El mecánico paisa que está en la élite del ciclismo mundial

El mecánico paisa que está en la élite del ciclismo mundial

Con más de diez años de experiencia en las carreteras de Europa, Rober González trabaja en Trek.

Rober González, mecánico del Trek

Cropusa Burgos (España) fue el primer equipo europeo de González, de 46 años.

Foto:

Luis Barbosa

12 de noviembre 2017 , 11:37 p.m.

Por la recolección de la uva, el aroma de los extensos viñedos se siente más por esta época en Camaret Sur Aigues, un pequeño pueblo ubicado a 30 kilómetros del célebre y mítico Mont Ventoux –prueba de fuego para los escaladores en varias ediciones del Tour de Francia– y a unos 25 kilómetros de Aviñón, la antigua ciudad de los papas, en el suroriente de Francia. Allí, con el clima influenciado por el mar Mediterráneo, los inviernos son frescos y los veranos son prolongados.

La tranquilidad que se siente es especial para Rober González Carvajal. En estos momentos juega en el amplio jardín de su casa con Carla, su pequeña hija de 9 años, y su perra, Inna, de raza pastor australiana. Los pocos días de asueto que tiene los aprovecha al máximo con su familia.

Después de una ardua temporada, parece tomar un pequeño respiro luego de ponerle el punto final a un año de trabajo. En octubre cerró sus labores en el Tour de Turquía y ahora tiene unos buenos días de descanso antes de comenzar la pretemporada, en la primera semana de diciembre, con el equipo Trek-Segafredo.

Ocho ‘tours’ de Francia, 11 ‘giros’ de Italia y ocho vueltas a España, además de una infinidad de carreras en todos los continentes.
Y todo eso en un poco más de diez años de estadía en Europa.

Si Colombia tiene un nombre, una tradición y un peso en el ciclismo mundial gracias a las victorias y destacadas actuaciones en las grandes carreras, Rober, un paisa montañero –como él mismo se describe– también está haciendo camino, pero como mecánico profesional de bicicletas, una actividad que le ha permitido cumplir sus sueños en un deporte que lo cautivó desde niño.

En su trabajo ha tenido la oportunidad de establecer amistad con un grupo de corredores del lote internacional, al tiempo que ha conocido muchos países, sus historias y sus culturas. El ciclismo también le permitió crecer, ampliar sus fronteras y conocer a Audrey, la mujer que hoy es su esposa y con quien tuvo a su hija, que ya está dando las primeras rodadas en el patinaje de carreras.

Desde las montañas

Rober salió de su natal Buenos Aires, una pequeña población enclavada en las montañas antioqueñas, entre los municipios de Andes y Jericó. A los 15 años, cuando decidió buscar fortuna, se metió en el mundo del ciclismo. En su pueblo estudió los primeros años y en épocas de vacaciones se dedicaba a recoger café, a lidiar con el ganado y a cuidar y pastorear ovejas y caballos.

También le ayudaba a su papá en labores de albañilería para ganarse unos pesos y poder comprar los bombones y la gaseosa, hasta que le llegó el momento de partir en busca de nuevos horizontes.

Ya en Medellín hizo parte de un equipo aficionado de Itagüí y comenzó a tomar roce en las pruebas de ciclismo.
Hizo parte del equipo aficionado de Asdrúbal Salazar, club en el que comenzó a dar sus primeros pedalazos en carreras del calendario nacional.

Luego, después de definir su situación militar mediante un servicio no muy grato –aunque enriquecedor en la parte organizativa y disciplinaria– en el batallón Bomboná, en Puerto Berrío, Antioquia, hizo parte de equipos de más trayectoria, como el Ron Medellín y luego el Orgullo Paisa, en la categoría sub-23. Allí se codeó con corredores que ya mostraban su clase, como Óscar de J. Vargas y Carlos Mario Jaramillo (hoy seleccionador nacional de Colombia), entre otros ciclistas.

Al cabo de un tiempo se dio cuenta de que no tenía mucho futuro en la parte competitiva, aunque aún había espacio para él en el mundo de las bielas. Igual, una hernia rebelde lo alejó de las competencias.

“Terminé trabajando en las tiendas de Raúl Mesa, a quien le debo mucho, y también en Bike House. Tuve la fortuna de aprender mucha técnica en la mecánica gracias a la enseñanza de hombres como William Serna y Nicolás Laverde, entre otros. Hasta que hice parte del Orgullo Paisa, y posteriormente del Orbitel, entre 1999 y el 2004. Luego llegó la oportunidad de viajar a Europa”, recuerda Rober impregnado de nostalgia.

Un primer año difícil

Su aterrizada en España se dio gracias a la amistad que entabló con el ciclista vasco Alberto Martínez, quien estuvo un tiempo entrenando en el país. Él era amigo de José Castelblanco, de grandes actuaciones en España con el equipo Kelme. Finalmente, Rober llegó a la modesta escuadra española Cropusa Burgos, que centraba sus objetivos en corredores jóvenes para ganar pruebas del segundo renglón. “Fue una experiencia enriquecedora, aunque al cabo de la temporada no me cumplieron con lo acordado y ya pensaba en regresar a Colombia, pero una sorpresiva oferta, en octubre del 2005, del Saunier Duval, un equipo ProTour, más grande y de mayor proyección, me hizo cambiar los planes. Allí requerían de un conocedor de las bicicletas, que pudiera armar y desarmar máquinas y, claro, ser efectivo y práctico al momento de trabajar en plena carrera. Entonces comencé un nuevo proceso”, prosigue González, quien a pesar de llevar sus buenos años en Europa y dominar los idiomas francés, italiano e inglés, no pierde su acento paisa de la montaña.

