Meluk le cuenta… (Etiquetas y etiquetados)

Meluk le cuenta… (Etiquetas y etiquetados)

Los futbolistas, en su mayoría de origen humilde y con historias admirables. Pero no. Son distintos.

27 de agosto 2017 , 09:32 p.m.

Ayúdenme a entender esto: un ciclista nuestro, un muchacho de la tierra, termina de 11 o de 18 o de 154 o pierde aunque haya sido favorito y es, a pesar de todo, un berraco. Las redes sociales estallan en etiquetas con sabor a algodón de azúcar y se respira aire rosado. La prensa, quizás por quedar bien con todos los que andan en las redes, se une al coro de etiquetas de palabras empalagosas... ¡Todos, hasta ese que llega de 154, son “campeones”! Perdón, corrijo: son “supercampeones”.

¿Y el análisis y la crítica? ¿Por qué el temor a decir que perdieron?

Pongo otro ejemplo a ver si me ayudan a entender esto: Caterine Ibargüen pierde el título mundial que defendía y cae en la Liga de Diamante que ganaba por costumbre, y, aunque diga a los cuatro vientos que la segunda es la primera perdedora, los medios y la gente vuelven a componer etiquetas en tonos pastel para no decirle derrota a la derrota.

Pero, ayúdenme a entender esto, la Selección Colombia de fútbol y sus jugadores son una mano de ‘rangas’ no obstante ser los segundos de la eliminatoria y haber jugado un mundialazo en Brasil. Si el jueves no ganan en Venezuela seguro los tratarán peor que a los perros en misa y en las redes pedirán otra vez la cabeza de Pékerman y los buitres se lamerán sus picos entre las tripas. Ya ha pasado.

Supongan que la Selección no clasifica al Mundial. ¡Dios no lo quiera! En esa hipotética y no deseada derrota, ¿habrá etiquetas de #graciascampeones #orgullocolombiano #siguensiendolosmejores y los medios las pondrán para ganar simpatías oportunistas y optimistas? Huummmm...

Los futbolistas, como la gran mayoría de los deportistas, son de origen humilde y tienen historias de vida admirables. Pero no. Son distintos. No son etiquetas porque ya están etiquetados. Si no ganan contra Venezuela, pierden contra Brasil y Colombia cae en la tabla... ¡Imagínense! Si, siendo segundos en la eliminatoria, James era un sobrevalorado; Bacca, un poste; Falcao, un retirado; Armero, un bailarín; Yepes, un anciano; Teo, un salvaje; Cardona, un gordo...

Quizás la explicación esté en que el fútbol es más cercano a la gran masa y más pasional y nos representa en gran medida como especie (estudios, ensayos y teorías sobre eso hay por millares); y que así como genera amor incondicional, provoca ira e intenso dolor, desconsuelos del alma que no despiertan otras disciplinas.

Ayúdenme a entender esto: ¿por qué en el fútbol no da temor decir que perdieron y, por el contrario, el temor es a no decirlo muy duro y muy fuerte? Debe ser que como se habla de fútbol desde la boca del estómago (que es de verdad donde se siente el amor y el odio), y como es el deporte que la inmensa mayoría consume con fervor, hay un sobreanálisis y una sobrecrítica que no provoca etiquetas color de rosa, pues nuestros futbolistas en las derrotas no tienen etiquetas de consuelo en la masa y los medios, pues están ya sobreetiquetados.

Meluk le cuenta...

Gabriel Meluk
Editor de Deportes
En Twitter: @MelukLeCuenta

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