Mariana, una diosa de oro a la que le gusta volar muy alto

Mariana, una diosa de oro a la que le gusta volar muy alto

La mejor atleta olímpica en la historia del país, es una mujer de carácter fuerte y metas claras.

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La bicampeona olímpica ama los animales, no va a muchas fiestas y colecciona pulseras.

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20 de agosto 2016 , 12:26 p.m.

La pista de bicicrós estaba lista. Las competencias del BMX abrían para Colombia su participación en los Juegos Panamericanos del 2007 y en el seleccionado nacional había una joven de 16 años que era la sensación y que llegaba en busca de un metal dorado, el primero de los que se podía conseguir.

La frustración se apoderó de la delegación, porque luego del congresillo técnico se le impidió a Mariana Pajón Londoño tomar parte en dicha carrera, su corta edad fue el gran inconveniente. En el box colombiano quedó el uniforme colgado, su bicicleta no la usó ni para entrenar y le tocó subirse a la tribuna a ‘disfrutar’ de las competencias. Lloró, le parecía increíble que hubiese tomado un avión para Brasil y se quedara con las ganas de ganar, con el deseo de subir al podio y demostrar que en ese momento el país pulía un diamante en bruto.

Tuvieron que pasar 9 años para que ella volviera a Río de Janeiro, ahora mucho más madura, con las mismas ganas de llevarse la victoria, con el deseo de subirse al podio y con la misma calidad humana que siempre ha demostrado para no solo ser la reina en la pista, sino en el corazón de los colombianos.

“Eh, no me acordaba de eso. Sí, no fue un momento agradable”, dijo la hija de Miguel Pajón y Claudia Londoño, la hermana de Miguel y Daniel, cuando caía la noche y salía cansada de uno de los días más felices de su vida, luego de haber conseguido el segundo oro de su carrera deportiva en los Juegos Olímpicos, el tercero para Colombia, en una actuación histórica.

Nació en Medellín el 9 de octubre de 1991, en un hogar donde el deporte era una religión, porque su papá era kartista y practicaba el bicicrós y su mamá en algunas oportunidades fue equitadora. Su hermano mayor, Miguel, también estuvo en el BMX, pero ella miró primero a la gimnasia, deporte que practicó por un tiempo, pero pronto le gustó la bicicleta, porque viajaba con su familia a las carreras nacionales.

Uno de los mayores sustos de su vida ocurrió cuando con su familia iba a competir a Melgar (Tolima), y en San Luis (Antioquia) la guerrilla hizo un retén, paró el bus en el que viajaban deportistas y familiares y Mariana vio cómo la gente se bajada de sus carros y emprendían camino hacia el monte guiados por los guerrilleros.

“Eso nos pasó en la época de las ‘pescas milagrosas’. Eso impidió que varias veces fuéramos a competir”, recordó Miguel.

A los seis años tomó una decisión importante en su vida: la bicicleta le ganó la pelea a la viga y a las barras asimétricas de la gimnasia. Terminó la primaria en el colegio La Enseñanza y cuando acabó el quinto año viajó a Estados Unidos en busca de aprender inglés y allí perteneció al equipo Dans Competition.

Cumplida su meta, seis meses después regresó al país y terminó el bachillerato en el colegio Monte Mayor Sagrado Corazón, pero ya el BMX era su vida.

Muchos han sido los sacrificios que ha tenido que hacer por ser deportista de alto rendimiento, no es amiga de las fiestas, tanto, que sus 15 años fue una reunión privada en un sitio el estilo Oeste en Medellín.

La dura lucha en los ciclos olímpicos no ha sido fácil. Por su categoría, por ser la mejor de Suramérica y una de las mejores del mundo, Mariana ha pasado tragos amargos en las carreras. En sus primeros Juegos Bolivarianos, en el Eje Cafetero en el 2005, solo compitió en una prueba y la ganó. Le pudo dar más victorias a la delegación, pero en esa pelea de oros entre Colombia y Venezuela, el delegado ‘patriota’ se opuso para que lo hiciera porque era muy pequeña.

Ese carácter fuerte, el no tenerle miedo a nada, el afrontar de frente los retos y salir adelante lo aprendió desde niña, cuando le tocaba correr con los hombres, porque no había suficientes mujeres para abrir la rama femenina.

El BMX no es un deporte fácil, exige mucha concentración, preparación y técnica y en el que las caídas son normales, por eso es que Mariana Pajón ha tenido un sinnúmero de accidentes, no igualan la cantidad de trofeos y títulos que ha ganado, pero las heridas en su cuerpo le hacen recordar que muchas veces se ha ido al suelo. Se ha fracturado la clavícula, el omoplato, el tobillo derecho, el cúbito, el radio en varias ocasiones, en una de sus manos tiene 9 tornillos y dos platinas y tiene fisuras en las dos rótulas.

