezolanas no tenían ninguno de esos atributos que señalamos en esta Vinotinto histórica. Recibían seis o siete goles por partido, eran inocentes para defender, no llegaban nunca al arco contrario y les faltaba justamente personalidad para imponer lo que sabían con la pelota. O sea, hay un vuelco fundamental.

Y entre sus vencidos están nada menos que Alemania, Japón, México, Estados Unidos, Uruguay... De modo que puede asegurarse sin el mínimo margen de error que Venezuela evolucionó en fútbol. ¡Y cómo! Pero aún hay millones que aseguran que el fútbol “se igualó para abajo”. Venezuela lo desmiente por completo.

Brasil y Argentina ocupan los dos primeros lugares del ranquin mundial. O sea, siguen estando arriba, no bajaron al lugar que ocupaba la Vinotinto hace cuarenta años, Venezuela mejoró y se acercó a los de arriba. Aprendió a jugar, sabe defender, ganó en personalidad, está bien preparada, produce talentos... Su extraordinaria campaña en Corea ratifica que el fútbol se igualó para arriba.

Por cierto, el viernes, Andorra, un minúsculo principado catalán de 85.000 habitantes, derrotó en fútbol a Hungría, dos veces subcampeón mundial. Lo venció 1-0 en la eliminatoria mundialista.

La paridad y la competitividad, dos bellezas del fútbol actual. Hay quienes gustan de lo antiguo, de cuando Hungría goleó 10 a 2 a El Salvador en el Mundial de España 1982. Pero eso era un espanto. Afortunadamente no vuelve más: hoy, todos saben jugar.

En el cotejo Uruguay-Venezuela se dieron tres innovaciones reglamentarias dispuestas recientemente por la Fifa: 1) El juez polaco Marciniak sancionó un penal a favor de los charrúas mediante el VAR (uso del video).

En vivo no le había parecido falta. 2) Al llegarse al tiempo suplementario, Venezuela hizo un cuarto cambio de jugadores. 3) Los penaltis se definieron mediante el nuevo sistema ABBA, que es igual al tie break del tenis: pateó primero Venezuela, luego dos remates seguidos de Uruguay, luego otros dos de la Vinotinto, y así. Esto es para aliviar la presión de los que fallan.

En esa tanda, Faríñez tapó dos remates, Venezuela se metió de cabeza en la historia y alegró el día de 35 millones de compatriotas. Enhorabuena.

Último Tango...

Jorge Barraza
Para EL TIEMPO​

Columnistas

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