Rubén Murillo, promesa del fútbol que triunfa en el ciclismo

Rubén Murillo, promesa del fútbol que triunfa en el ciclismo

La 'Sombra' jugó con Juan G. Cuadrado, pero su pasión es la bicicleta. Es campeón panamericano.

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Rubén Murillo, ciclista colombiano.

Foto:

Instagram: @rubenmurillo527

23 de octubre 2016 , 10:22 a.m.

Las bicicletas impactaban contra los muros de Chigorodó. Un lote de pequeños niños se divertía encima de sus máquinas de acero, saltaban, realizaban freestyle, era el pan de cada día, el momento de la práctica del deporte, de dejar al lado los libros y los cuadernos para hacer ciclismo.

Uno de ellos era Rubén Murillo, un chico inquieto, quien no paraba en la casa. En las mañanas, religiosamente, asistía a las clases en el colegio Los Andes, donde se destacaba por su buen nivel académico y por su manera de jugar, de hacer pilatunas: era un niño inquieto, hiperactivo.

Pero a Rubén no solo le gustaba la bicicleta, también jugaba fútbol, era el líbero del equipo, el que cerraba las bandas, la última carta que le quedaba al portero para evitar el gol, y hacía bien su trabajo. Era un defensa rápido, fuerte; era el capitán del equipo y por eso varias veces fue citado a integrar el seleccionado de la zona, ese donde estaban los mejores, con el que fue a disputar torneos a Pailitas, Valledupar, donde jugó al lado de la gran estrella de la Selección Colombia y de Juventus de Italia: Juan Guillermo Cuadrado.

Sin embargo, el fútbol perdió una figura y el ciclismo ganó un campeón. A Rubén, que nació el 29 de enero de 1990 en Apartadó pero se crió en Chigorodó (Antioquia), le gustó más el bicicrós. Iba a verlo practicar cuando salía del colegio o de los entrenamientos de fútbol. Sus movimientos en la bicicleta le sirvieron para practicar el bicicrós, deporte en el cual se destacó y desde el que dio el salto al ciclismo de pista.

“No tuve problemas de materias, pero sí era demasiado inquieto en el colegio. Nunca perdí disciplina, eso no se pierde; llamaban a mi mamá, me regañaba y me castigaba, no me compraba los zapatos que quería o no me daba el dinero para las onces, pero nunca me impidió hacer deporte”, recordó Rubén, quien en el pasado Panamericano de Ciclismo de Pista de Aguascalientes (México) ganó el oro en la velocidad por equipos con Fabián Puerta y Santiago Ramírez, con un tiempo de 42 segundos 762 milésimas, nuevo récord para el torneo.

Rubén estaba bien en Chigorodó, pero quería crecer; por eso empacó maletas y se fue para Medellín, en busca de mejores cosas. Dejó el noveno curso de bachillerato, su casa, a su mamá y los amigos, mas no el bicicrós. Llegó a la capital antioqueña procurando una oportunidad; pagaba arriendo, comida, transporte, todo patrocinado por Elizabeth Minota Correa, su progenitora, quien era la tesorera de la alcaldía de Chigorodó.

“A Fredy Candanosa, un accionista de fútbol, le hice perder un billete. Él compró mi pase, confió en mí, pero me decidí por el ciclismo, algo de lo que no me he arrepentido nunca”, precisó Rubén, de 1,70 metros de estatura y 75 kilos de peso.

Ya en Medellín, los bicicrosistas iban al velódromo a entrenar varias veces a la semana, y Rubén recibió la invitación del técnico de pista, Jhon Jaime González, para correr. Lo hizo: dio el sí, probó, ganó en un nacional y se quedó.

“Me quedé ahí porque sentí el apoyo, me sentí cómodo y había más atención que en el bicicrós, un deporte que llevo en el alma, que me dio la opción de ser deportista”, le dijo Murillo a EL TIEMPO.

Pero en Medellín no estuvo solo. Su hermano Tirson, que estudia ingeniería informática, algo que abandonó Rubén cuando cursaba el cuarto semestre, fue una gran compañía.

Disfrutando de su ‘nueva vida’, Rubén terminó el bachillerato en la institución educativa Marco Fidel Suárez y se metió de lleno en el deporte.

Su piel morena la luce con orgullo. En Colombia no hay ciclistas así. El mismo Murillo se sorprende, pero dice que eso le da más ánimo para salir adelante; incluso le gusta que le digan la ‘Sombra’.

“Ese apodo me lo puso Rafael Pérez, un señor de la Liga de Antioquia de Bicicrós que ayuda a construir las pistas de los pueblos. Me conoció en Chigorodó, me vio compitiendo en el DIM y narraba. Alguna vez iba ganando la carrera y él dijo que ahí iba la ‘Sombra’. En principio no me gustó, pero luego me acostumbré y así me conocen”, señaló.

Todo ha sido bueno en la vida de Rubén. No habla de su papá, se enorgullece de su infancia, de lo que ha sido, de lo que es y tiene sueños en la vida.

Quiere ir a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, porque a los pasados en Río de Janeiro no pudo asistir. “Venezuela nos ganaba siempre en los certámenes del ciclo olímpico y no pudimos clasificar, pero Tokio es la meta”, precisó Murillo, un hombre que a pesar de haber nacido y criado en una zona violenta del país, “gracias a Dios”, como él mismo dice, nunca vio esos problemas, no perdió a seres queridos y tampoco amigos. “Mire, hermano, es que allá hay deporte, hay otras cosas positivas y nosotros nos esmeramos por salir adelante, y lo hicimos gracias al fútbol, al bicicrós, al ciclismo. De eso me siento orgulloso”, aseguró.

LISANDRO RENGIFO
Redactor de DEPORTES
En Twitter: @LisandroAbel

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