En los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, cuando logró el oro, compitió con un hematoma en uno de sus riñones, luego de una dura caída.

La hoja de vida de Pajón es larga, pero en ella se destacan los ocho títulos mundiales de la Unión Ciclista Internacional. Además, se ha colgado medallas de oro en los Juegos Bolivarianos 2004 y 2009, Juegos Suramericanos 2010 y 2014, Centroamericanos y del Caribe 2014 y en los Panamericanos de 2011 y 2015.

Dice ser una mujer normal, que a pesar de practicar un deporte rudo como el BMX tiene tiempo para maquillarse. Colecciona pulseras y nunca falta el perfume en su cuerpo antes de salir a los entrenamientos. “Soy una persona normal en la calle, pero en la competencia soy una fiera”, afirmó alguna vez.

Es inquieta, la líder de la Selección Colombia, la persona que le pone ambiente al grupo, pero al mismo tiempo es la más consagrada, la más disciplinada y la más exigente.

“Es la más, como le decimos, la del carácter, la que se pone seria cuando las cosas no andan y la que le sube el ánimo al grupo”, recuerda su DT, Germán Medina.

Le gusta innovar y tiene sus ‘cábalas’. Cuando ganó el oro en Londres se pintó las uñas de las manos de color dorado, se mandó a tatuar los cinco anillos olímpicos en la parte interior de su muñeca derecha, ese día corrió con una media de color negro y otro violeta y utilizó un guante negro en la mano izquierda y uno blanco en la derecha.

El viernes pasado no fue la excepción: otra vez utilizó dos calcetines de distinto color, otra vez se pintó las uñas de dorado y lució aretes de alas que le regaló Claudia al llegar a Río. “Es para que vuele”, le dijo su mamá.

El casco que utilizó en Río de Janeiro fue especial, porque ella tuvo la iniciativa de decirles a los compañeros de la selección que se lo ayudaran a diseñar. Varios fueron los machotes que se montaron y en una votación el grupo decidió cuál utilizaría en Brasil.

Siempre lleva el número 100, porque ese es el porcentaje de su rendimiento, el que siempre quiere dar. En el Mundial del 2013, en Holanda, Sarah Walker la bautizó como la ‘Hormiga Atómica’, porque es pequeña, veloz y fuerte.

Daniel, su hermano, la ha visto llorar varias veces, pero advierte que lo que más fuerte la pone para salir en como un bólido en la pista es la reunión con la familia.

“Casi siempre en estas competencias importantes nos reunimos con ella. Hablamos de todo, de temas familiares y le deseamos suerte. Eso lo hicimos el jueves pasado, un día antes de la carrera en Río de Janeiro, fue un éxito, porque ella como que toma un segundo aire y se tranquiliza”, señaló Daniel, quien también la acompañó en el título olímpico de Londres 2012.

Tiene un carisma increíble, ama los animales, lucha porque los niños no pasen necesidades. Cuando regresó de Inglaterra con la medalla de oro creó la fundación Pedaleando por un Sueño, en la que apoya a los niños que quieren imitarla, que ven en Mariana a uno de los íconos del deporte nacional.

Todo comenzó con una campaña para regalar bicicletas de BMX a familias de bajos recursos en diciembre del 2012, meses después de haber logrado su primer título olímpico. “No puedo dejar de pensar que un niño no tenga una bicicleta, por eso creamos la fundación”, señaló.

Nunca niega una foto, siempre está dispuesta firmar un autógrafo. Así sus condiciones físicas no sean las mejores, Mariana Pajón hace el esfuerzo porque su imagen siempre sea la de un deportista ejemplar.

El viernes pasado no le importó el cansancio, las piernas ya no le daban más, quería irse a la villa a cambiarse y salir con su familia a celebrar la medalla de oro que logró en los Olímpicos, pero pudieron más las ganas de estar con la gente que la apoyó, con el público que desde la tribuna gritó su nombre durante esos 34 segundos que duró la final de series del BMX, luego de la cual se convirtió en la deportista colombiana más importante en la historia de los Juegos Olímpicos.

Así ella no lo considere así, esa es la realidad, y eso que hace 9 años, acá, en Río de Janeiro, le cortaron las alas, las mismas que se tatuó en la parte izquierda de su tronco y que mostró con orgullo cuando se colgó la medalla de oro: “Es que me gusta volar alto”, dijo.

LISANDRO RENGIFO
Enviado especial de EL TIEMPO
Río de Janeiro
En Twitter: @LisandroAbel

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