Cerrar

  • Movistar
  • Grupo Planeta

Publicidad

ElTIEMPO.COM

Pekin2008

Patrocinado por:

Haga de eltiempo.com su página de inicio

Jackeline Rentería escribió para EL TIEMPO acerca de su hazaña en Pekín

Rentería (der.) se mostró muy alegre en el podio olímpico de Pekín.

Foto: AP

Rentería (der.) se mostró muy alegre en el podio olímpico de Pekín.

La luchadora colombiana se alzó con el bronce en la categoría de los 55 kilogramos.

  • "Ganar un combate en tan poco tiempo es algo emocionante": Jackeline Rentería (II)
  • "Es un orgullo darle una medalla más al país": Jackeline Rentería (III)
  • "Se me vinieron a la cabeza todas las dificultades que he pasado": Jackeline Rentería (IV)
  • "Valieron la pena todos los sacrificios": Jackeline Rentería (V)
  • Presidente del Comité Olímpico Colombiano afirma que Rentería es una esperanza para Londres 2012

Han pasado apenas unas dos horas desde que gané la medalla de bronce en estos Juegos Olímpicos y estoy muy alegre y tratando de esforzarme para tranquilizarme un poco y poder escribir este momento histórico para mí, para mi familia, para el país y para la lucha libre colombiana. 

No sé por dónde empezar. Estoy como cuando terminó el combate con la niña de Rumania (Ana Paval), con una sensación de felicidad tan grande que no sé bien qué hacer. Quisiera contar toda la alegría que tengo, pero, de verdad, no sé cómo decirlo en palabras. Esto es algo inmenso que le dedico a mi familia, que es lo que más quiero en este mundo. Esto es para Dios, para mi mamita (Delia Castillo), que me dio la vida; para mi papá (José Rentería), para mis hermanos, para mi sobrinita, para mi tío y para mi novio, que también es luchador (Julio César Muñoz). 

Mamá: estése tranquila que lo de la casa ya está. Espero dársela con la plata del premio para que tenga algo seguro, para que tenga tranquilidad en el futuro. Vea que todos esos meses lejos de ustedes, que ha sido lo más duro para mí, se han recompensado. 

Para mí fue grandísimo ver la bandera de Colombia subir en la premiación, cuando estaba en el podio. Es fantástico sentir que le ponen la medalla en el cuello y cuando dan el ramo de rosas... Es una alegría inmensa. Se siente la gloria. Sabía que tenía que sentir ese momento al máximo, sin saber exactamente qué pasaría; sabía que tenía que disfrutarlo ahí, con la medalla, porque esto lo tengo que recordar siempre, porque sé que es histórico y que se lo contaré en un futuro a los hijos que tenga. Ese es un momento único. Una no piensa en nada, solo siente.

Luego una se calma un poco y piensa en todo. Entonces, recordé todos los esfuerzos que hice, las bajadas de peso para estar en la categoría, la lesión de meniscos que tuve en la rodilla izquierda - en noviembre del año pasado-, la recuperación; me acordé de mi familia, de la gente que me apoyó, de los compañeros, de los directivos... A todos ellos lo único que tengo que decirles de corazón es, simplemente, gracias.

Del desconsuelo a la alegría

Me parece increíble que ahora esté contando esto y más después de haber perdido el combate de la semifinal con la niña de China (Xu Li). Reconozco que en ese momento me desanimé. Yo venía por el oro. No sé, no es fácil de explicar, porque a una se le pasan muchas cosas por la mente en ese momento. Primero, esa sensación de perder, que nunca es buena. Pensé en todo el sacrificio que había tenido que pasar para llegar hasta acá y perder. Yo quería el oro y, por eso, cuando la china me ganó quedé bajita de ánimo.

Esperamos a ver quién era la ganadora entre una niña de Kazajistán (Olga Smirnova) y otra de Rumania. Con una de ellas debía pelear por el bronce y, la verdad, a mi me daba igual con quién fuera, porque estaba triste.

