City vs. Mónaco explica el reinado del fútbol

City vs. Mónaco explica el reinado del fútbol

Este partido que finalizó 5-3 es un folleto explicativo del balompié actual.

27 de febrero 2017 , 02:29 p.m.

Manchester City 5-Mónaco 3. Y nadie puede argüir excusas: era por Champions, con dos equipos rebosantes de figuras, con un técnico consagrado como uno de los mejores de la historia por un lado (Pep Guardiola) y otro que está cerca de dar el gran salto en Europa en los próximos meses enfrente (Leonardo Jardim, portugués nacido en Venezuela). Y además con velocidad, emoción, dinámica, agresividad, entrega, marca y ¡FÚTBOL…! ¿Que hubo errores defensivos…? Sí, los hay desde 1920. Y ahora se justifican más por la rapidez del juego que provoca el error. Los ocho goles fueron consecuencia de la búsqueda, de la intención ofensiva de ambos. Manchester City 5-Mónaco 3 es un folleto explicativo del balompié actual. No todos los partidos son así, desde luego, pero hay muchas perlas como estas.

Nos dijimos: ¡Qué suerte haber elegido este partido para ver y no Leverkusen-Atlético Madrid! (era a la misma hora). Pero ocurre que el otro, según los informes, fue magnífico también y terminó Bayer 2-Atleti 4. ¡Catorce goles en dos partidos…! Veinticuatro horas antes, Valencia, que intenta zafarse del descenso, le hizo morder el polvo al líder Real Madrid en un campo donde saltaban las chispas y que, tras la brega, parecía haber sido pisoteado por una manada de bisontes en estampida. Los jugadores se habían ido, y el pasto echaba humo. El jueves, un bravo Atlético Tucumán despachó al Junior 3 a 1, pero en el último instante el arquero Luchetti (38 años), en milagrosa volada, le quitó el gol y la clasificación al Junior.

Es el fútbol que vemos. A millones les parece horrendo, plástico, desamorado con la camiseta; a nosotros nos encanta.

“Fue una noche loca”, resumió el Kun Agüero (¡tan brillante jugador de club y tan opaco en selección…!). Acertó. Pero hay muchas noches locas últimamente. Y ello, pese a toda la oposición que existe. Nunca el juego tuvo tan alto grado de obstáculo. Todos están bien preparados. Y advertidos… Poseer mucha información del rival ya es de por sí una oposición importante. Antes era más sencillo golear a un adversario que desconocía las virtudes de su oponente. “Solo me interesa mi equipo, no el contrario”, recitaban viejos entrenadores. Ahora, la desinformación es un pecado: si no estudian al contrincante, lo más probable es que sean vapuleados.

Se notó el sello de Guardiola en la victoria ciudadana. Presión para recuperar el balón, posesión, movilidad para destaparse y ser opción de pase, ataque constante. Su paso por Alemania lo despintó un poco. Los enemigos del fútbol ofensivo, artístico, de balón al pie (está minado: el que se encuentra sentado a su lado en el bus puede ser uno de ellos, cuidado…) aprovecharon para arrojarle tierra pese a haber logrado 7 títulos en tres años en el Bayern Munich: 3 Bundesligas, 2 Copas de Alemania, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes. Pero llamándose Guardiola, 7 coronas en 36 meses son nada si una de esas no es la Champions League. Ahora le toca el turno en el City y si no logra un par de trofeos en el primer año, saltarán los ‘anti’. Es el precio de ser Guardiola. Es que aún queda gente persuadida de que quienes intentan aunar estética a la lucha son unos entrenadores haraganes que duermen hasta tarde y resuelven todo con labia y palmadas en la espalda. Para ellos, los verdaderos trabajadores son los ultradefensivos que pegan duro. Esos son los pillos…

No obstante, elegimos este choque por el Mónaco, a raíz de haber visto su empate a uno con el PSG. Mónaco mostró gran personalidad en París y un ramillete de jóvenes talentos. Eso nos inclinó. El ramillete volvió a brillar: Bernardo Silva, un endiablado 10 portugués de 22 años, buenísimo; Benjamín Mendy, exuberante lateral izquierdo (también 22), una locomotora; Djibril Sidibé (24), lateral por derecha; Fabinho (23), volante derecho brasileño de gran ida y vuelta, hace todo útil; y Mbappé, de quien nos explayamos a continuación.

