La lógica dependencia de las estrellas... (Opinión)

La lógica dependencia de las estrellas... (Opinión)

"¿Es lo mismo Colombia sin James que con James...?", pregunta un colega. Rotundamente no.

16 de octubre 2016 , 03:08 p.m.

Dentro de veinte años, cuando se recuerde la actual Eliminatoria, la memoria acercará un primer dato para ubicarse: era el tiempo de la Argentina de Messi, el Brasil de Neymar, la Colombia de James, el Chile de Vidal, el Uruguay de Suárez… Y cuando se apele a los archivos se encontrarán decenas de notas que hablarán de la Messidependencia, la Jamesdependencia, la Vidaldependencia… “¿Es lo mismo Colombia sin James que con James…?”, pregunta un colega. Rotundamente no. James es muy determinante. Puede parecer errático a veces, pero cuando él toca la bola hay presunción de gol, inminencia, sea por autoría o por gestación. Si no hace la letra hace la música. Similar a lo que venimos diciendo hace diez años de Messi: Argentina no puede ni entrar a la cancha sin Messi.

¿No es exagerada esa dependencia…? Desde luego, pero también es inevitable cuando se trata de semejantes jugadores. Ofrecen tan notables soluciones que el resto del equipo se acostumbra a ellos, se recuesta en ellos. Luego, cuando no están, se sufre. El Santos también era Pelédependiente. ¿Cómo no serlo…? Si solucionaba todo… ¡Y guay que no se cabreara con los marcadores…! Había que tratarlo con mano de seda, hablarle del costo de la vida, del colegio de los chicos, cosas mundanas… Al que le iba de pesado lo arrasaba. La única final que el Santos jugó de Libertadores en su estadio de Vila Belmiro fue en el ’62 ante Peñarol y sin Pelé: perdió 3 a 2. La semifinal del ’64 ante Independiente el Santos la ganaba 2 a 0 y perdió 3 a 2. Tampoco estaba O Rei. El Santos era una máquina… Con Pelé.

Bacca salió fastidiado frente a Uruguay. Es comprensible: de 9 partidos como titular, en seis lo reemplazaron. “¿Siempre a mí…?”. Lo debe estar pensando. Pero en los diez partidos Pekerman reemplazó delanteros: 3 veces a Bacca y Muriel, una a Bacca y Teo, otra a Muriel y Jackson, 2 a Teo solo, 2 a Bacca solo y una más a Muriel. ¿Por qué salen siempre los delanteros…? Porque muchas veces ni tocan la pelota. Cuando un equipo genera poco juego en el medio el que más sufre es el atacante, porque no le llega la herramienta. Y cuando levantan la chapa en el costado anunciando el cambio, la gente dice: “Y, sí… no estaba haciendo nada”. Queda como el culpable siendo la víctima. La falta de armado de juego lo deja incomunicado. Y sin James, peor…

Luis Suárez es un caso aparte. Es el único delantero del mundo que puede estar 93 minutos sin recibir ni agua ni mensajes, picando hacia la nada, pateando papelitos, esperando la utopía de una bola perdida. Pero en el 94 sale un pelotazo largo, choca al defensor, lo desparrama, se crea la oportunidad y define como aconseja la Biblia del fútbol: fuerte, rasante y junto a un palo. Cuando el delantero define así no existen ni Ospina ni Yashin ni Casillas ni Neuer. Ese gol en Barranquilla es para el manual del goleador. Tiene un algo de Gerd Müller, una pizca de Batistuta, un toque de Van Basten y mucho de Luis Suárez: la picardía, el temperamento, la concentración mental. Es Jack el Destripador jugando a la pelota. Un crack de todos los tiempos.

Partido grande el de Barranquilla. Muy atractivo el 2-2, el de Colombia-Uruguay. La Celeste es un bloque, no brilla, pero rinde y adelante tiene alto poder de fuego. Colombia llegó al empate por el corazón y la cabeza de Yerry Mina, a quien ya habíamos apuntado varias veces en partidos de Santa Fe. Cabeceador extraordinario, Yerry. El suyo es un caso parecido al del zaguero ecuatoriano Arturo Mina, hoy en River: sólo era cuestión de entrar al equipo, ahora no sale más.

Arturo Vidal, con su temple indomable y sus goles oportunos, está sosteniendo la ilusión de Chile. Lleva 6, un número importante para un volante. Pizzi ofreció su renuncia tras la victoria sobre Perú, síntoma de que no son todas rosas en Chile pese a ser campeón de la Copa América hace apenas tres meses y medio.

Brasil ya está arriba de todos. Lo habíamos adelantado: con Tite era muy difícil que no mejorara. Es un profesional extraordinario que, por esas malas elecciones de nuestras asociaciones, estaba sin trabajo, en tanto dirigía el confuso y siempre enojado Dunga. Tite tomó un equipo desacreditado, que ocupaba el sexto lugar en la tabla y en cuatro fechas lo ubicó como único puntero con 4 victorias, 12 goles marcados y 1 recibido. Sin olvidar que espantó el fantasma que rondaba en Brasil de quedar fuera del Mundial. Una muestra más de que, cuando algo no funciona, si hay una alternativa superadora no es pecado cambiar. Pero toda la prensa brasileña coincide en que sintió la falta de Neymar ante Venezuela. “Fue el partido más flojo desde que está Tite”, dicen. A colación: en una estupenda entre en El País, de Madrid, el genial Tostao (uno de los futbolistas que más deslumbró a este cronista), siempre medido y reflexivo, dedicó no obstante un elogio extraordinario a Neymar: “Tiene bastantes posibilidades de convertirse en el segundo mejor jugador de la historia del fútbol brasileño, solo por detrás de Pelé”.

El golpe de la fecha, sin dudas, estuvo a cargo de Paraguay, que resucitó anímicamente -y en las posiciones- al vencer por primera vez en la historia a la Argentina como visitante. La Albiceleste se mantiene milagrosamente quinta, pero desde el juego su realidad es pavorosa. No juega a nada. Hay elementos que ya generan un hartazgo total en el público (Agüero, Di María, Higuaín, Mascherano, Rojo, Demichelis y algunos etcéteras). El periodismo, tan contemplativo y hasta connivente estos últimos años con una selección de juego casi penoso, esta vez se desató y dedicó críticas feroces. Pide al técnico que no llamen más a los “históricos” o que estos den un paso al costado. La AFA tal vez debiera replantearse al técnico. Nadie espera espectáculo de un equipo de Bauza, sí se le pide un plan, una idea. El desorden futbolístico es total.

Se ha extraviado la meritocracia. El caso más gráfico es Di María, un sujeto veloz, al que no le pesa la camiseta y es muy voluntarioso. Pero está por su pasado, no por su presente. Lleva 80 presencias internacionales, ha jugado muchísimas veces mal, luce ansioso y corre atropelladamente, no devuelve un pase, patea de cualquier lado y generalmente desviado, sus centros son defectuosos, pero podría jugar 30 ó 40 partidos más igual. Tuvo un acto de nobleza tras la derrota: “Me está pasando igual en el PSG”, reconoció.

De nueve puntos disputados con Venezuela, Perú y Paraguay apenas sacó dos, Argentina. Ahora se ruega que Messi vuelva y pueda dar la clasificación él. Y vienen dos citas bravas: Brasil afuera, Colombia (adentro, pero es Colombia…), Ecuador en Quito... Ya sobrevuelan los fantasmas…

Último tango...

JORGE BARRAZA

Columnistas

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