El silencioso gregario que cambió su libreto para ganar el Tour

El silencioso gregario que cambió su libreto para ganar el Tour

Valerio Tebaldi, DT de Geraint Thomas en el equipo Barloworld, habló con EL TIEMPO y lo describió.

Tour de Francia

El galés lleva con orgullo en los hombros la bandera de su país en lo más alto del podio del de la carrera francesa, que ganó a los 32 años.

Foto:

AFP

30 de julio 2018 , 07:47 p.m.

Salían chispas del velódromo Palma Arena de Mallorca (España) cuando el galés Geraint Thomas emprendía marcha con el poderoso equipo británico que competía en la persecución por equipos del 2007. Él comenzaba a dar pedalazos de gloria, a los que les aplicaba una potencia extrema para poder ser campeón. A nadie se le cruzaba por la cabeza que ese potente pistero de 21 años podría cambiarse a la pista para ganar un Tour de Francia.

Fue en la pista en la que Thomas, excompañero del futbolista del Real Madrid Gareth Bale en el Whitchurch High School de Cardiff, amante del rugby y la cerveza, hacía sus primeros pinitos antes de dar un drástico giro a su manubrio para meterse en el exigente mundo de la ruta. Fue campeón mundial de persecución por equipos en el 2007, el 2008 y el 2012. Además, se dio un baño dorado en la misma prueba en los Juegos Olímpicos de 2008 y de 2012.

Thomas es Miembro de la Orden del Imperio Británico por sus méritos deportivos. Luego de sus grandes éxitos en los velódromos, pronto empezó a destacar en la ruta, ya que en 2004 ganó la París-Roubaix júnior, por delante de su futuro compañero de equipo Ian Stannard.

Fue cuando desembocó en el 2007 en las filas del Barloworld, una escuadra en la que afianzó su gran amistad con Chris Froome y compartió, entre otros ciclistas, con el colombiano Mauricio Soler. Allí fue visto como un corredor potente, que podía dar réditos en un futuro. Esas posibilidades las confirmó este fin de semana cuando, a sus 32 años, ganó su primer título en una gran vuelta, nada más ni nada menos que en el Tour de Francia.

Geraint Thomas y Chris Froome

Thomas (de amarillo) cruza la última meta del Tour junto a su compañero Froome.

Foto:

EFE / EPA / CHRISTOPHE PETIT TESSON

“Thomas era un pistero potente que marchaba muy fuerte al cronómetro, casi que más fuerte que el mismo Froome. “Nos dimos cuenta de que llegó al ciclismo sin ningún problema, sin ningún esfuerzo adicional y mostrando que podía rendir. Cuando dejó la pista para pasar a la ruta con todas sus diferencias, lo fuimos llevando poco a poco. Sin embargo, él no marchaba bien en la subida, porque no era un escalador. En cambio, sí era muy potente”, le dijo a EL TIEMPO el exciclista italiano Valerio Tebaldi, su entrenador en Barloworld, equipo que lo consolidó y le dio un nombre en la ruta.

‘G’, como le dicen de cariño todos sus amigos, era un ciclista de mucho peso, de ahí la potencia y la cadencia que levantaba en la pista. Sin embargo, esto hizo que no muchos equipos se fijaran en principio en él y que tuviera que estar trabajando en nivelar su peso. “Era joven, no demasiado serio, y, como buen galés, me gustaba beber cerveza. Luego tuve que hacer mucho esfuerzo para adelgazar”, dice Thomas.

Pero su exceso de peso nunca lo detuvo en poder alcanzar sus objetivos. Lo importante es que tenía clase para montar en bicicleta. “Cuando estaba con nosotros pesaba 7 u 8 kilos más, pero cuando pasó al Sky se adelgazó bastante. Comía normal y no dañaba su alimentación. Eso sí, le decía que si corría 30 kilómetros, solo podía comer en proporción a eso. Pero, por ejemplo, hacía con Froome 100 km y luego iban a comer una sopa de gallina”, añadió Tebaldi.

Thomas era un pistero potente que marchaba muy fuerte al cronómetro, casi que más fuerte que el mismo Froome

Serio y con ambición

“Recuerdo mucho cuando, en su primer Tour de Francia, en una subida a los Pirineos, se cayó antes de la montaña. Nos quedamos a atenderlo un comisario y yo. Le dije que estaba muy difícil y era mejor que se fuera a casa, pero él me dijo que estuviera tranquilo, que rodaba a su paso; que tranquilo, que llegaba dentro del tiempo límite.

No entendía cómo podía continuar con ese golpe tan fuerte. Cuando llegamos le dije a Claudio Corti (su ayudante técnico): ‘Este muchacho tiene cojones’. "Yo he hecho Tour de Francia y sé qué es caerse y estar solo pedaleando; es muy difícil. Obviamente, no pensaba que él pudiera ganar el Tour, pero cuando uno hace ese tipo de cosas es porque es un campeón”, comentó sobre Thomas, que en ese Tour terminó de penúltimo.

