Raúl Mesa, 50 años de su vida dedicados al ciclismo
Por: LISANDRO RENGIFO |
Raúl Mesa en sus primeros años como DT, manejando la moto del equipo.
Foto: CEETGanó como técnico 11 Vueltas a Colombia y dirigió en las tres mejores carreras del mundo.
Corría entre lágrimas y sonrisas. Nadie lo podía detener. Buscaba como loco a los organizadores de la carrera. Tenía un taco en la garganta que no lo dejaba respirar. Entre carros, bicicletas, la multitud que invadía la zona y aún presa de la emoción, luego de bajar del podio, donde recibió todos los honores, Raúl Mesa Orozco, el técnico colombiano, se encontró con los dirigentes del Tour de l'Avenir de 1980 y les soltó la perla: "Les dije que podíamos ganar", y se abrazó con ellos.
Días antes, cuando recibió la noticia de que el equipo estaba invitado a la prueba francesa, los dirigentes le dijeron que "ojalá terminara, al menos, uno de sus ciclistas", pero él, confiado en lo que tenía, les habló con fuerza y les dijo: "De pronto ganamos". No le creyeron.
El 21 de septiembre de 1980 fue un día que quedó marcado para el ciclismo colombiano y para el técnico Raúl Mesa, quien advierte que el título conseguido por Alfonso Flórez (q.e.p.d.) ha sido el que le ha dado la mayor felicidad en sus 50 años de ciclismo, lo que cumple en el 2012. "Casi no nos invitan, pero corríamos contra el ruso Sergei Soukhoroutchenkov, que venía de ser campeón, parecía imbatible y era el campeón olímpico. Nosotros contábamos con un equipazo, que al final dio la sorpresa", recordó Mesa.
'El ajedrecista del ciclismo', como se le conoce, labró esa victoria así como su mamá, doña Adela Orozco, hacía sus costuras en Jericó, la población antioqueña, que vio nacer a Raúl el 15 de enero de 1943. Su papá, don José Luis, era secretario de juzgado y presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas del municipio.
Su primer amor no fue una mujer ni el ciclismo, sino el fútbol. Raúl Mesa era el delantero estrella del Colegio San José de Jericó, deporte que siguió practicando cuando, después de la muerte de su mamá, se fue a vivir a Medellín, porque quería ser independiente y cambiar de aire.
Se instaló en el barrio La Floresta de la capital paisa y se hizo muy amigo de Asdrúbal Salazar y de Hugo Cuartas, dos que amaban la bicicleta y practicaban el ciclismo. Mesa alternó la mensajería, su trabajo, con los entrenamientos en las primeras horas del día.
Cuartas le comentó que la Liga de Ciclismo de Antioquia estaba reclutando gente para juzgar el Clásico RCN de 1962, y a Mesa le sonó la idea. Fue, se inscribió y salió elegido como uno de los hombres que juzgarían la carrera, que ese año se disputaba por segunda vez.
La prueba, que se corrió del 31 de marzo al primero de abril, la ganó Rubén Darío Gómez, tras una doble a Riosucio. Mientras Pastor Londoño Pasos era el narrador del transmóvil uno de RCN y Eucario Bermúdez relataba desde el dos, Raúl hizo el recorrido en moto y vigilando que el reglamento se cumpliera al pie de la letra.
Pero ahí no paró todo. Cuartas y Salazar lo alentaron a subirse a la bicicleta, a ponerse un uniforme y a pedalear por la victoria. Mesa se inscribió en el Club Medio Fondo, comenzó a entrenar duro y el 8 de diciembre de 1962 participó en el Circuito de Bolívar, un municipio antioqueño, prueba en la que perdió por poco con Eucaris Escudero.
El segundo puesto en la primera carrera le dio alas para pensar en serio en dedicarse a la bicicleta. Entregó la máquina que le prestaron Cuartas y Salazar y compró una, con la que comenzó a entrenar.
La cuerda le alcanzó hasta 1968, años durante los cuales los triunfos no fueron muchos. Corrió tres Clásicos RCN. Se retiró una vez y en 1966 terminó de 37; al año siguiente, le correspondió la casilla 38.