Saunier Duval, un equipo ProTour, más grande y de mayor proyección, me hizo cambiar los planes. Allí requerían de un conocedor de las bicicletas, que pudiera armar y desarmar máquinas

Allí fue como entrar a las grandes ligas, ya que el equipo era invitado a las pruebas importantes de la temporada. Los dueños de la escuadra le hicieron un buen contrato y, lo mejor, le ayudaron a gestionar el visado de trabajo ante el Gobierno español.

Tuvo la oportunidad de conocer a corredores de la talla de Gilberto Simoni, el corajudo Joaquín ‘Purito’ Rodríguez, Iban Mayo, Leonardo Piepoli y del tristemente célebre italiano Riccardo Ricco, con un oscuro pasado en el mundo del dopaje.

Hasta que llegó a la formación del Cervélo, escuadra canadiense con licencia suiza que se hizo ver entre el 2009 y el 2010, bajo el liderato de Carlos Sastre, “un hombre de gran corazón”, como el mismo Rober destaca. Y luego recaló en el Leopard-Trek, que fue la estructura del hoy Trek-Segafredo.

“Me sentía como un ciclista profesional al pasar de equipo en equipo. Pero no fue fácil.
En esta labor hay que ser muy profesional, rápido y además práctico, conocer los detalles y ser muy colaborador con todos. En ese momento tuve la oportunidad de conocer y trabajar para los hermanos Schleck, Andy y Frank, quienes llegaron del CSC-Saxo Bank, de Bjarne Riis, al igual que Fabian Cancellara y otros corredores que arribaron de diferentes equipos ProTour”, anota.

Rober tiene el mejor concepto de Andy Schleck, a quien describe como una persona “gentil, especial y un gran ser humano”.

Contador, un profesional

Una bonita coincidencia vivió Rober en esta temporada, tras la llegada de Alberto Contador y su reciente retiro del ciclismo competitivo: acompañó al ‘Pistolero’ en su última Vuelta a España.

“Es una lástima que un corredor de esas condiciones ponga el pie en tierra. La verdad, tenía un concepto diferente de Contador, me lo imaginaba difícil, complicado, pero ya cuando se le conoce y se trabaja con él, se da uno cuenta del profesionalismo que tiene. Es increíble toda la afición que arrastra. Lo esperaban en el hotel, en la salida, en la meta, para que firmara autógrafos y se tomara fotos, y nunca se negó. Y en carretera daba espectáculo, lo que le gusta a la afición. Como él, pocos; quizá Valverde (Alejandro) o Bardet (Romain), porque no esperan atacar solo al final, sino que encienden la mecha, aunque al francés todavía le falta”, analiza.

Pese a que Contador era el único ciclista del Trek que tenía su propio mecánico (el español Faustino Muñoz, quien lo ha asistido desde las épocas del Once de España y luego en Liberty Seguros, Astana, Saxo Bank y Tinkoff), Rober tuvo la oportunidad de compartir y estar al tanto del hoy ya exciclista en varias pruebas del calendario, como el Tour de Abu Dabi, en febrero de este año.

Un grupo muy exigente

“Nosotros somos nueve mecánicos en el equipo y nos vamos turnando cada carrera. En pruebas de tres semanas vamos cuatro. Nuestro trabajo es importante y no podemos cometer errores, y menos en plena carretera”, subraya Rober, que también es un hombre lleno de anécdotas.

Cuando debutó en el Leopard, en la París-Niza 2011, tuvo un momento clave al tener que cambiarle una rueda a la bicicleta de Frank Schleck. “Claro, estaba nervioso, pero saqué adelante el reto, me fue bien y eso me dio confianza. Son momentos en los que no se puede dudar y hay que ser efectivos”, recuerda el mecánico, de 46 años.

Rober, quien tiene contrato asegurado con el equipo para las próximas temporadas, se siente muy apreciado por todos los corredores de la escuadra. Y considera al colombiano Járlinson Pantano, quien llegó esta temporada a la escuadra, como un corredor combativo, que se adaptó rápido, gran persona, de mucho ambiente y que los hace reír a todos.

“Trato de aprovechar los días de descanso con mi familia. Hace ya más de un año y medio que no voy a Medellín. Pronto lo haré. Son 180 días del año que está uno por fuera de la casa, el trabajo así lo exige, es duro. Claro que es difícil llegar, pero más difícil es mantenerse, ahí seguimos en la brega”, puntualiza González, quien comparte estos días de descanso con su esposa y su hija. Juntos preparan las delicias de la cocina antioqueña.

Rober, único colombiano que trabaja en la mecánica de las bicicletas en el World Tour, espera abrir camino a otros colegas, así como lo hicieron los pioneros del pedalismo colombiano, que se encumbraron en Europa y ya cuentan con pergaminos en el ciclismo mundial.

JAVIER ARANA
EL TIEMPO@arana_javier

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