Como buen galés, Thomas es un tipo serio, parco. Solo refleja un sentimiento con una tímida sonrisa. De resto, es poco lo que se lo ve hablar. Siempre es muy serio, pero eso no quiere decir que no tenga una gran mentalidad.


Es una persona muy humilde, muy callada, nunca levanta la voz. Siempre es muy receptivo. Es un corredor que cualquier equipo quisiera tenerlo. Serio, profesional. Era el ciclista que menos nos daba problemas. Siempre uno le decía: ‘G’, ¿cómo va eso?, ¿cómo está eso?’, y él respondía: ‘No hay problema, no hay problema’. Si la bicicleta estaba rota o había un problema mecánico, nunca le veía problemas a las cosas, y uno quedaba sorprendido. Si la comida era caliente o fría, si el colchón no era el mejor, no ponía problemas. Era una persona muy serena”, dijo, a la vez que comentó que su mejor trabajo con él fue que “nunca le hice presión y cada vez que podía mejorar algo, él avanzaba. Tenía valores muy buenos, de fuerza e inteligencia. Le daba moral, pensaba mucho en qué carreras eran buenas para él, y lo llevaba. Es un corredor muy mentalizado”.

Nicolas Portal, su director deportivo en el Sky, señala que puede parecer frío, orgulloso o tímido, pero eso es no conocerlo bien. “Simplemente posee una cualidad para aislarse y aplicar una rutina controlada y organizada para permanecer concentrado en su objetivo, no se distrae fuera de lo que quiere”, señala Portal.

Si la bicicleta estaba rota o había un problema mecánico, si la comida era caliente o fría, si el colchón no era el mejor, nunca le veía problemas a las cosas, y uno quedaba sorprendido

Amigos siempre

Desde temprana edad, Thomas y Froome comenzaron a compartir. Más allá del ciclismo, eran amigos. El destino dictó que el galés iba a ser gregario del británico. Fue su gran escudero en el Sky. Con su ayuda, Froome ha ganado cuatro títulos del Tour de Francia. Este año se intercambiaron los papeles, pero, sin importar que uno es un múltiple campeón y el otro, su mano derecha, trabajaron juntos para conseguir el mismo objetivo.

“Conozco a Geraint desde hace diez años, y vivimos muy cerca y entrenamos juntos. Ha participado en mis victorias, y es evidente que si estaba en el podio, iba a estar muy contento”, dijo Froome.

El británico destacó que las situaciones de tensiones que han vivido en carrera con el público les sirvieron para “unirnos y hacernos más fuertes”. “Sabemos que cuando luchas contra el resto para ganar es importante estar unidos, y ha sido increíble cómo lo ha hecho el equipo, aunque con la bicicleta ha sido más difícil que otros años”, comentó.

Conozco a Geraint desde hace diez años, y vivimos muy cerca y entrenamos juntos. Ha participado en mis victorias, y es evidente que si estaba en el podio, iba a estar muy contento


En este Tour se llegó a especular que Thomas debería bajar la marcha para dejar ganar a Froome, como lo hizo Rubens Barrichello con Michael Schumacher en la Fórmula 1, cuando corrían en Ferrari. Además, que este tipo de situaciones incomodarían a un campeón como Froome por todo su palmarés, pero finalmente, por el trabajo en equipo y la hermandad, eso no se vio en el Sky.

Thomas es muy amigo de Froome y cuando ha tenido la camiseta de líder he pensado que Froome lo podía ayudar a ganar el Tour. Es importante tener ese tipo de compañeros”, añadió Tebaldi.

Dada la trayectoria de Thomas, jamás se llegó a pensar que podría estar portando la camiseta amarilla de líder al final de 21 etapas de un Tour. En su palmarés apenas aparecían los títulos de la París-Niza (2016), el Dauphiné (2018), la Vuelta a Baviera (2011 y 2014), la Vuelta al Algarve (2015 y 2016) y la Vuelta a los Alpes (2017), pero su ambición no podía dejar que se permitiera parar ahí.

“Nunca nos dijo que iba a ganar el Tour, pero en su ojo siempre noté esa gana de seguridad, más que Froome. Sabía lo que estaba haciendo, sabía a dónde llegar. Barloworld fue solo un pasaje. Es muy fácil decir ahora que sabía que lo iba a ganar, pero es un corredor que hay que saber llevarlo”, concluyó Tebaldi.

En Gales celebran con cerveza el triunfo de su campeón, y el ciclismo festeja que haya más corredores que puedan ganar grandes vueltas, corredores que den espectáculo y sean sencillos.

FELIPE VILLAMIZAR M.
Redactor de EL TIEMPO
@FelipeVilla4

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