Fue pistero e integró varias veces el equipo antioqueño de la persecución.
Tras colgar la bicicleta, Mesa se convirtió en técnico de la noche a la mañana. Jairo Zea, quien era el orientador del equipo antioqueño que iba a participar en la Clásica de la Consolación en el Táchira venezolano, se enfermó, y 'enchicharronaron' a Raúl en ese cargo. Y, pese a que no ganó la prueba, el equipo que dirigió fue el más sobresaliente de la carrera.
Su debut como técnico fue exitoso y al año siguiente volvió a dirigir la escuadra en el nacional de Manizales, otra vez en Venezuela y en una competencia en Panamá, cuyos resultados no recuerda.
Ahí comenzó a labrar su camino como técnico. Mesa ha tenido la oportunidad de orientar a los mejores pedalistas del país, pero cuando se le pregunta por el de más calidad, no duda en responder: "Martín Emilio 'Cochise' Rodríguez".
También ha tenido decepciones duras, que le ha tocado lidiar varias veces. Hubo una grande que no lo deja tranquilo.
"Me he decepcionado de varios corredores, pero hay un caso especial: Álvaro Mejía. Él lo sabe, se lo he dicho. Creo que Mejía pudo haber sido mucho más grande de lo que fue. No le puso el interés, la preparación ni las ganas para ser mucho mejor. Con lo que tenía, fue cuarto de un Tour de Francia, qué tal que le hubiera puesto más empeño", afirmó Raúl.
¿Llorar? Eso sí que lo tiene claro. Una vez finalizó el Tour de Francia de 1992, Raúl no se bajó del carro cuando pasó por última vez por los Campos Elíseos de París. No pudo controlar las lágrimas, pues solo terminó la carrera con dos corredores. "No me acuerdo de quiénes eran, pero lloré de la tristeza", recordó.
El título de Luis Herrera en la Vuelta a España tuvo, de alguna manera, el sello de Mesa. Lucho corría en el equipo Café de Colombia y Raúl era el DT del Ryalcao Postobón, pero en la última semana de competencia, en los carros de los equipos se instalaron radios y los dos técnicos se comunicaban.
"Con Rafael Niño hablábamos mucho. Los dos decidíamos qué hacer en la carrera. A mí me sirvió, pues con esas estrategias ellos ganaron la Vuelta y nosotros fuimos campeones por equipos", señaló Mesa.
Raúl no recuerda cuántas carreras ha dirigido ni tampoco cuántas etapas han ganado sus ciclistas. Una es imborrable: la séptima jornada de la Vuelta a Colombia 2007, de 123 kilómetros entre Mariquita y Manizales.
Lo es porque el lote de la carrera no creía que su corredor, Santiago Botero, aguantara el ritmo en el ascenso de 70 kilómetros hacia el páramo de Letras. Botero hizo una exhibición descomunal. Ascendió como nunca. Dejó a sus rivales rezagados y enfrentó el descenso de 40 kilómetros hacia Manizales como un suicida.
Llegó a la meta, levantó los brazos y tuvo que esperar 3 minutos 42 segundos a que llegaran sus contrincantes. El cronómetro dictó sentencia y el corredor de Mesa fue el líder. Ocho días después, en Bogotá, Botero se coronó campeón.
Raúl Mesa Orozco no sabe cuándo se irá del ciclismo. Advierte que cuando EPM-Une deje de patrocinar a su equipo, se irá.
Una vez tome la decisión, seguirá al frente del almacén de bicicletas que tiene en Medellín y en los días libres se irá a sembrar árboles frutales en su finca El Paraíso, de La Pintada, a escuchar las rancheras de Vicente Fernández y de José Alfredo Jiménez, mientras monta en Mariachi, su caballo preferido.
En tanto llega ese día, seguirá al volante del carro número uno del equipo, desde donde ha dirigido un Giro de Italia, siete Tours de Francia y nueve Vueltas a España.
Desde allí, Mesa ha impartido a sus ciclistas (y ellos las han cumplido a rajatabla) las órdenes necesarias para haber ganado 11 Vueltas a Colombia e igual número de Clásicos RCN, un legado difícil de igualar.
Lisandro Rengifo
Redactor de EL TIEMPO
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