El City arrimaba, arrimaba y al fin abrió la cuenta al minuto 23 por Sterling, tras jugada ‘messiánica’ de Sané que dejó un tendal. Pero a los 40 ya estaba arriba el Mónaco 2 a 1. Primero por un cabezazo en semipalomita de Falcao y luego por una entrada rauda y balazo alto de Mbappé. Aquí vale un alto: Kylian Mbappé, parisino, moreno, 18 años cumplidos el pasado diciembre, una suerte de guepardo que tira la bola para adelante y hay que persignarse. Va directo al arco, es veloz y ambicioso. Asoma como una perla por la que pelearán todas las potencias futbolísticas europeas. Apenas tiene unos pocos partidos en Primera y aún se atraganta por el deseo, lo atolondra el entusiasmo, pero cuando se serene… Atención a este nombre. Mónaco tiene la fama de ser el gran descubridor y promotor de talentos de Francia y de Europa. Mbappé puede agigantar ese rótulo.

Al minuto 50, una jugada quiebra el partido: penal para Mónaco, que puede colocarse 3-1 adelante y liquidar el pleito. Ejecuta Falcao y el tiro, no muy fuerte, es una uva para Willy Caballero, especialista en tapar penales. Ahí recobró ánimos el City y ocho minutos después, Kun Agüero puso el empate a 2. Lejos de derrumbarse, el Mónaco se fue arriba y devino el 3-2 con un golazo de Radamel Falcao García. Picó al vacío, enganchó hacia adentro, hizo pasar de largo a Stones y cuando se le acercaba Otamendi, la pinchó suave abajo y la coló por encima del arquero argentino. Bellísima vaselina al estilo Messi, Roberto Baggio, Francesco Totti. El 1.º de febrero firmamos una columna en la que decíamos:

“Está bien Falcao, con las antenas prestas, como debe estarlo un goleador que se precie. Tiene los reflejos del matador”. Lo demostró en Mánchester otra vez. Con perdón de Pékerman, lo vemos de titular ante Bolivia y Ecuador el mes próximo.

El City no se quedó lamentando y a los 71 llegó al 3-3 con un tremendo golazo de Agüero, que empalmó un centro directo de córner y la cruzó al palo vacío. Gol de patio de colegio, de campito de la esquina. El partido hervía. Los dos buscaban herirse de muerte. Y a los 77 clavó una estocada decisiva el cuadro inglés por mediación de Stones, quien llegó atropellando de atrás para empujar una bola en el área chica, tras otro tiro de esquina. Y cinco minutos después, Sané puso el tiro de gracia luego de un desborde del Kun: 5 a 3. Uno se agita y transpira hasta viéndolo por televisión.

El árbitro español Mateu Lahoz mostró 10 tarjetas amarillas, ninguna producto de mala intención sino de la intensidad y el ardor con que se juega. Alguien en TV se quejó: “¡Qué manera de amonestar…!”. Preguntamos: ¿Hay un límite para amonestar…? Porque los diez merecieron la amarilla (aunque no la roja).

Los dos equipos compusieron una deliciosa pintura de fútbol asociado, con responsabilidad para defender y vocación para atacar. Un fútbol en el que nadie hace tiempo y se juega con fervor hasta el minuto 95. El City y el Mónaco explicaron el reinado del fútbol.

Cuando se juega así, ningún deporte se puede comparar con este.

JORGE BARRAZA

Columnistas

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