Meluk le cuenta... (De Federer al Barcelona)

Meluk le cuenta... (De Federer al Barcelona)

En la final del Abierto de Australia de tenis hubo justicia. En la Liga de España, no.

30 de enero 2017 , 06:45 a.m.

En la final del Abierto de Australia de tenis no hubo ninguna injusticia. En la Liga de España de fútbol, la más importante del momento, sí pasó una grave.

Los 17.400 kilómetros que hay entre Sevilla (España) y Melbourne (Australia) representan hoy la enorme distancia que hay entre lo correcto y la injusticia.

Melbourne. Última bola del Abierto de Australia de tenis. La pelota rebota en el límite de la cancha. Juego, set, partido y título en el épico enfrentamiento entre Roger Federer y Rafael Nadal.

El juez de silla, el británico James Keothavong, la ve buena. Igual, Nadal pide que la jugada sea vista por el ‘ojo de halcón’. ¿Pegó en la línea? ¿Fue larga?

Hacia las pantallas gigantes en el Rod Laver Arena apuntan las miradas de los dos titanes en la cancha, del árbitro que no se va a equivocar, de los 14.820 espectadores que se muerden las uñas en el estadio principal del complejo Melbourne Park.

Suspenso. Respiración contenida: dos, tres, segundos efímeros y eternos…

La bola pegó en la línea. ¡Punto y campeonato! Solo en ese momento, Federer empieza a gritar, a sacudir la raqueta empuñada, a aguantar las lágrimas. Solo en ese momento ruge emocionada la multitud que disfrutó otro poema al tenis, una oda de 3 horas y 38 minutos.

No hay dudas, no hay reclamos. Lo más importante: no hay injusticia.

Sevilla. Minuto 76 del partido de fútbol entre Betis y Barcelona de la Liga de España. Betis apenas gana 1-0 al todopoderoso catalán, que ataca para el empate. Alex Vidal desliza un centro que quema las 18. Neymar corre para rematar, pero el defensa Aissa Mandi se le atraviesa y lo tumba. ¡Penalti! ¡Era penalti! El juez, Hernández Hernández, no sopla el pito.

La bola sigue su ruta. Jordi Alba y su marcador, Cristiano Piccini, galopan afanados en su búsqueda. El del Betis toca la bola, que sale disparada hacia el arco vacío.

Mandi, el mismo que derribó a Neymar, se lanza entonces con las piernas para adelante y saca la pelota… ¡Que superó la línea de gol medio metro o un metro o metro y medio! Un gol enorme, que no dan ni Hernández Hernández ni su asistente en la línea.

Los jugadores del Betis saben que fue gol, pero se hacen los locos. Mandi hasta le pega a la red con su guayo. Más que ninguno, él sí lo sabe.

Los jugadores del Barcelona gritan y protestan. Hasta hacen gestos entre burla, furia e incredulidad. Hernández Hernández no solo no sopló el pito… ¡Se lo tragó!

Hay rabia. Hay escándalo. Lo peor de todo: no hay justicia.

Dos errores groseros de apreciación en un segundo (penalti y gol) que bien se pudieron subsanar con la simple revisión del video o con el ‘ojo de halcón’ o con el chip en la línea de anotación o…

Al final del partido, Barcelona logró el 1-1 que tapa un poco la metida de pata enorme del juez. Hace un tiempo, recuerdo que usé una frase que creo es de Pitágoras: “El problema de las injusticias no es sufrirlas. La verdadera desgracia es cometerlas”.

En la final del Abierto de Australia de tenis no hubo ninguna. En la Liga de España de fútbol, la más importante del momento, pasó una grave.

Si con el uso y la implementación de la tecnología se evita cometerlas en el fútbol, pues nos estamos demorando.

Meluk le cuenta...

Gabriel Meluk
Editor de Deportes

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