La vallecaucana se impuso ante la rumana Ana Paval por llave fulminante en el primer asalto, lo cual le dio una puntuación final de 5-0. Esta es la segunda medalla para el país en estos Juegos.
Sólo un minuto y cuatro segundos le bastaron a la colombiana Jackeline Rentería para subirse al podio de los Juegos Olímpicos de Pekín.
La luchadora vallecaucana, de 22 años, sabía que estaba a un combate de quedarse con una de las dos medallas de bronce que otorgaba la categoría de los 55 kilogramos. Era una oportunidad única y no iba a dejarla escapar.
Rentería, con una trenza en su pelo y vestida con una trusa azul, entró al tendido con la firme convicción de hacer historia y así fue.
Cuando el juez kirguistano Kochkor Kulmatov dio el silbatazo para el inicio del combate, Jacqueline se lanzó como una fiera sobre su rival, la rumana Ana Paval, tomándola de los brazos en busca de un agarre que le permitiera ejecutar una llave y conseguir así su primer punto.
Sin embargo, transcurridos 25 segundos, la colombiana sucumbió ante su ímpetu y fue Paval quien sumó primero. Kulmatov paró el enfrentamiento para registrar la apertura del marcador por parte de la luchadora europea.
En la reanudación, con un 1-0 en contra, el cronómetro volvió a correr y a los 32 segundos fuertes agarres de parte de las dos deportistas obligo al kirguistano a detener, nuevamente, la disputa.
A pocos segundos de la gloria
La expectativa en las tribunas era total. Los deportistas y directivos de la delegación colombiana animaban a Jackeline, que esperaba la orden para reanudar su lucha.
El silbato volvió a sonar y, esta vez, fue Rentería quien, con propiedad, se abalanzó sobre la rumana.
Y fue gracias a esa convicción que, a los 40 segundos y después de buscar la mejor posición, Jackeline tomó el brazo derecho de su rival y con mucha fortaleza y técnica comenzó a doblegar la voluntad de la europea.
Paval no quería sentirse dominada. Sin embargo, Rentería aprovechó una nueva desconcentración y, con su mano izquierda, se apropió del único brazo libre de su contendora. La tomó por atrás y, con su exquisita técnica, se apropió de su voluntad.
Para ese momento, la rumana no tenía mayor control del combate y sobre los 59 segundos sintió cómo la vallecaucana la reducía en el tendido.
El juez Kulmatov comenzó a rodear a las dos luchadoras y en el instante en el que Paval tocó la alfombra con la espalda comenzó el conteo de los cinco segundos reglamentarios para dar por terminado el combate.
Jackeline tenía el control de la situación y en una espectacular plancha de control dejó sin movilidad a la europea.
Mientras Rentería se esforzaba al máximo por aguantar los cinco segundos, que en ese momento parecían una eternidad, Paval se retorcía como un pez fuera del agua intentando zafarse de su yugo.
La tribuna, eufórica, alentaba a Jackeline. Ella, por su parte, sólo esperaba el silbato de Kulmatov para celebrar.
Llegó la hora de celebrar
Fue así como al minuto y cuatro segundos una colombiana saltó de alegría en el Coliseo de Pekín.
El juez decretó el final del combate, que terminó 0-5 en total y le dio la victoria a la colombiana debido al dominio de su rival durante cinco segundos con la espalda en el tendido. Regla ésta que permite finalizar un combate sin importar el límite de tiempo.
Paval lucía desconcertada, mientras Rentería esbozó una sonrisa que combinó con brincos llenos de euforia por toda la sala.
La colombiana le agradeció a Paval, luego les dio la mano a los tres jueces y, de inmediato, corrió al borde del tendido y de un solo salto se refugió en los brazos de Víctor Camacho, uno de sus entrenadores.
"¡Ayyy, profe! ¡Qué alegría más grande ésta! ¡Gracias, muchas gracias!", le decía Rentería a Camacho sumergida entre la felicidad y el llanto propios de la ocasión.
Después de saludar a sus compañeros en la tribuna del Coliseo, Jackeline entró al camerino, se vistió con la sudadera tricolor y se dirigió hasta el podio: sitio de su consagración olímpica.
En su rostro, una sonrisa de satisfacción, mientras de la mano de los comisarios inició su desfile triunfal hacia el podio. Ese mismo lugar en el que la joven vallecaucana se colgó la medalla de bronce e hizo retumbar, por segunda vez en estos Juegos después de la presea de plata obtenida por el pesista Diego Salazar, el himno nacional de Colombia.
"Sentir que le pongan la medalla a uno es algo único. Es emocionante ver que suba la bandera del país de uno en el podio. Valió la pena el sacrificio", expresó a EL TIEMPO la nueva medallista.
Sobre el combate con la rumana, Rentería indicó que fue emocionante el hecho que éste haya durado poco tiempo y no se haya ido a seis minutos.
"En el momento de ganar no hay palabras, pero sí gestos para mostrar la alegría por saber que se le aportó una medalla más al país. Uno quiere abrazar al entrenador", agregó la luchadora, que contó que Camacho le dijo: "¡Qué grande!"
Por su parte, Andrés Botero, presidente del Comité Olímpico Colombiano, dijo: "Es una emoción muy grande, teníamos confianza en Rentería, con sus resultados en los Panamericanos de Río de Janeiro. Le hemos dado todo el apoyo este año. Es una medalla muy merecida".
Redacción de Deportes
jimmon@eltiempo.com.co
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