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Bradley Wiggins recorrió un camino de espinas

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Wiggins

Bradley Wiggins brilló en la pista y está cerca de ganar el Tour de Francia.

Sería este domingo el primer británico que gana el Tour de Francia. Antes, superó muchos problemas.

Nunca un ciclista británico ha logrado imponerse en la carrera más importante del mundo, el Tour de Francia. De hecho, no son muchos los que han puesto esa bandera en alto: un título de montaña de Robert Millar en 1984 y poco más.

Por eso, el logro que Bradley Wiggins tiene a 120 kilómetros de distancia, lo que falta por recorrer en la edición 99 de la carrera, será histórico. Sin embargo, los 32 años de vida de Wiggins han sido mucho más duros que los 3.377 kilómetros que ya tiene en las piernas.

Aunque tiene la nacionalidad británica, no nació allí: vio la luz en Gante (Bélgica) el 28 de abril de 1980. Su llegada a suelo inglés fue dramática. Su padre, Garry, un australiano que también fue ciclista, era adicto a las drogas y al alcohol.

Por esta causa, tenía un temperamento difícil y terminaba metido en peleas. Un día quiso agredir a su esposa, Linda, por lo que ella y el pequeño Bradley huyeron a Inglaterra en la navidad de 1982.

Garry empacó las pertenencias de ambos, viajó a Inglaterra y las dejó en la puerta de la casa de sus suegros: ya había conseguido a otra mujer. Con su abuelo como gran amigo, Bradley se aficionó a los deportes.

Pasaba horas hablando del futbolista Gary Lineker, pero fue la medalla de oro de Chris Boardman en la persecución individual en Barcelona-92 la que lo hizo montarse en una bicicleta y tratar de emularlo.

Pasaba horas rodando por el Hyde Park de Londres. De alguna manera, sus primeros logros en competencias locales trascendieron de continente a continente, a tal punto que en 1997, cuando tenía 14 años, recibió una llamada desde Australia: era su padre, quien quería recuperar el contacto.

Desde entonces, tuvieron una relación cordial, pero fría, y en el 2000, año en el que Bradley logró su primera medalla olímpica (bronce en persecución por equipos), se encontró en Sídney con él.

El alcohol seguía dominándolo. En el 2008, su padre murió a causa de las heridas que sufrió en dos peleas. Entre sus cosas, encontraron un álbum de recortes con todas las victorias de Bradley.

Se convirtió poco a poco en el rey de la persecución individual, pero en la ruta, los resultados no eran los mismos. Eso lo afectó emocionalmente, porque no veía reflejados esos éxitos en sus ingresos: sus festejos tras las medallas olímpicas eran larguísimos y comenzó a beber.

Su matrimonio con Cath, una exciclista, y el nacimiento de su hijo, le sirvieron para encarrilarse. Un año antes, su cuarto lugar en el Tour sorprendió a muchos y algunos echaron a rodar versiones de un supuesto dopaje. El mismo Wiggins, sorprendido por la revelación que le hizo un colega, pidió a su equipo hacer públicos los resultados de los exámenes de los últimos dos años.

Lo de ahora ya no es sorpresa: está a 120 kilómetros de hacer historia.  

José Orlando Ascencio Subeditor de Deportes

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