Por fortuna, estaban conmigo mis compañeros, mis entrenadores, la presidenta de la Federación y entre todos me alentaron y me hicieron reaccionar. El presidente del Comité Olímpico, el doctor Botero (Andrés) también me alentó. "Vamos duro, vamos con todo por ese bronce; para eso hemos trabajado. Yo sé que vos sos muy fuerte", me dijo. Sí, tenía que ir a luchar por el bronce y tenía que hacerlo bien. 

Ganó la rumana. A ella ya la había vencido hace un mes, en España, y eso me dio un poco de confianza, mas no tranquilidad, pues es una excelente luchadora. Con mi entrenador (Víctor Capacho) planeamos la pelea, sabiendo que ella es muy rápida. Primordialmente definimos que tenía que cuidarme bastante de su ataque a mi tobillo izquierdo, pues ella ataca muy bien ahí. Lo demás era entrar a luchar, como siempre lo he hecho, como siempre lo he preparado. 

A última hora, en una instancia definitiva por una medalla olímpica no podíamos cambiar lo que se había preparado desde hacía tanto tiempo.
Yo no me imaginé que el combate se fuera a resolver tan rápido. Pensé que iba a durar los seis minutos (duración máxima de la lucha, divididos en períodos de dos minutos cada uno) y no en tan poquitico tiempo. 

En un momentito

Llegó la pelea. A los 25 segundos ella se puso en ventaja gracias a un buen gesto técnico. Yo había iniciado el movimiento, pero ella lo siguió. Quise hacer una especie de contraataque, pero ella fue hábil y me dio el toque, me hizo la plancha. Ya estaba abajo. Había que seguir, no había de otra. 

A los 32 segundos el juez paró el combate. En este deporte no se puede jalar el pelo, ni torcer los dedos y cosas así, y como ambas nos estábamos tocando mucho la cabeza, que tampoco está permitido, nos hizo ese llamado de atención.

A los 40 segundos empezó a definirse el combate. Agarré del brazo a la rumana, pero la posición era incómoda para mí y favorable para ella. Fue mucho trabajo el que tuve que hacer para sujetarla fuerte, acomodarle las piernas, agarrarle el brazo, hacer la plancha y ponerle los hombros en el colchón. 

Tenía que dejarla así por cinco segundos, con los hombros sobre el colchón, para ganarle. Cinco segundos para cualquiera no son nada, son apenas un momentico, pero ahí, con la medalla por delante, con la rumana luchando con tenacidad para zafarse, esos cinco segunditos son eternos. Apenas estábamos iniciando el combate y sabía que podía acabarlo ahí, terminarlo ya sin necesidad de irnos a los seis minutos. Hasta que el árbitro dijo: "¡Ya!". Se acabó. Gané. Lo hice apenas en un minuto y cuatro segundos. 

En ese momento una no piensa en nada, pues me atrapó la alegría. Yo quería como salir a abrazar a mi entrenador. Recuerdo que saludé al juez, a los jueces de la mesa y que brinqué sobre mi entrenador. Cuando me cargó, él me decía: "¡Lo logramos, lo logramos! ¡Eres grande, eres grande!". Estábamos muy contentos, tanto que me dieron ganas de llorar y lloré. 

Y ahora lo único que quiero es llegar a mi casa (en el barrio Siloé de Cali) a, descansar unos días y, luego, volver a entrenar duro, a trabajar duro para ir al Mundial de Japón y volver a subir al podio, pero a un lugar más alto.
Igual, ahí vamos... 


JACKELINE RENTERÍA
Para EL TIEMPO
 

Publicidad

Zona Comercial

¿Encontró un error?

Para eltiempo.com las observaciones sobre su contenido son importantes, permítanos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de la Casa Editorial El Tiempo (CEET). Por favor, incluya su nombre y correo electrónico para informarle del seguimiento que le hemos dado a su observación.

Los campos marcados con * son obligatorios.

*
*
*

COPYRIGHT © 2009 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.

GDA Miembro de GDA. Grupo de Diarios América

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.